Del grotesco a la fábula independiente: un recorrido por la historia del cine de terror, un género injustamente minimizado que busca revancha

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Del grotesco a la fábula independiente: un recorrido por la historia del cine de terror, un género injustamente minimizado que busca revancha
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Cuando se repasa la historia de los títulos nominados al Oscar a mejor película, se nota algo interesante: son muy pocos los films de terror que aspiraron a quedarse con el premio a lo largo de su historia. Recién en 1974 aparece en la lista El exorcista, la primera del género nominada en esa categoría. Con dirección de William Friedkin, esta pieza no solo fue la más taquillera de 1973, sino que además obtuvo críticas muy positivas, por lo que resultó ser la más nominada de esa ceremonia, pero aún con todo eso apenas pudo ganar dos “premios menores” (sonido y guion adaptado) para perder al final contra El golpe.

Los que creen que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood rechaza al cine de terror tienen argumentos de sobra porque, después de El exorcista, apenas 5 películas que podrían encuadrarse dentro de este género fueron nominadas: Tiburón, El silencio de los inocentes, Sexto sentido, El cisne negro y ¡Huye!. Solo la historia policial protagonizada por Anthony Hopkins es, hasta hoy, la única que ganó. ¿Por qué las instituciones de premios y la crítica suelen despreciar al género como uno “menor”? ¿Y por qué carga con ese estigma?

Lo que no se puede ver

Freaks
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Freaks

En 1932, antes de que el Código Hays modificara lo que se podían mostrar (y contar) en Hollywood, se estrenó una película sobre personas con distintas malformaciones que son la atracción principal circense para los espectadores. El film, que se llama Fenómenos, está lejos de presentar a esos personajes como monstruos de feria: el verdadero horror viene del desprecio, la manipulación y el maltrato que tienen contra ellos la trapecista y el hombre musculoso del circo, los únicos con “cuerpos hegemónicos” en la compañía ambulante . Los primeros testeos de audiencias fueron un desastre: Irving Thalberg (el productor apodado “niño maravilla” en MGM) quiso censurar todo lo que pudo la película antes del estreno; Louis B. Mayer, el mandamás del estudio, vio a los actores en el set y quedó tan espantando que hizo todo lo posible por cancelar la producción. Algunos espectadores incluso enviaron cartas a MGM por considerar inmoral, impensable y grotesco “mostrar a esas criaturas frente a la audiencia”. Aunque Tod Browning después dirigió Drácula, la versión con Bela Lugosi, su visión original de Fenómenos hoy se considera perdida para siempre.

El cine de terror en la década de 1930 resultó más fructífero para otro estudio: Universal que, además de esa adaptación de la novela de Bram Stoker, tuvo a Boris Karloff como el monstruo de Frankenstein, a Claude Rains como El hombre invisible y a Lon Chaney Jr. como El hombre lobo. Todos éxitos de taquilla.

Alegorías terroríficas y cine de explotación

En medio de una crisis que afecta la vida de los miembros de una comunidad, un político decide no hacer caso a la opinión de los expertos y reabre las actividades que afectan a la economía del lugar. No se trata de la vida en pandemia, sino de la historia de Tiburón. Un joven Steven Spielberg enfrentó una producción caótica , pero aprendió una gran lección que lo llevó al éxito masivo: cuando el tiburón mecánico no dejaba de hundirse se le ocurrió que mejor que mostrar el peligro era sugerirlo . La criatura apenas aparece en pantalla, pero el efecto de terror es mayor.

Aunque el mejor cine de terror no se queda solo en la forma, sino que evoca los miedos que sobreviven en el inconsciente social. La primera versión de La invasión de los usurpadores de cuerpo, en 1958, sirvió como una alegoría contra las listas negras del senador McCarthy, la paranoia de la Guerra Fría y la masa que busca neutralizar al individuo que osa diferenciarse del pensamiento colectivo.

El cine de John Carpenter también supo explotar las ansiedades culturales de su época, como lo hizo con El enigma de otro mundo. En la remake que protagoniza Kurt Russell (estrenada como La cosa), un grupo de científicos están atrapados en una base en la Antártida pero no se sabe quién puede tener un alien en el cuerpo. Cuando se estrenó la película, en 1982, fue un fracaso en la taquilla, no recibió buenas críticas ni nominaciones al Oscar, pero hoy se la considera una de las mejores exponentes del cine de terror. Parte del bajo interés que tuvieron los espectadores podría explicarse por la explotación que tuvo el género desde la década anterior con un montón de producciones de clase B que abusaron (mal) de recursos como los “jumpscares” (el famoso “sobresalto”) y el gore (los litros de sangre y la carnicería humana mostrada en pantalla), como si fuera el camino inverso de la sutileza de Spielberg: mostrar antes que sugerir.

Mujeres protagonistas

Pero uno de los aspectos más interesantes del cine de terror es notar la evolución de los personajes femeninos en el género . Ripley es la mujer que sobrevive en los pasillos con formas de órganos reproductivos diseñados por H.R. Giger en Alien. Mia Farrow es la joven que se muda a un edificio frente a Central Park con su pareja y sospecha que pudo haber sido víctima de un culto satánico para dejarla embarazada con el mismísimo diablo en El bebé de Rosemary (otra película de terror con una protagonista que refleja las obsesiones paranoicas de Roman Polanski es Repulsión, con Catherine Deneuve encerrada en un departamento). Julie Harris en La casa embrujada o Deborah Kerr en Los inocentes, dos clásicos de horror de la década de 1960, son acechadas por espectros en mansiones tenebrosas.

Se anunció una serie inspirada en los personajes de Alien, con Ridley Scott como productor ejecutivo
Se anunció una serie inspirada en los personajes de Alien, con Ridley Scott como productor ejecutivo


Alien, de Ridley Scott

Las protagonistas del género luego mutaron en adolescentes que escapan de los asesinos en los slashers que fueron furor en las décadas de 1970, 1980 y 1990: ya sea enfrentando a Freddy Krueger en Pesadilla en lo profundo de la noche, Michael Myers en Noche de brujas, Leatherface en La masacre de Texas, o a Ghostface en Scream. En Suspiria, el giallo de1977 de Darío Argento, una bailarina escapa de un grupo de brujas.

Los tiempos cambian: en los últimos años las películas de terror representaron de otra manera a las brujas y los cultos con grupos de mujeres desnudas haciendo rituales. Ejemplo máximo es la mirada sobre las brujas en Suspiria, la remake de 2018 a cargo de Luca Guadagnino. O la relación que tienen los personajes de Anya Taylor-Joy en La bruja, y Florence Pugh en Midsommar, con los cultos siniestros.

El nuevo cine de terror independiente

Ahora que los estudios de Hollywood se vuelcan a los superhéroes, las franquicias gigantes y las secuelas, algunos directores logran cierto reconocimiento con el cine de terror. Ari Aster (El legado del diablo, Midsommar), Robert Eggers (La bruja, El faro) y Jordan Peele (¡Huye!, Nosotros) son los tres últimos nombres de esta nueva tendencia que construye relatos de terror con escasos recursos pero con un nivel artístico notable .

¡Huye!
¡Huye!


¡Huye!

James Wan es uno de los mayores exponentes de estos directores que pasaron de proyectos pequeños a otros titánicos porque, antes de Rápidos y furiosos 7 y Aquaman, dirigió El juego del miedo, La noche del demonio y El conjuro. Las tres fueron tan exitosas que se convirtieron en franquicias con personajes que hasta trascendieron sus propias películas, para disparar secuelas, spinoffs y hasta merchandising como disfraces y juguetes.

Para algunos puristas del género existe cierta tensión entre los nuevos “autores independientes” frente a las propuestas más comerciales que son más taquilleras. John Krasinski, que con Un lugar en silencio consiguió que el público y la crítica acompañara la propuesta, ¿podrá, con la secuela, expandir esa historia y recibir más que el reconocimiento de la Academia?

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