Francis Ford Coppola se pone nostálgico: "Si hay más películas de El Padrino, no las filmaré"

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Francis Ford Coppola (The New York Times)
Francis Ford Coppola (The New York Times)

En la escena final de “El Padrino, parte III”, Michael Corleone, el anciano protagonista de este épico drama criminal, queda abandonado y solo mientras contempla sus pecados, agobiado por la culpa de las acciones que han devastado a su familia y por saber que no puede cambiar lo que ha hecho.

Francis Ford Coppola, director y coguionista de la serie “El Padrino”, nunca ha abordado su trabajo de la misma manera. Esas tres películas ganaron, en conjunto, nueve premios Oscar, recaudaron más de 1100 millones de dólares, una cifra ajustada a la inflación, y ganaron un estatus exaltado en la conciencia popular. Sin embargo, en vez de considerarlas monumentos inmutables, Coppola las ha tratado como un cuadro inacabado que puede actualizar de manera libre.

Anteriormente ya ha restaurado y reordenado algunas partes de la historia del “padrino”, modificando su historia multigeneracional de corrupción, venganza y deber familiar, a medida que sus propias ideas sobre la narración de historias han evolucionado.

Ahora ha dirigido su atención a “El padrino, parte III”, la película de 1990 que adoptó un enfoque más meditativo sobre los Corleone. A diferencia de la aclamación casi universal de la que disfrutan las dos primeras películas, la “parte III” es recordada como la oveja negra de su familia, la que no está a la altura. Fue criticada por su tono lúgubre, su intrincada trama y por haberle dado un papel a su hija Sofía —ahora una célebre cineasta por derecho propio— como Mary, la hija condenada de Michael.

Este mes, esa película tendrá un nuevo estreno en el cine y en los hogares. Para esta ocasión, Coppola ha rebautizado el filme como “El padrino de Mario Puzo, epílogo: la muerte de Michael Corleone”. El nuevo nombre rinde homenaje a Puzo, su “padrino” coguionista y autor de la novela original, e incluye el título que originalmente pensaron para la película que se convirtió en la “parte III”. El director ha cambiado el principio y el final, y ha hecho alteraciones a lo largo de toda la película para excavar y aclarar la narración que siempre creyó que giraba en torno a la mortalidad y la redención.

La historia de esta película del “padrino” es tan arrolladora y dramática como los relatos tan contados que hay detrás de la creación de sus dos ilustres predecesores, llenos de conflicto, perseverancia y cambios decisivos de última hora. Es una leyenda que aparentemente terminó con un resultado fatalmente defectuoso, pero ahora tiene un nuevo capítulo no contado que podría mejorar la posición de la película final en una de las franquicias más influyentes de todos los tiempos.

La historia personal de Coppola es, por supuesto, inseparable de la historia de la película, y para el director hay más en juego que recuperar su película de la reputación empañada que sintió que nunca mereció. A los 81 años, todavía se esfuerza por demostrar su vitalidad como cineasta y reconectar con la energía rebelde que impregnó la realización de los dos primeros “padrinos”.

La “seducción” que lo llevó a revisar “El Padrino”

Coppola nunca tuvo la intención de filmar de filmar ni siquiera una secuela de “El padrino”, su exitosa adaptación de 1972 de la novela más vendida de Puzo. Sin embargo, dijo que había sido “seducido” por Paramount, el estudio responsable de las películas, que accedió a su exigencia de dar a la continuación el título de “El padrino, parte II”, algo inusual en ese entonces.

Paramount ya quería convertir el éxito original en una franquicia de varias películas, dijo Coppola. Al explicar la filosofía del estudio, dijo: “Ya hiciste Coca-Cola. ¿Por qué no hacer más Coca-Cola?”.

Cuando la “parte II”, estrenada en 1974, coincidió inesperadamente con la aclamación crítica y comercial de su predecesora, pocos colegas de Coppola creyeron que le interesaría arriesgar su suerte en una tercera entrega. “Siempre pensé que Francis había terminado con ese proyecto”, dijo Al Pacino. Él mismo estaba dispuesto a dejar atrás su papel de Michael Corleone. Como dijo en una entrevista reciente: “Me sentí un poco cansado de hacer ese tipo de cosas. Me consumía”.

Sin embargo, el estudio siguió desarrollando un tercer “padrino” y cortejó a Coppola, que había pasado a proyectos ambiciosos como “Apocalipsis ahora”. No obstante, en la década de 1980, sus costosos fracasos, como “Golpe al corazón” y “El club del algodón”, hicieron que Paramount le hiciera una oferta que no podría rechazar.

“Yo estaba en una posición mucho menos fuerte”, dijo Coppola. “Francamente, necesitaba el dinero, y estaba saliendo de un verdadero estancamiento financiero por el que había perdido casi todo”.

Otro incentivo para el regreso de Coppola fue volver a formar equipo con Puzo, su estimado colaborador guionista, y escribir el libreto de la “parte III”: una rama de la historia seguiría a un nuevo miembro de la familia, Vincent (interpretado por Andy García), un hijo ilegítimo del hermano de Michael, Sonny, mientras intentaba ganarse su lugar en el clan Corleone. Otra rama de la narrativa haría la crónica de los esfuerzos de Michael por comprar su camino hacia la legitimidad y la absolución.

Pacino estaba encantado con el guión, en el que la astucia perfeccionada de Michael se pondría a prueba debido a artimañas inesperadas dentro del Vaticano. “Encontró algo un poco más corrupto que su mundo criminal”, dijo el actor.

Aunque pasarían décadas antes de que Coppola llamara a la película “Epílogo”, ya veía el proyecto como eso. “Era nuestra intención hacer un resumen y una interpretación de las dos primeras películas, en vez de una tercera”, comentó.

1989, el inicio del rodaje de “El Padrino III”

En septiembre de 1989, el reparto y el equipo de la “parte III” se reunieron en el viñedo de Coppola en el Valle de Napa para ensayar y prepararse para el rodaje. La lista incluía a los pilares de “El padrino”, como el director de fotografía Gordon Willis y el diseñador de producción Dean Tavoularis.

Como Coppola había jugado con las edades de los personajes de Vincent y Mary —primero mayores, luego menores— había contemplado a varias actrices para interpretar a la querida hija de Michael: había probado a Madonna para el papel y también consideró a Julia Roberts antes de elegir a Winona Ryder. Se esperaba que Ryder llegara más tarde en el proceso, por lo que la hija de 18 años de Coppola, Sofía, la sustituyó en esa etapa preliminar.

La producción se trasladó a Italia, donde sucede la última mitad de la película, para llevar a cabo una experiencia que a algunos veteranos del reparto les pareció casi indescriptiblemente suntuosa.

“Para mí, esa fue mi favorita de la trilogía de ‘El padrino’, porque estaba feliz y realmente disfruté el papel que interpretaba”, dijo Diane Keaton, que fue Kay Corleone en las tres películas. “En ese momento, yo estaba con Al. Yo era como su... no sé cómo me llamarías... supongo que era su novia. Fue una experiencia increíble estar allí y participar en el proyecto”.

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Coppola trabajaba con un horario agotador dictado por Paramount, que quería que la película estuviese lista para la Navidad de 1990, pero los actores descubrieron que se trataba de un director meticuloso y comunicativo.

“Cuando hacías una escena con él, no solo decía: ‘Muy bien. Todo el mundo, vamos a ensayar y listo’”, recordó García. “Se toma su tiempo para montar el mundo y las razones por las que existe determinada escena y los objetivos de por qué estamos ahí”.

Los cambios en el guión también eran comunes. Citando un aforismo que había escuchado de Tavoularis, García dijo: “Con Francis, el guión es como un periódico: se publica todos los días”.

No obstante, en Italia, la película se enfrentó a una grave crisis. Ryder, que acababa de terminar el rodaje de “Sirenas” en Boston, se enfermó cuando llegó a Roma y se retiró del filme. En ese entonces se reportó que actrices como Annabella Sciorra y Laura San Giacomo fueron sugeridas como posibles sustitutas; actualmente, Coppola simplemente explica que “Paramount tenía una lista de muchas buenas actrices que eran mayores de lo que yo creía que el personaje debía ser”.

“Quería una adolescente”, añadió. “Quería que aún tuviera grasa de bebé en la cara”.

En cambio, el director vio su solución en Sofía, que visitó el plató durante un descanso de su primer año de la universidad. Había aparecido en varias de las películas anteriores de su padre, incluyendo “La ley de la calle” y “Peggy Sue se casó”, y conocía sus ritmos y códigos.

Sofía Coppola dijo que su decisión de aceptar el papel fue directa y orgánica, como una suerte de acto de buena voluntad hacia su padre.

Sin embargo, en medio del torbellino que la arrastró y la dejó caer frente a las cámaras de su padre, Sofía Coppola dijo que nunca consideró las ramificaciones que su decisión podría tener. “No me tomaba las cosas en serio”, comentó. “Estaba en la edad de intentar cualquier cosa. Decidí participar sin pensarlo mucho”.

Las críticas que destrozaron la película de Coppola

”El Padrino, Parte III” se estrenó como estaba previsto el 25 de diciembre de 1990. Las reacciones críticas fueron tan extravagantes como el bombo que la rodeaba, y algunas críticas fueron brillantes: The New York Times la llamó “una válida y profundamente conmovedora continuación de la saga de la familia Corleone” que ofreció a Coppola “la oportunidad de recuperar el lustre perdido de su carrera”. Muchas otras críticas no solo fueron negativas, sino también mordaces: The Washington Post dijo que la película “no solo es una decepción; es un fracaso de proporciones desgarradoras”, y añadió que “mancilla el esplendor de sus predecesoras”.

Las críticas se concentraron en la interpretación de Sofía Coppola en el papel de Mary, que muere en un atentado contra Michael. El Post la calificó de “irremediablemente amateur”, y la revista Time escribió que su “falta de gracia casi arruina la película”. Gene Siskel dijo en una crítica de televisión que la actriz había “intentado un nivel de actuación que no podía cumplir”.

Para Sofía Coppola, el latigazo cultural era desconcertante; le habían pedido que participara en sesiones fotográficas glamurosas para revistas como Entertainment Weekly, solo para encontrarse en sus portadas rodeada de titulares como “¿Es estupenda o tan terrible que destrozó la nueva epopeya de su padre?”.

En retrospectiva, dijo sobre su calvario: “Fue vergonzoso ser lanzada al público de esa manera. Pero no era mi sueño ser actriz, así que no quedé destrozada. Tenía otros intereses. Eso no me destruyó”.

La “Parte III” recaudó más de 136 millones de dólares en todo el mundo y fue nominada a siete premios Oscar, pero no ganó ninguno. A Francis Ford Coppola, ya dolido por las críticas negativas, le dolió aún más lo que consideró los esfuerzos para convertir a Sofía en el chivo expiatorio de sus defectos y se culpó a sí mismo por ponerla en esa posición.

“Querían atacar la película porque, para algunos, no cumplía su promesa”, dijo. “Y fueron tras una chica de 18 años que solo lo había hecho por mí”. La historia que acababa de contar en la película proporcionaba una metáfora irresistible. “La hija recibió la bala de Michael Corleone; mi hija recibió la bala dirigida a mí”, dijo.

La humildad que llegó de golpe a Coppola

Pasaron décadas, durante las cuales Coppola continuó trabajando en sus películas pasadas, incluyendo las dos primeras películas de “El padrino”, “Apocalipsis ahora” y “El club del algodón”. También se deshizo de parte de su orgullo y se convirtió en una persona más humilde. A pesar de que su nombre evoca la imagen de una bestia fornida, barbuda y a veces con el pecho desnudo que trabaja con una cámara en una selva del sudeste asiático, ahora él y su barba son más delgados, y su actitud es más deferente.

Es consciente de la reputación accidentada de “El padrino, parte III” y de que ninguna cantidad de cambios podría ser suficiente para redimirla ante los ojos de algunos espectadores. Como me dijo en una videoentrevista desde su finca en Napa: “Cuando una película se hace por primera vez y está a punto de ser estrenada, sabes que, cualquiera que sea la reacción, la definirá para siempre”.

Había cosas de la película que también le molestaban, empezando por el título de la “parte III”, que se vio obligado a aceptar. “Era el hilo que colgaba del calcetín lo que me molestaba, así que eso me llevó a tirar del hilo”, dijo.

Se dio cuenta de que la secuencia inicial de la película, que mezcla imágenes de la casa de los Corleone en Lake Tahoe que se ve en la “parte II” con una triste narración de Michael, hacía “difícil comprender de qué trataba la historia”. Como me lo dijo: “El público comienza a ver una película con una cierta cantidad de recursos. Están dispuestos a seguirte, pero hay un límite”.

“El padrino, epílogo” ahora comienza con una escena que ocurría más tarde en la “parte III”, cuando Michael está negociando un acuerdo multimillonario, que involucra al Banco del Vaticano y a una compañía de bienes raíces, con el desesperado arzobispo Gilday (Donal Donnelly). El objetivo de este cambio, dijo Coppola, era en parte hacer un paralelismo más estrecho con la apertura del “padrino” original, cuando Vito Corleone (Marlon Brando) escucha los furiosos alegatos del agraviado empresario de una funeraria.

Empezar de esta manera establece inmediatamente lo que está en juego en la película, explicó Coppola: “Te lo expone directamente: ¿De qué se trata? Los Corleone han alcanzado tal nivel de éxito y riqueza que pueden prestarle dinero al Vaticano”.

El “epílogo” tiene otros recortes en todo el filme —se ve menos, por ejemplo, a Don Altobello, un personaje secundario interpretado por Eli Wallach— pero el otro cambio significativo llega en la conclusión (no leas lo siguiente si no quieres conocer la revelación).

Donde la “parte III” termina de manera célebre —algunos podrían decir que de manera infame— con el anciano Michael desplomándose de una silla y cayendo muerto al suelo, el “epílogo” lo muestra viejo y vivo mientras la escena se desvanece en negro y aparece una serie de cartas de título. En ellas se lee: “Cuando los sicilianos te desean ‘Cent’anni’... significa ‘que vivas una larga vida’... y un siciliano nunca olvida”.

A pesar de un nuevo título que promete lo contrario, Coppola explicó que Michael no muere en realidad. “De hecho, por sus pecados, tiene una muerte peor que la muerte”, dijo Coppola. “Puede que haya vivido muchos años después de esta terrible conclusión. Pero nunca olvidó lo que pagó por ello”.

Pacino dijo que disfrutó de sus preparativos para la muerte original de Michael, un enfoque que fue criticado como exagerado y cómico sin querer. “Fue divertido hacerlo”, dijo Pacino. “Pasé horas, días, semanas, pensando, ¿cómo voy a morir? Es fatalista. Me encanta morir. ¿A qué actor no le encanta?”.

Pero terminar la película como lo hace Coppola ahora, con Michael varado en un purgatorio creado por él mismo, me pareció una buena elección, dijo Pacino. “Dejarlo despierto, sin morir, esa es la tragedia de todo”, comentó.

Quizás su único pesar, dijo Pacino mientras su voz subía a un volumen exagerado, es que no puede volver a hacer la escena cuando por fin tenga la edad que Michael está destinado a tener: “¡Estoy listo para hacerlo ahora!”, exclamó. “¡Lo entiendo mejor! No necesito maquillaje!”.

Introduciendo una nota de ambigüedad, Coppola y sus actores son conscientes de las preguntas familiares a las que están expuestas: ¿podría haber más películas de “El padrino”? ¿Michael Corleone podría seguir siendo un factor en los futuros planes de alguien más?

“Eso parece ahora, ¿no?”, dijo Pacino bromeando. “Alguien va a venir a pedirle consejo”.

García se ha acostumbrado a decepcionar a los fans que esperan respuestas concretas a estas preguntas. “No pasa una semana sin que alguien venga y me diga: Oye, ¿cuándo filmarán ‘El padrino, parte IV’?”, dijo. “Yo les digo: ‘Te aviso cuando reciba la llamada’”.

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Pero dejando las bromas a un lado, es muy poco probable que estos actores sigan adelante sin la participación de Coppola, y él ha dejado claro que quiere hacer otras cosas.

El director dijo que hubo discusiones, hace muchos años, sobre una posible cuarta película —como él la imaginaba, habría continuado la historia de Vincent en la actualidad y vuelto a la historia de Vito y Sonny en los años 30— pero la muerte de Puzo en 1999 descartó esa posibilidad.

Eso no impide que Paramount haga secuelas, si así lo desea. “Puede que haya un ‘Padrino IV’ y un ‘V’ y un ‘VI’”, dijo Coppola. “No soy el dueño de ‘El padrino’” (Paramount señaló mediante una declaración: “Aunque no hay planes inminentes para filmar otra película de la saga de ‘El padrino’, dado el poder duradero de su legado, sigue habiendo una posibilidad si surge la historia adecuada”).

Para Francis Ford Coppola, el hecho de que probablemente haya puesto su sello final en la serie de películas que alteró su vida e influyó en la realización de filmes durante décadas no es una ocasión para la nostalgia o la celebración; es solo un recordatorio de que hay muchos más tipos de películas que todavía quiere hacer y géneros en los que quiere participar.

“Me gusta que la vida sea una experiencia de la que aprenda”, dijo. “Sentí una sensación de finalización después de la primera. Sentí que la primera película tenía toda la historia que vi en el libro. Me sentí satisfecho de que estuviera resumida”.

Si hay más películas del “padrino” por venir, dijo, “no las filmaré. Pero lo digo porque soy un hombre viejo”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

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