Se incrementó en los argentinos el riesgo de padecer un trastorno mental

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Los más jóvenes y aquellos con una situación socioeconómica inferior presentan mayores niveles de sintomatología
Los más jóvenes y aquellos con una situación socioeconómica inferior presentan mayores niveles de sintomatología

El riesgo de padecer un trastorno mental en la población argentina se incrementó un 257,4% durante la epidemia por Covid-19, según un estudio realizado por el Observatorio de Psicología Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. El informe reveló que el 12,51% de la población presentó riesgo de padecer un trastorno mental en este año, frente al 4,86% de marzo de 2020, una semana después de que se decretara el aislamiento social preventivo y obligatorio en la Argentina.

“Son cifras muy preocupantes”, afirmó el secretario de investigación y coordinador del estudio Martín Etchevers. “La población se enfrentó a un desafío multidimensional: económico, laboral y social. Un cambio drástico en el estilo de vida. Este panorama se incrementa en las poblaciones más vulnerables, donde se observa un mayor deterioro en múltiples aspectos de la vida de las personas”, dijo a LA NACION.

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Asimismo, los niveles de sintomatología ansiosa depresiva y el riesgo suicida también aumentaron a nivel nacional de la mano del malestar psicológico. Y estos síntomas se manifestaron en mayor medida en aquellas personas que presentaron adicción al tabaco, al alcohol o a sustancias ilegales. Sin embargo, en aquellas personas que se refugiaron en el ejercicio físico el impacto fue menor.

“Intentan lidiar con el malestar y, después, se genera un problema de adicción al consumo del alcohol, por ejemplo. También hay crecientes niveles de automedicación”, enfatizó Cristian Garay, subsecretario de investigación y docente de la Facultad de Psicología.

En la misma línea, Juan Eduardo Tesone, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, afirmó: “La ausencia de vida social y los objetivos que quedaron por cumplir cuando llegó la pandemia afectaron en gran medida. Hay personas que tienen mayor capacidad de respuesta y, otras, menor. Y en estas últimas repercute mayormente en la salud mental”.

Mayor vulnerabilidad, mayor riesgo

El estudio reveló que un 37% de los participantes afirmó que cambió su tendencia a pensar en la muerte y o en el suicidio a partir de la pandemia. Y cuando se les preguntó a los participantes “¿qué hace cuando experimenta malestar psicológico o tiene problemas emocionales?”, las respuestas fueron: el 41,74% dialoga con amigos, el 25,72% toma medicación, sin especificar cuál, el 22,97% recurren a un profesional psicólogo, el 21,28% practica el rezo, el 16,18% practica un deporte y el 7,18% consume alcohol.

Según los expertos, también influyeron las condiciones y el entorno de cada persona. Las influencias ambientales, la predisposición hereditaria y otras cuestiones ocasionales impactan en diferente medida a cada individuo, en función de la vulnerabilidad a la que esté expuesto. “Las personas sin ninguna sintomatología previa son más reactivas a la hora de reaccionar rápidamente tanto a los efectos positivos como a los negativos, con mejorías en los factores ambientales. Aquellas con indicadores más complicados, requieren intervenciones más complejas. La idea inicial, en el primer estudio en 2019, no era recomendar un tratamiento; pero ahora con los altos índices de personas que lo requieren, insistimos en que es importante que lo consideren”, agregó Etchevers.

“El desempleo y la inestabilidad económica también generaron un gran impacto en la salud mental y, por supuesto, esto afectó en mayor medida a las personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica, que presentaron mayor riesgo a padecer trastornos mentales —apuntó Garay—. Se originó el contexto idóneo para que, las personas que tienen tendencia a la depresión, se depriman. Lo mismo ocurrió con la psicosis”.

Falta de recursos

El 43,38% de los participantes del estudio reportó que falleció un familiar durante la pandemia.

Garay insistió en que la reducción del presupuesto de salud mental influyó mucho en que gran parte de la población no tenga acceso —o haya dificultades— a la salud mental por su situación económica y social, especialmente aquellas que requieren tratamiento. “Afectó también el hecho de no poder atravesar el duelo por la muerte de un ser querido, familiar o allegado, ya que no se pudieron realizar funerales debido a las restricciones por la situación epidemiológica. Ello complicó el superar la pérdida. Muchos declararon también que no hubo reconocimiento social de las víctimas del Covid-19″, agregó.

“Se debe llamar la atención sobre la poca entidad que las políticas públicas le han dado a la salud mental. En la pandemia se dio mucha importancia, con razón, a la infectología, pero no a la inmunidad psíquica; a la capacidad psíquica de poder sobreponerse de los efectos destructivos de la pandemia”, aseveró.

Y concluyó: “Hay que crear la posibilidad de que haya dispositivos de salud mental que permitan acceder al mayor número de personas, independientemente de sus recursos”.

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