Felipe de Edimburgo sufrió una desgarradora humillación por amor a Isabel II

Carmen Ro
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Felipe nació príncipe de Grecia y Dinamarca. En los años cuarenta, todas las jóvenes royals miraban con mucha atención a aquel apuesto aristócrata de origen danés. Felipe era hijo de Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg. Cuando contaba 19 años, el esbelto y rubio Felipe se enroló en la Royal Navy en 1939. Y allí conoció a Isabel. La futura Reina de Inglaterra, a la que entonces todos llamaban Lilibet, tenía entonces sólo 13 años. Felipe y Lilibet quedaron prendados el uno del otro. Y desde ese momento Felipe y Lilibet se propusieron esperar lo que fuera necesario para poder casarse. Pero, lo que no sabía el príncipe Felipe es que él sería quien tendría que renunciar a cosas importantes. Muy importantes. Lo que no sabía Felipe de Edimburgo es padecería una gran humillación por su amor hacia Isabel. Felipe tuvo que renunciar a algo que nunca hubiera sospechado. Y fue doloroso para él. Muy doloroso.

EGHAM, ENGLAND - JUNE 24: Queen Elizabeth II and Prince Philip, Duke of Edinburgh attend The OUT-SOURCING Inc Royal Windsor Cup 2018 polo match at Guards Polo Club on June 24, 2018 in Egham, England. (Photo by Antony Jones/Getty Images)
EGHAM, ENGLAND - JUNE 24: Queen Elizabeth II and Prince Philip, Duke of Edinburgh attend The OUT-SOURCING Inc Royal Windsor Cup 2018 polo match at Guards Polo Club on June 24, 2018 in Egham, England. (Photo by Antony Jones/Getty Images)

No fue hasta 1947 cuando el rey Jorge VI da el permiso a su hija Isabel para que contraiga matrimonio con su pretendiente Felipe. A partir de ese momento fue cuando empezaron a informarle al apuesto enamorado de Isabel de que tenía que abdicar de varias cosas. En primer lugar, para que la boda fuera posible, Felipe debió renunciar a sus títulos de nacimiento. Él había nacido príncipe, pero debía dejar de serlo. De príncipe de Grecia y Dinamarca, Felipe pasó a ser duque de Edimburgo, conde de Merioneth, barón de Greenwich y Caballero real de la Nobilísima Orden de la Jarretera, Caballero de la Antiquísima y Nobilísima Orden del Cardo, Caballero de la Orden de Australia y Caballero de la gran Cruz de la Real Orden Victoriana, entre otros títulos. Vamos que ya no era príncipe, pero su repertorio nobiliario no quedaba mal, nada mal. Estos eran protocolos necesarios en la monarquía inglesa para que Felipe se convirtiera en un ciudadano británico para poder optar al matrimonio con Isabel. Así, podemos llegar a entender que el propio Felipe aceptara este requisito indispensable de renunciar a su título anterior de príncipe, sin que le supusiera un gran disgusto. Pero otra de las disposiciones que le fue impuesta, ya le gustó menos al joven Felipe. El asunto es que el pretendiente de Isabel debía también abandonar su apellido paterno para pasar a utilizar el apellido inglés de su madre. Felipe debía usar el apellido Mountbatten. Y a todo dijo que sí Felipe. Felipe dijo que sí por amor a Isabel. El problema vendría después. Pues, aunque él no lo supiera entonces, aún no habían terminado sus obligadas abdicaciones. Porque faltaba otra renuncia. Faltaba la renuncia más dura. Aquella que le humilló.

(Eingeschränkte Rechte für bestimmte redaktionelle Kunden in Deutschland. Limited rights for specific editorial clients in Germany.) Elisabeth II. *21.04.1926-Koenigin von GB seit 1953- mit Philip Mountbatten auf dem Balkon des Buckingham Palace nach der Trauung (Photo by ullstein bild/ullstein bild via Getty Images)
(Eingeschränkte Rechte für bestimmte redaktionelle Kunden in Deutschland. Limited rights for specific editorial clients in Germany.) Elisabeth II. *21.04.1926-Koenigin von GB seit 1953- mit Philip Mountbatten auf dem Balkon des Buckingham Palace nach der Trauung (Photo by ullstein bild/ullstein bild via Getty Images)

Los primeros años de casados de Isabel y Felipe fueron prósperos y felices. Enseguida llegó el nacimiento de su primogénito Carlos, luego llegó la pequeña Ana, y años después, tras la coronación de Isabel, nacerían sus hijos Andrés y Eduardo. Felipe era un hombre feliz y daba por bien hechas todas sus renuncias. Su papel siempre estaría detrás del de la Reina, de su mujer. Él lo sabía y lo aceptaba. Lo que no sabía es que la propia Isabel tomaría la decisión de que sus descendientes llevasen el nombre de la Casa Windsor y no el apellido paterno Mountbatten. Para Felipe que sus propios hijos no pudieran utilizar su apellido Mountbatten fue un golpe. Fue un golpe durísimo. Felipe de Edimburgo se sintió humillado en aquel momento. De hecho, hay quienes creen que por ese asunto nació un importante distanciamiento dentro del matrimonio. Un distanciamiento que, al parecer, nunca se habría cerrado del todo, a pesar de llevar ya 72 años casados.