‘La señora Fletcher’, la joya oculta de HBO sobre nido vacío, sexo y pornografía

Actualmente, la oferta de ficción televisiva es tan amplia que es fácil que muchas series pasen desapercibidas, incluso cuando vienen de cadenas de prestigio como HBO y firmadas por autores que han desarrollado un culto destacable a lo largo de los años. Sería el caso de La señora Fletcher, dramedia creada por el escritor de The Leftovers, Tom Perrotta, basándose en su novela homónima, y protagonizada por Kathryn Hahn, que fue prácticamente invisible durante su breve emisión a finales del año pasado. Después de descubrir esta joya oculta es mi deber no solo recomendarla, sino contribuir a la campaña para que HBO le dé una necesaria segunda temporada a pesar de haber sido catalogada como “serie limitada”

Si no habéis decidido todavía la siguiente serie que vais a ver, os cuento por qué La señora Fletcher es tan interesante en su tratamiento de temas como la maternidad, la sexualidad y la pornografía, y deberíais darle prioridad en vuestra lista de reproducción durante la cuarentena.

'La señora Fletcher' (© HBO)

En un principio puede sorprender que algo como La señora Fletcher provenga del creador de The Leftovers, una serie de ciencia ficción existencialista que desafió todas las expectativas para convertirse en una de las obras televisivas de culto más aclamadas de la última década. Sin embargo, si nos paramos a pensar, tiene sentido. Aunque son series radicalmente distintas, La señora Fletcher también se caracteriza por hablarnos entre otras cosas de la soledad, el paso del tiempo, la mortalidad, y más concretamente de lo duro y transformador que es perder a un ser querido y tener que adaptarse a la vida sin él.

En el caso de Eve Fletcher (Hahn) no se trata de una tragedia a escala global que ha borrado al 2% de la población mundial, sino un ritual de paso ineludible en la vida de todo padre y madre que, sin llegar a ser tan funesto, puede suponer un golpe muy duro y un cambio difícil de digerir: la marcha de los hijos a la universidad y el abandono del hogar. Esta es la premisa de La señora Fletcher, miniserie sobre una madre divorciada cuyo hijo único, Brendan (Jackson White), se prepara para dejar la que ha sido su casa durante 18 años para mudarse al campus universitario donde empezará su nueva etapa vital.

Aunque otras muchas series nos han hablado en muchas ocasiones del síndrome de nido vacío, el divorcio y la crisis de mediana edad (Casual, Togetherness, Divorce, todas en HBO), La señora Fletcher lo hace con especial introspección y sin miedo a explorar realmente las posibilidades. Después de 18 años dedicada a proteger y hacerle la vida más fácil a su hijo, Eve se ve despojada de su principal propósito. La casa de repente es el doble de grande, el silencio se hace ensordecedor y sin nadie a quien guiar, a quien proteger o hacerle la colada, anda perdida. Es el momento entonces de aprovechar la situación y reorientar sus cuidados hacia otra persona: ella misma. Sus necesidades, sus intereses, y por supuesto, su sexualidad.

Por otro lado, la serie también explora los primeros pasos del hijo alejado de su madre. El pajarito que debe emprender el vuelo por sí solo, pero que, acostumbrado a que se lo hagan todo por él, se cae de bruces en cada intento. Brendan es un adolescente prototípicamente insoportable, el clásico jock de instituto que ha navegado sin problemas por la secundaria, donjuán, fiestero y bully de manual. Con su historia paralela a la de Eve (ambas tramas se complementan y condicionan a pesar de estar separadas), La señora Fletcher nos recuerda algo que está muy presente en la ficción estadounidense y que suele cumplirse a menudo en la vida real: los más populares (deportistas, animadoras, matones) tocan techo en el instituto y son los inadaptados los que prosperan en la universidad

'La señora Fletcher' (© HBO)

Después de ser el rey de la secundaria a costa de tratar mal a los demás, Brendan debe ajustar su visión del mundo y entender que ser un capullo le funcionó en el instituto, pero no le llevará muy lejos en la universidad. Sus nuevas amistades, en concreto Chloe (Jasmine Cephas Jones), una chica por la que desarrolla sentimientos, y su compañero de piso gay Zack (el fallecido Cameron Boyce en uno de sus últimos papeles) le ayudarán a reflexionar sobre lo insensible que ha sido y cómo ha tratado hasta ahora a las chicas y a los menos aventajados en el instituto. Es decir, a madurar para enfrentarse al mundo real, donde ya no es el rey, un proceso difícil que va dando sus frutos de forma lenta pero progresiva a lo largo de la temporada.

Pero volvamos a Eve, que es la protagonista por derecho propio de La señora Fletcher. La ausencia de su desagradecido hijo hace que esta se vuelque en su trabajo como directora de un centro residencial de vida asistida, sus amistades y por supuesto, ella misma. En plena crisis de los 40 y habiéndose saltado la experimentación de la veintena, Eve comienza un curioso proceso de despertar sexual después de años sin mantener relaciones, lo que la lleva a aficionarse la pornografía. Pero lejos de tratarse como una adicción (aunque por momentos lo parezca), el porno en la serie sirve para situarla en un camino de autodescubrimiento sexual muy interesante, que la llevará a reencontrarse consigo misma y su identidad propia, hallar el erotismo a su alrededor y ser más decidida en su vida personal. 

De hecho, los efectos negativos de la pornografía los vemos más claros en los hombres, concretamente en una de sus parejas, con quien tiene un incómodo encuentro sexual, y su hijo, que nos muestra en otra escena de sexo cómo la cultura del porno condiciona a los más jóvenes (y no tan jóvenes) y les hace pensar que las relaciones sexuales en la vida real son como un vídeo de PornHub. Problema que crea falsas expectativas, malentendidos y que en muchos casos puede incluso jugar un papel importante en la agresión sexual.

Siguiendo con este tema, uno de los mayores aciertos de La señora Fletcher es su forma de retratar la sexualidad. La mayoría de vídeos porno que Eve ve están protagonizados por mujeres, pero en ningún momento la miniserie trata sobre una mujer que, después de 40 años, descubre que es lesbiana o bisexual. Que ese no sea el conflicto central resulta refrescante. Eve tiene fantasías, siente atracción y flirtea con hombres y mujeres, pero esto nunca lleva a la confusión sexual, sino que se asume desde el principio que la sexualidad de Eve es fluida, y la serie hace un gran trabajo plasmándola sin crear un gran drama a su alrededor.

Eso sí, aunque seguramente ya haya quedado claro, hay que advertir que La señora Fletcher no es para mojigatos. La exploración de Eve da lugar a numerosas escenas de sexo gráfico y desnudos integrales, además de imágenes de pornografía sin censurar que podemos ver en primer plano a través de la pantalla del ordenador de la protagonista. También puede resultar ocasionalmente incómoda, sobre todo en lo que respecta a la tensión sexual de Eve con un joven de 19 años, excompañero de instituto y víctima de bullying de su propio hijo. Ciertamente, la serie aborda el sexo sin tapujos, pero las imágenes más explícitas o las relaciones de Eve nunca son gratuitas, no es provocar por provocar, sino que estas desempeñan una función clave para entender y experimentar su proceso psicológico, así como el papel que el sexo, el deseo y el cuerpo desnudo tienen en él.

En este sentido, hay que elogiar a la espléndida Hahn, que transmite prodigiosamente todos los sentimientos que engloban a Eve, construyendo un personaje difícil y complejo por el que es fácil sentir cariño y empatía. La serie es un auténtico vehículo de lucimiento para la actriz, y ella le saca todo el provecho en una conmovedora interpretación que demuestra que su talento para el drama está a la altura de su destreza cómica. Hahn se ha especializado en personajes excéntricos en películas alocadas como Malas madres y sitcoms como Parks and Recreation, pero con La señora Fletcher (y anteriormente Transparent) se consagra como una de las actrices más versátiles, y también más infravaloradas, de su generación. Espero que a partir de ahora se le preste la atención que merece.

La señora Fletcher es un estudio de personajes complicado y absorbente con una factura visual preciosa, pero con solo siete episodios de media hora de duración, se antoja incompleto. Vendida como miniserie por HBO, lo cierto es que parece más bien una primera temporada, ya que la historia se queda a medias y todavía hay mucho que contar sobre los personajes. El proceso de aprendizaje de Brendan va por buen camino, pero le queda un largo trecho, y la nueva etapa vital de Eve no ha hecho más que empezar. La miniserie concluye con una impactante escena final de la que no pueden sino desarrollarse numerosas ramificaciones, un final abierto que nos hace desear saber qué pasó después. Es por ello que se hace necesario que HBO siga el mismo proceso que con Big Little Lies y la ascienda a serie dándole una segunda temporada. Con la diferencia de que en el caso de La señora Fletcher sí hace falta.

Y sus responsables están de acuerdo. Tanto Perrotta como Hahn opinan que hay más espacio para seguir contando esta historia. De hecho, el creador considera el último capítulo de la miniserie como “el final de un arco, no el final de una vida”. La protagonista, por su parte, afirma que “claramente hay mucha más historia que contar, aunque ya sea una pieza preciosa por sí misma” (IndieWire). Si La señora Fletcher no continuase en el futuro, Hahn tiene razón, merece la pena descubrirla igualmente porque se sostiene por sí sola, pero lo ideal sería que hubiera más. Triste y divertida, cruda y sensible, luminosa y reveladora, atrevida y conmovedora, así es Eve y así es La señora Fletcher, otra joya de HBO para descubrirnos a nosotros mismos.

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