Es hora de entender los celos y qué podemos hacer para no lastimar (a otras personas y a nosotros)

César Galicia
·8  min de lectura

Las historias de celos suelen ser historias de terror. Son las historias de los fantasmas que amenazan con quitarnos a las personas que amamos y que, como cualquier otro espectro, una vez que están en nuestra cabeza, poco importa si son reales o no.

Los celos son una emoción que casi todas las personas sentiremos en algún momento de nuestra vida. Y por su intensidad emocional, los hemos cargado de muchísimos significados: que si son una expresión del amor sincero, que si son propios sólo de gente insegura, que si los sientes es porque todavía no estás lo suficientemente 𝕕𝕖𝕔𝕠𝕟𝕤𝕥𝕣𝕦𝕚𝕕𝕩.

Y, sin embargo, todas esas son afirmaciones que parten de creencias previas, porque he aquí un secreto:

no hay absolutamente nada de especial con ellos.

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La normalidad de los celos

Me explico: somos humanos (o al menos yo, no puedo hablar por ustedes) y sentimos cosas. Y una de esas cosas es amor por otros humanos (que, de nuevo, podrían no serlo, they walk among us).

Y si algo amenaza con llevarse a la gente a la que amamos y, peor todavía, que perdamos ese afecto porque se lo ha ganado alguien más, pues tiene sentido que sintamos miedo, ansiedad, preocupación o el resto de emociones que conforman a los celos.

Sentir celos no es malo, ni es bueno, ni es nada. Sólo es una emoción que indica eso: temor a perder algo amado.

Los celos se vuelven problemáticos según lo que hacemos con ellos.

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La mayoría de las personas no sabemos manejarlos y en un afán de anestesiar el dolor que nos provocan terminamos violentando a nuestras parejas. Y aunque la mayoría de las veces esto no será algo tan grave, en varias ocasiones, los celos pueden llegar a motivar acciones violentas como ejercer control, vigilar, violentar o incluso asesinar.

Tres perspectivas para entenderlos

¿Cómo manejar los celos? Creo que el primer paso es entenderlos. Y por eso quiero mencionar tres perspectivas que buscan explicar por qué los sentimos:

Desde una perspectiva evolutiva, se ha planteado que los celos son un mecanismo cerebral para proteger la descendencia.

Me explico: a diferencia de otros animales que desde que nacen ya están listos para sobrevivir por sí mismos, cuando nacemos, los seres humanos básicamente no somos más que un tumor que llegó demasiado lejos, llora mucho y requiere de muchos cuidados para sobrevivir.

Por lo tanto, el propósito de los celos es motivarnos a realizar acciones que eviten cualquier situación que pudiera robarnos a nuestra pareja y nos deje criando en soledad a nuestra descendencia o, de plano, sin descendencia alguna.

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Sin embargo (y más allá de que esa interpretación de nuestra conducta puede ser bastante discutible), los seres humanos no somos sólo biología, sino que resulta que VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD y existe una cultura que ayuda a modelar y entender nuestras emociones.

Desde otra perspectiva, sentimos celos (al menos en parte) debido a que la ideología del amor romántico se ha encargado de equiparar el amor con posesión, promoviendo su existencia.

Por ejemplo: cuando era niño, recuerdo perfecto haber escuchado no una, sino varias ocasiones, alguna variación del siguiente mensaje: “demuéstrale a tu pareja de vez en cuando un poco de celos… es una forma de hacerle saber que la quieres”.

Y aunque hoy en día rechazo esto completamente tengo que confesar que durante varios años, de hecho, tuvo mucho sentido.

Cuando una pareja me celaba lo que yo sentía era que me quería, que si tenía miedo de que me fuera con alguien más era porque yo le importaba… y esa sensación me gustaba porque me hacía sentir importante.

Y para mí, la decisión lógica después de eso era dejar de hablar con las personas que mi pareja celara, porque eso le dolía y yo la quería, ¿y por qué habría de hacer algo que la lastimara?

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Pero el asunto no era que estuviera mal, sino que no se sentía mal, en realidad, se sentía bien, normal, como que estaba sucediendo exactamente lo que tenía que suceder, lo que me habían dicho por mucho tiempo que era el amor. Y ese fenómeno, que está presente en muchas violencias de pareja, es parte de lo que hace que sea tan difícil detectarlas.

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Es decir, además de lo biológico, también hay una ideología que promueve los celos. Y aunque no elegimos recibir esa educación, sí podemos rebelarnos contra ella, desarrollando modelos de amor en los que entendamos que nuestras parejas no son nuestra propiedad, que la monogamia ha sido una imposición histórica más que una elección libre (un tema de lo más c o n t r o v e r s i a l) o que una ruptura no es lo peor que nos puede suceder.

Y, sin embargo, incluso entonces tendríamos que enfrentar otra fuerza: la psicológica.

Hay una teoría que dice que existen dos situaciones que activan los celos: cuando se amenaza nuestra autoestima y cuando se amenaza la relación.

En el primer caso, cuando se amenaza nuestra autoestima, los celos pueden dispararse, por ejemplo, como respuesta a sentirnos menos atractivas que una persona que le coquetea a nuestra pareja.

El segundo caso también explica por qué hay situaciones que pueden activar los celos y no necesariamente dependen de otra persona, como los celos que sentimos cuando se modifica algo en la rutina, o tu pareja ve una serie en Netflix sin ti, o cambia de trabajo, o hace nuevas amistades, o se va de la ciudad o del país por un tiempo.

En este caso, los celos surgen por la posibilidad de que ese cambio nos lleve perder la relación, este vínculo amoroso que nos gusta.

No son los únicos factores psicológicos detrás de los celos: tu estilo de apego emocional, tus miedos, tus traumas pasados, tu autoestima, la educación que recibiste, entre otras cosas, también influirán en cómo los vas a vivir.

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¿Cómo lidiar con los celos?

¡Y en algunos casos podrían ser una alarma válida! A veces siento que el discurso de la 𝕕𝕖𝕔𝕠𝕟𝕤𝕥𝕣𝕦𝕔𝕔𝕚ó𝕟 falla en considerar eso: a los celos hay que entenderlos, porque como todo el espectro de emociones que tenemos, son una brújula para navegar por las turbias aguas de las relaciones humanas, una vez que sabemos cómo hacerlo.

Por eso es importante conocerte (y no lo digo en el sentido masturbatorio de la palabra (A MENOS QUE SÍ)) y aprender a reconocer qué situaciones te pueden vulnerar más, qué miedos particulares sientes, de esta forma, los celos no te van a agarrar por sorpresa, es menos probable que el fantasma te sorprenda.

¿Qué hacemos, entonces, con los celos? Ayuda mucho reconocerlos.

Ubica la parte en tu cuerpo donde los sientes, en el pecho, en las manos, en el estómago e identifica los pensamientos que te lleguen. El mero hecho de reconocer puede traer mucha paz, porque ayuda a que las emociones no se desborden.

Una vez que los reconozcas, detente, respira y analiza: ¿qué situación están disparando tus celos? ¿Qué miedos o dolores específicos está despertando la situación? ¿Cuáles son los motivos que tienes para sentirlos? ¿Consideras que los celos te están protegiendo o vienen más bien de una fantasía catastrófica? Y una vez que tengas más claridad, pregúntate: ¿Qué necesito para comunicar y atender de la mejor forma posible lo que siento?

Hay formas de hablar y de atender los celos que no tienen por qué ser agresivas o explosivas o controladoras: puedes hacer algo que te tranquilice y esperar a que la angustia pase, puedes hablar con tu pareja y decirle de forma tranquila y amable, “oye, esta situación me está haciendo sentir vulnerable” y pensar en formas de atenderla, desde el cariño y no desde el control; puedes ir a terapia si sientes que, de plano, te es muy difícil tranquilizarte y no dejarte llevar por los celos, puedes reconocerlos como una alarma válida y decidir actuar en consecuencia desde el cuidado propio y la no violencia.

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El dolor de los celos es real y, usualmente, no hay forma no dolorosa de manejarlos. Y eso no está mal.

Tendríamos que perderle miedo a ese dolor y, más bien, aprender a transitarlo y aceptarlo como una parte inevitable del acto de amar.

El asunto es que por muy mal que te sientas, nadie tiene por qué aguantar tus agresiones y no tienes el derecho de lastimar a nadie por lo que sea que estés sintiendo.

Aunque los celos duelan, hay formas de resolverlos desde el cuidado y no desde la violencia.

Lastimar a tus parejas porque tienes miedo de que se vayan es una fórmula garantizada para que te terminen dejando y odiando.

No puedes evitar que la gente se vaya: la pérdida es parte del amor y no hay que pelear contra ella, hay que aceptarla.

Resumiendo, puedes reconocer: “tengo un cuerpo que me va a hacer sentir celos porque así funciona la química y eso no significa nada más que eso. Y estoy en una sociedad que me ha enseñado y reforzado una y otra vez que esta emoción espantosa es deseable. Yo puedo rebelarme contra eso, puedo cuestionar esos discursos y decir: no quiero que esta basura posesiva, machista y controladora sea mía. Y puedo mirar hacia dentro de mí y observar mis miedos, mis necesidades, mis dolores y elegir aguantarlos por un momento en lo que llega una mirada más clara a mi mente, porque esa solución puede hacerme sanar y puede ayudarme a encontrar el camino para amar o soltar de una forma más libre”.

Eso es entender al fantasma.