Género y sexo no son la misma cosa y cómo se ha confundido

¿Identidad de sexo o identidad de género?, de sexo, perdón de género, digo de sexo… ¿Es mujer o es hombre?, es mujer, digo hombre, bueno, ambos a la vez o todo lo contrario o ninguno de los anteriores. No, no, no, ahora mujer no, tampoco digas madre ni leche materna porque ofende a un colectivo que conforma el uno por ciento de la población y no se identifica con el sexo femenino. ¿Pero por qué basan sus derechos en aprobar leyes que imponen a las mujeres neologismos como personas menstruantes, personas gestantes, leche pectoral? ¿Qué pasa con los derechos de las mujeres a llamarse mujeres, madres y llamar a la lactancia materna por su nombre?, ¿Cómo es que en esas mismas leyes se está aprobando que los menores de edad que no se identifiquen con su sexo y quieran hacer la llamada transición con tratamientos transgresivos e irreversibles lo hagan sin contar con la aprobación de sus progenitores?, ¿Cómo es posible que un menor de edad pueda decidir tal cosa cuando para consumir alcohol, comprar tabaco y tramitar el carnet de conducir se les exige ser mayores de edad?

La verdad es que no me sorprende que cada vez más padres y madres me expresen su desconcierto y la enorme preocupación que les despierta esta ensalada que no logran entender ni saben de dónde ha venido ni a dónde irá a parar.

Para ordenar un poco el tan confuso escenario, antes que nada precisamos aclarar conceptos que se han mezclado y confundido creando tal situación rocambolesca. Género y sexo no son la misma cosa. El sexo es biológico y anatómico, alude a las características sexuales reproductivas del individuo de cada especie. Las hembras humanas somos del sexo femenino porque somos las únicas que producimos óvulos, las únicas capaces de gestar, parir y amamantar. Un hombre por más que se hormone o se mutile con cirugías no puede ser mujer porque nunca va a adquirir estas características anatómicas, biológicas y reproductivas.

El sexo no es algo que se asigna al nacer, el sexo se observa y se constata en las características genitales, anatómicas, biológicas, reproductivas de una persona.

Hay una excepción como en toda regla, y son las personas intersexuales o que nacen con rasgos genitales o anatómicos de ambos sexos. Según estudios sofisticados citados en el libro Nadie nace en un cuerpo equivocado, Éxito y miseria de la identidad de género, de Errasti y Pérez Álvarez, las características intersexuales no son fluidas como se ha querido hacer creer a través de los argumentos de la ideología queer, y representan el 0,0018 por ciento de la población (dos de cada diez mil nacidos) demostrándose con argumentos científicos y estadísticos que el sexo de la especie humana es en efecto binario (hombre o mujer).

El sexo no es algo que se asigna al nacer, el sexo se observa y se constata en las características genitales, anatómicas, biológicas, reproductivas de una persona/Getty Images.
El sexo no es algo que se asigna al nacer, el sexo se observa y se constata en las características genitales, anatómicas, biológicas, reproductivas de una persona/Getty Images.

El género en cambio es una construcción social que impone estereotipos sobre las mujeres o sobre los hombres y que llegan a integrarse psíquicamente. Ejemplo: conductas, gestos, formas de vestir, colores, profesiones, trabajos, cómo debe sentir o no una mujer o un hombre, qué se espera o no de una mujer o de un hombre. El género es la valoración social o cultural que se da a cada sexo. Los estereotipos de género de nuestra civilización en conjunto están basados sobre valores que reproducen inequidad y violencia.

Una mujer podría vestirse, gestualizar, tener intereses que se atribuyen a los hombres desde la valoración de género mayoritaria en nuestra civilización y por eso no dejará de ser mujer. Igual un hombre podría vestirse, gestualizar, comportarse, hablar, moverse o tener intereses, profesiones, que asigna la cultura al sexo femenino y nunca dejará de ser hombre. Un hombre puede sentirse atraído por personas de su mismo sexo o de ambos sexos y seguirá siendo hombre. Igual una mujer seguirá siendo mujer. Que se les discrimine por ello es consecuencia de los estereotipos de género, del conjunto de valores impuestos por la sociedad sobre lo que se espera del comportamiento sexual en hombres o en mujeres y son estos prejuicios dañinos los que pueden cambiarse, no el sexo.

Los estereotipos de género no son naturales, el sexo biológico sí. Los estereotipos de género no son inocentes, se establecen para favorecer determinadas ideologías y sus relaciones de poder (religión, política, economía).

Lo conflictivo para la persona sea hombre pero sobre todo si es mujer, en todo caso, tendría que ver con la construcción de género y hunde raíces en las valoraciones que se le imponen por ser hombre o mujer y que poco o nada tienen que ver con su sexo indefectiblemente binario.

Un niño que juega con muñecas o se maquilla y se viste de mujer no deja de ser del sexo masculino, solo está haciendo cosas que la cultura le asigna a las mujeres. Una niña que juega al fútbol y odia llevar vestidos o tacones no deja de ser mujer, solo prefiere hacer cosas o comportarse de maneras establecidas para los hombres por la cultura.

Un hombre que dice identificarse como mujer lo más probable es que se esté identificando con el marco de referencia de los estereotipos de género sexistas impuestos socialmente a las mujeres (usar tacones, maquillaje, ropa ajustada, agrandarse el busto), y no con el sexo biológico. Para maquillarse, vestirse, y usar tacones un hombre no necesita hormonarse ni operarse, de hecho hormonarse y mutilar sus genitales no lo convertirá en mujer.

La vulneración a los derechos humanos ocurre cuando a la persona se la rechaza, excluye, censura, maltrata, humilla, cuando no responde o para que responda a la imposición de los estereotipos de género. Por tanto, si algo puede y debe cambiarse son los estereotipos de género que provocan injusticia, inequidad y violencia.

Decía Ortega y Gasset que la realidad es la contra voluntad. La ciencia con sesgo ideológico no es ciencia. La ciencia se basa en evidencias no en un sentimiento subjetivo. El sexo biológico no cambia ni se altera por los estereotipos sexuales culturales. El sexo biológico ha sido y será siempre binario, es decir se nace mujer o se nace hombre y esto será así para el resto de la vida de una persona, se vista como se vista, adopte el modelo de comportamiento que la cultura asigna al propio sexo o al contrario, se hormone o se mutile los genitales o no.

a vulneración a los derechos humanos ocurre cuando a la persona se la rechaza, excluye, censura, maltrata, humilla, cuando no responde o para que responda a la imposición de los estereotipos de género/getty Images.
a vulneración a los derechos humanos ocurre cuando a la persona se la rechaza, excluye, censura, maltrata, humilla, cuando no responde o para que responda a la imposición de los estereotipos de género/Getty Images.

Vale decir que en ningún caso se trata de ir en contra de los derechos humanos de las personas sexodiversas (homosexuales, lesbianas, bisexuales, trans o intersexuales). Lo esencial es comprender la diferencia entre sexo y género. Lo “políticamente correcto” no debería primar sobre lo correcto científicamente. Mal podemos establecer ningún debate ni reivindicación educativa, social o legal de manera razonable y sensata cuando se parte de conceptos alterados por los delirios de un progresismo decadente que levanta banderas de una mal entendida justicia social a costa del borrado de las mujeres, de las madres, de la lactancia materna, del sustrato biológico, de la percepción coherente con la realidad sobre nuestra anatomía.

Un activismo radicalizado que ha llegado incluso a usar la identidad y el cuerpo de los menores de edad como campo de batalla para imponer una ideología sin fundamentos científicos capaces de demuestra que se puede nacer en un cuerpo equivocado y que parece responder a los intereses de un mercado de tratamientos hormonales y cirugías para la “transición sexual” con enormes réditos para quienes la comercian así como daños irreversibles para cada vez más personas que han manifestado su arrepentimiento después de haberse sometido a dichos tratamientos o cirugías desde una etapa madurativa tan vulnerable psíquica y físicamente como lo es la pubertad. Poco se habla o se publica sobre estos casos pero existen y cada día van en aumento así como el crecimiento importante de menores con disforia de género.

La persecución, censura y ataques violentos al puro estilo de inquisición medieval contra toda persona que se atreve a disentir y argumentar posturas discrepantes a las propuestas ideológicas, legales o educativas del generismo queer, lejos de favorecer, parece estar dinamitando el avance de los merecidos derechos hasta ahora conquistados por el colectivo LGBTQ+.

Lamentablemente los radicalismos del movimiento queer despiertan rechazos en otros colectivos que siempre han apoyado el activismo de la sexodiversidad, tales como los colectivos feministas que se han visto afectados con el borrado de las mujeres propuesto por las leyes trans. Se están cargando los logros hasta ahora conseguido con mucho esfuerzo a lo largo de años para sensibilizar a la población sobre el respeto a la sexodiversidad.

Después de grandes aportes por parte del activismo LGBTQ+ en el reconocimiento y el respeto de los derechos humanos para su colectivo, el movimiento queer de estos últimos tiempos parece estar destruyéndolos con posturas violentas y radicales que van desde acusar, perseguir y acosar de transfoba o trans exclusionista a cualquier persona que disienta de alguna de sus propuestas, hasta incluso llegar a amenazar con quemar una librería con 100 personas dentro, donde se presentaba el libro arriba citado.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no representan la posición o puntos de vista del equipo de redacción de Yahoo en Español ni de la compañía.

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