Los Goya siguen mostrando alergia al lado más comercial del cine español

Barbara Lennie en 'Los renglones torcidos de Dios', nominada a seis premios Goya (Foto: Quim Vives/Warner Bros)
Barbara Lennie en 'Los renglones torcidos de Dios', nominada a seis premios Goya (Foto: Quim Vives/Warner Bros)

Ha sido un gran año para el cine español, y los Goya se han hecho eco de ello en sus nominaciones. La ampliación a cinco candidatas en cada categoría ha permitido que prácticamente todos los títulos fuertes del 2022 hayan obtenido mención, incluyendo propuestas más alternativas y de género como podrían ser Cerdita o La piedad. Sin embargo, en lo que respecta a las categorías principales de película y dirección, me sigue chocando cómo la Academia de Cine sigue siendo algo reacia a premiar a ciertas películas. Concretamente, a las que tienen un enfoque más comercial que académico y que, por norma general, terminan limitadas a categorías técnicas.

Me pareció muy notorio en la pasada edición cuando Las leyes de la frontera, película que se convirtió en un fenómeno gracias a Netflix, fue la segunda gran triunfadora de los Goya tras El buen patrón. Este trabajo de Daniel Monzón, un thriller que remitió al cine quinqui de los 80 con una frenética historia de robos y atracos, hizo casi pleno llevándose cinco de los premios a los que optaba, pero en lo que respecta a las categorías de Mejor Película y Dirección ni siquiera fue nominada. Y no es porque le faltaran méritos, sino porque películas con un enfoque más social y académico, como bien puedo ser el caso de Mediterráneo, siempre son más tentadoras a ojos de la Academia.

Este año, tras haber visto las nominaciones, creo que ha vuelto a repetirse la misma situación. Y no hay más que ver el caso de películas como Los renglones torcidos de dios, la adaptación de la novela de Torcuato Luca de Tena firmada por Oriol Paulo que ahora mismo se erige como uno de los grandes éxitos del cine español de 2022.

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Por contextualizar, este thriller protagonizado por Barbara Lennie se ha convertido en una de las cintas españolas más admiradas por el público en cines, como bien demuestran los casi 6 millones de euros que lleva recaudados en taquilla o el gran mantenimiento que ha tenido semana a semana. Ahora mismo, se erige como el segundo título español más taquillero del año, y sola la supera Padre no hay más que uno 3 de Santiago Segura. Y no es para menos, porque como bien habrán podido comprobar aquellos que la han visto, vuelve a ser un festín de intrigas y giros de guion bajo el acabado tan espectacular que Oriol Paulo, responsable de títulos como Contratiempo, El Inocente o El cuerpo, siempre dota a sus trabajos.

Desde luego, los Goya no podían pasarla por alto, de ahí que haya destacado con seis nominaciones en las categorías de guion adaptado, actriz, música original, dirección artística, diseño de vestuario y maquillaje y peluquería. Sin embargo, ni rastro de ella en dirección y película, donde sí han entrado títulos sin apenas nominaciones en otras categorías como La maternal.

No es por desmerecer la película de Pilar Palomero, que es sobresaliente en todos los sentidos, pero a lo que voy es que, a la hora de determinar cuál es la mejor película española del año mediante este premio, siempre se tiende a poner el foco hacia cintas que se adscriben al terreno académico, incluso cuando se reconoce a través de otras categorías que puede haber títulos superiores por cuestiones técnicas, artísticas o de guion. Y es que parece que lo popular y comercial sigue asustando, y directores como Oriol Paulo, que ponen en foco en jugar con el espectador con thrillers altamente populares, siguen sin calar entre la Academia de Cine.

Creo que también se aplica bastante a todo el cine de género, como bien ha ejemplificado Cerdita en estas últimas nominaciones. La Academia ha demostrado que este primer largometraje de Carlota Pereda ha sido fruto de su devoción nominándolo a categorías como guion adaptado, actriz revelación, actriz de reparto, maquillaje y peluquería, diseño de producción y dirección novel. Sin embargo, ni rastro de ella en la categoría principal, donde un género como el terror solo ha conseguido colarse de la mano de cineastas como Alejandro Amenábar, Juan Antonio Bayona o Paco Plaza.

Por supuesto, hay excepciones, y no hay más que fenómenos de taquilla como Campeones no solo se llevaron el máximo galardón en la edición de 2018, sino que la Academia de Cine la eligió para representar a España en los Óscar ese año. Sin embargo, Campeones, además del beneplácito del público, también contaba con la ventaja de tener a Javier Fesser como director, cineasta muy admirado por los académicos españoles que ya se llevó el premio a la Mejor Película en 2008 con Camino y que ha amasado muchos otros galardones en categorías de cortometrajes, guion o película de animación. Y lo mismo se podría decir de directores como Bayona o Amenábar. Aunque, en verdad, Campeones no dejaba de ser un título con un fuerte componente social que, inevitablemente, también es carne académica.

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