Hallaron un biomarcador que podría detectar el riesgo de muerte súbita en los bebés

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Dormir a los bebés boca arriba es el primer consejo de prevención que dan los pediatras
Dormir a los bebés boca arriba es el primer consejo de prevención que dan los pediatras

Un grupo de investigadores australianos publicó una investigación en la prestigiosa revista The Lancet en la que aseguran haber identificado un biomarcador que podría ayudar a identificar a los bebés con mayores riesgos de desarrollar síndrome de muerte súbita del lactante. El hallazgo, derivado de la investigación liderada por la médica Carmel Harrington, podría conducir al futuro desarrollo de pruebas de screening.

Los investigadores del Children’s Hospital at Westmead, en Sidney, compararon muestras sanguíneas extraídas a recién nacidos fallecidos por muerte súbita con, por un lado, las muestras de niños fallecidos por otras causas y, por otro lado, con las de bebés sanos. Así, encontraron que la actividad de la enzima butirilcolinesterasa (BChE), que cumple un rol importante en la excitación cerebral, era significativamente más baja en los bebés que murieron por muerte súbita. “Esta enzima forma parte del sistema colinérgico, una rama importante del sistema autonómico, y puede proveer una medida de disfunción”, dice el estudio publicado.

Con este estudio se abre un horizonte interesantísimo porque sería un método de detección precoz antes de que acontezca la muerte. Todavía hay mucho camino por delante porque faltan hacer muchos estudios, sumar pacientes y definir siguientes pasos, pero podría ser un marcador a futuro”, comentó Manuel Rocca Rivarola, médico pediatra y director del departamento Materno Infantil del Hospital Universitario Austral, a LA NACION.

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Rocca Rivarola explicó que la muerte súbita por causas inexplicadas es una muerte repentina en niños menores a un año que ocurre durante la instancia de sueño y que no es explicable incluso después de una autopsia y la revisión de la historia clínica del paciente. “No es un problema en el sueño sino en el despertar. Cuando baja la oxigenación, el primer mecanismo de defensa es despertar. En estos casos, el niño no despierta, hace un paro cardíaco y muere”, agregó.

Según detalló el especialista, en la Argentina ocurren en promedio 250 casos anuales y el pico se registra entre los dos y los cuatro meses de vida.

Mientras se avanza en este estudio, hay que seguir fomentando las medidas de prevención, que son, durante el embarazo, realizar todos los controles con el obstetra, no fumar ni beber alcohol. Una vez nacido el bebé, hacerlo dormir boca arriba, en su cuna al lado de la madre y evitando el sobrecalentamiento. Es importante estimular la lactancia materna y, obviamente, hacer los controles pediátricos correspondientes”, sostuvo Rocca Rivarola, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Cambio de postura

Dormir a los bebés boca arriba es el primer consejo de prevención que dan los pediatras y un cambio de hábito fundamental que redujo enormemente los casos de muerte súbita del lactante.

“En la década de los 90, se descubrió que en países asiáticos, donde los niños dormían boca arriba, las muertes súbitas eran mucho menos frecuentes que en Estados Unidos, Europa y Australia. Desde entonces, se cambió la postura y el riesgo se redujo entre un 50% y 70%. El cambio de postura hizo más ágil el despertar, al igual que el hecho de dormir en un colchón más bien duro, en un ambiente fresco y no sobre calefaccionado”, dijo Rocca Rivarola.

Los expertos creen que el síndrome es multifactorial y lo explican mediante lo que se conoce como la hipótesis de triple riesgo. “El primer círculo de riesgo es el periodo crítico de desarrollo, entre los 2 y 4 meses, durante el cual el niño tiene una serie de cambios. El segundo círculo de riesgo son las características de vulnerabilidad del lactante. Por ejemplo, que es más frecuente en varones o ciertos factores genéticos asociados. Y el tercer círculo de riesgo son los factores externos como el cigarrillo y el consumo de alcohol durante el embarazo”, indicó Rocca Rivarola.

La convergencia de estos factores puede dar lugar a una muerte súbita.

Norma Rossato, pediatra y neonatóloga del Sanatorio Trinidad Palermo, afirmó: “Toda investigación es importante y representa un avance porque echa luz sobre lo que no se sabe. Esto tiene un enorme impacto porque afecta la muerte de niños”.

Sin embargo, remarcó la importancia de diferenciar el valor del hallazgo de su aplicación en la vida real. “Esta es una muy buena noticia, pero no resolvió ‘el misterio de la muerte súbita’ como leí en algún lado. Hay que hacer más estudios que comparen estos niveles de marcadores con los de otros chicos igualmente vulnerables que no hayan fallecido, que es algo que no analizó esta investigación. Los sistemas de screening, o pesquisa en español, hay que pensarlos como políticas de salud pública porque requieren muchos recursos y se usan en enfermedades de alta frecuencia”, dijo Rossato.

La médica australiana Carmel Harrington perdió a su hijo inesperada y repentinamente hace 29 años, cuando el bebé murió por muerte súbita. “Nadie pudo explicarme, solo dijeron que fue una tragedia, pero fue una tragedia que no se asentaba bien en mi cerebro científico”, contó en una entrevista con el medio australiano AMC. Desde entonces, trabajó para encontrar la causa del síndrome de muerte súbita, para ella misma y para toda la comunidad médica.

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