Los japoneses se resisten a abandonar faxes y disquetes

Japón es uno de los países de la vanguardia tecnológica mundial pero convive con una paradoja interna: su población se aferra al viejo fax y a los “floppy disks” para transmitir y recibir información. Y es que muchos se sienten todavía más seguros operando fuera de internet y con soportes palpables como el papel.

Un señor japonés contaba hace poco en las redes sociales que su hija le había preguntado “¿Papá “fax” es una mala palabra?”. El hombre, empezó por aclararle que la palabra completa era facsímil y no tenía nada que ver con el famoso insulto inglés de cuatro letras que suena parecido.

Luego le explicó que el aparato, que precede a internet, no solo se vende en todas las tiendas de aparatos eléctricos sino que además se usa en su oficina pues muchos clientes de su empresa, en el sector turístico, recurren al fax para enviar listas y estadísticas internas.

Al igual que otros países industrializados, como Alemania, donde la resistencia a desprenderse del fax sorprende, el sector público es el principal defensor en Japón de una tecnología que por tener un elemento analógico, el papel, proporciona una sensación de seguridad imposible de lograr en el mundo digital.

La confianza en el número telefónico del emisor que aparece en el margen de un mensaje de fax hace que muchas oficinas gubernamentales admitan el envío de documentos estampados con el sello personal de identidad, el equivalente a la firma en occidente.

La seguridad que da operar fuera de internet, es la razón que citan las secretarias de los políticos japoneses para pedir que la solicitud de una cita con el legislador o diputado en cuestión sea enviada por fax.


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