La vida desconocida, lejos de los focos, de las hijas de Vladimir Putin

Javier Taeño
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La propagación del coronavirus por el mundo ha hecho que las principales potencias se lancen en la búsqueda de una vacuna segura contra la enfermedad. Pese a que durante meses China o Estados Unidos han luchado por ser los primeros en sacarla adelante, finalmente ha sido Rusia quien la ha registrado, anunciando que en breve comenzará la producción masiva del fármaco.

La celeridad con la que lo ha conseguido ha levantado suspicacias en la comunidad internacional y algunas voces apuntan a que Rusia puede haberse centrado en ser los primeros en tenerla sin preocuparse tanto en si es segura y eficaz. El presidente Putin ha defendido la vacuna y ha revelado que incluso una de sus hijas (sin especificar quién) la había probado.

Putin junto a su mujer y a su hija María (segunda por la izquierda).  (ALEXANDER NEMENOV/AFP via Getty Images)
Putin junto a su mujer y a su hija María (segunda por la izquierda). (ALEXANDER NEMENOV/AFP via Getty Images)

“Una de mis hijas recibió esta vacuna. En este sentido, participó en el experimento. Después de la primera dosis, tenía 38 de fiebre y al día siguiente tuvo 37 y pico, y ya”, ha revelado.

Estas declaraciones del mandatario ruso han sorprendido mucho porque durante años ha guardado un sepulcral silencio sobre todo lo relacionado con su vida privada. En las dos décadas en las que ha estado en la élite política del país han sido frecuentes sus apariciones públicas y propagandísticas, pero se ha cuidado mucho de revelar cualquier tipo de información sobre su familia y sus hijas no han sido ajenas a esta situación. Siempre han vivido alejadas de los focos mediáticos y sus vidas han estado rodeadas de un halo de misterio.

Putin estuvo casado durante tres décadas con Lyudmila Shkrebneva, una azafata de vuelo de la que se terminó divorciando en 2013. Fruto de esta unión nacieron dos hijas: Maria, que nació en la actual San Petersburgo en 1985, y Katerina, que llegó al mundo un año después en Alemania, mientras que la familia vivía en este país europeo en los tiempos del presidente ruso en la KGB. Las dos hermanas llevan el nombre de sus abuelas. El apodo de la mayor es Masha y el de la pequeña es Katya.

En 1996 los Putin volvieron a Rusia, se asentaron en Moscú y las niñas asistieron a un colegio alemán. Fruto de estas enseñanzas, ambas dominan varios idiomas. Hablan con fluidez tres lenguas europeas y además una de ellas (su padre nunca ha especificado cuál) tiene fluidez con uno o dos idiomas orientales.

Tras la llegada al poder de Putin en 1999 las dos niñas abandonaron la escuela y fueron educadas por profesores particulares en casa. La mayor, Maria, estudió Biología en la universidad, mientras que la pequeña, Katerina, se interesó por Estudios Orientales. Ambas acudieron a los centros adoptando identidades falsas que las ayudaron a mantenerse alejadas del escrutinio público.

Katerina en una de las competiciones de baile (REUTERS/Jakub Dabrowski/Files).
Katerina en una de las competiciones de baile (REUTERS/Jakub Dabrowski/Files).

Actualmente Maria está especializada en endocrinología tras haberse graduado en Medicina en Moscú. Vive en la ciudad con su marido holandés, Jorrit Faasen, con el que supuestamente ha tenido un hijo, aunque no hay excesiva información al respecto. La única confirmación ha venido de boca del presidente ruso que en 2017 admitió que ya era abuelo.

En lo que respecta a Katerina, ha tenido una prolífica carrera en el baile de competición (ha participado en eventos internacionales) y ha estado muy ligada a cargos importantes en la Universidad Estatal de Moscú, entre los que se incluye un programa de desarrollo tecnológico, donde contó con la ayuda de antiguos colaboradores de su padre en la KGB. Desde febrero de 2020 está a la cabeza del Instituto de Inteligencia Artificial.

Incluso, en 2018 llegó a aparecer en televisión como una experta en biotecnología, aunque no se comentó nada de su parentesco con Putin. Katerina se casó con el multimillonario ruso Kirill Shamalov en 2013, pero en 2018 se divorciaron, no conociéndose más detalles sobre sus relaciones.

Pese a que han sido frecuentes las especulaciones sobre si ellas viven fuera del país, lo cierto es que su propio padre se ha encargado de desmentirlo. En el año 2015 hizo alusión al tema señalando que Maria y Katerina “viven en Rusia y nunca han residido en el extranjero”. Además, el mandatario insistió en que no quieren fama y que por eso sus apariciones públicas son escasas.

El afán por la privacidad es tal que incluso Katerina se hace llamar Katya Tikhonova, utilizando el apellido de su abuela para pasar desapercibida.

El silencio que envuelve a la vida privada de Putin no solo tiene que ver con sus hijas, sino también con sus propias relaciones. Desde su divorcio ha habido muchos rumores sobre una supuesta relación del mandatario con la gimnasta retirada Alina Kabaeva, con la que incluso habría tenido hijos, pero hasta el momento el presidente no ha confirmado absolutamente nada.

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