Kate Beckinsale merecía volver al cine de acción con algo mejor que 'Jolt'

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Amazon Prime Video tiene nueva película en su plataforma. Se titula Jolt y cuenta con Kate Beckinsale haciendo gala de su elasticidad y don para el cine de acción con un papel que saca a relucir su buen estado físico a sus 48 años. Es una especie de Lucy con un toque de Atomic Blonde, un poco de John Wick y otro tanto de Crank. Es decir, un cóctel molotov de escenas de acción violentas y trama inverosímil, pero con el fallo rotundo de ir a la deriva sin rumbo.

Me encanta Kate Beckinsale y siempre he pensado que esconde una actriz cómica maravillosa aún por descubrir, pero después de llevar varios años sin aparecer en pantalla, al ver Jolt no podía dejar de pensar “¿en qué estaba pensando cuando aceptó el proyecto?

Kate Beckinsale en Jolt (Simon Varsano; cortesía de Amazon Prime Video)
Kate Beckinsale en Jolt (Simon Varsano; cortesía de Amazon Prime Video)

Que veas una película y te cuestiones en qué estaba pensando su estrella protagonista no es buen augurio. Y si bien Jolt tiene algunos momentos que nos hacen creer que quizás termine por salir a flote, al menos en su faceta de comedia negra de serie B, al final no consigue salir airosa como un producto de acción convincente. Ver a Kate Beckinsale dando golpes porque sí, porque no se puede controlar, destrozando cabezas, brazos y atizando a cualquiera que la haga rabiar, hace que su papel de Seline en Underworldcazando monstruos sea una santa.

Y es que en eso radica el problema de Jolt: que parte de un guion con poca genialidad creativa, de frases punzantes centradas en un personaje malhablado que depende demasiado del buen hacer de sus intérpretes para conseguir llegar a algún lado.

Al principio de este artículo intentaba darles una idea de las intenciones de esta película dando como referencia a Lucy, Atomic Blonde, John Wick y Crank, pero en realidad, todas ellas tienen más sentido que Jolt con tramas más convincentes -que no creíbles- detrás de cada una. Incluso en Crank donde había un trasfondo inverosímil pero que funcionaba dado el propósito esencial de la producción de dar espectáculo para los fans del cine de acción. En esta historia, y su secuela, Jason Statham se auto infligía verdaderas locuras solo para mantener sus niveles de adrenalina altos y así seguir con vida.

Kate Beckinsale ya demostró ser una buena actriz para el género de acción. Lo hizo a lo largo de las cuatro entregas que protagonizó de la saga Underworld y Van Helsing, mientras se dejaba ver por el cine de terror, thriller y drama de vez en cuando. Pero este nuevo intento con Jolt se antoja ridículo y lejos de estar a su altura, aprovechándose más de su presencia que de su talento.

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Con una estética muy parecida a Scarlett Johansson en Lucy y Charlize Theron en Atomic Blonde, Kate Beckinsale se planta una peluca rubia enorme para dar vida a Lindy, una mujer malhablada e irreverente que sufre de un síndrome de ataques violentos que empeora a lo largo de su vida por culpa de los experimentos y medicaciones a los que fue sometida. Ahora, en su adultez, solo puede controlar sus ataques de ira utilizando un sistema de electrodos que le permiten auto producirse una especie de shock eléctrico cada vez que siente la necesidad de explotar violentamente. Es más, cada vez que empieza a sentir la necesidad imagina las bestialidades que le haría a su víctima, dando pie a algunas de las secuencias más violentas de la película.

Pero todo se complica cuando sigue los consejos de su psiquiatra, interpretado por Stanley Tucci, y se deja llevar por las buenas emociones que siente hacia un hombre en una cita (Jai Courtney). Sin embargo, tras el segundo encuentro donde deja caer la guardia emocional y física, su vida da un vuelco al descubrir que el hombre en cuestión ha sido asesinado de forma brutal. Así, entran en escena un par de policías -con Bobby Cannavale y Laverne Cox- que se convierten en enemigos y aliados, según el momento del filme, mientras ella va en busca del asesino, quebrando la ley a cada paso, desatando sus brotes de ira con cada persona que se cruce en su camino. En fin, un festín de puñetazos, sangre, patadas, golpes de cabeza y huesos rotos en manos de un personaje que busca venganza pero sin necesidad alguna.

Básicamente porque en este guion Lindy es incapaz de controlar sus impulsos violentos, atacando a cualquiera que sencillamente diga o haga algo que le moleste. Se autocontrola con las descargas eléctricas, pero siempre a regañadientes, no precisamente porque tenga conciencia social de sus ataques contra otro ser humano. En esta historia, acaba de conocer al hombre asesinado y se lanza en una masacre bestial por encontrar al asesino, solo porque era la primera vez que se sentía apreciada por alguien. En el camino protagoniza persecuciones a lo Fast & Furious, peleas brutales con cualquiera que se oponga (absolutamente cualquiera) y encuentra pistas para llegar hasta su propósito tan rápido y más fácil que si fuera detective. Cada personaje secundario resulta una caricatura (desde cada polícia al villano, pasando por una hacker que la ayuda por arte de magia) sin llegar a profundizar en ninguno. Su historia de orígenes es lo más interesante de la trama, sin embargo, la película de Tanya Wexler tan solo le dedica el preámbulo sin ahondar ni aportar más datos que, opino, hubieran dado más relevancia a la comprensión del personaje. En resumen, estamos ante una película inconsistente sin un argumento interesante.

Y es que si bien Jolt podría haberse encajado en el subgénero de la venganza -tan efectivo como repetitivo en el cine de acción- la cinta toma derroteros previsibles recurriendo a un humor irónico que no encaja con un personaje que, desde el principio, no provoca ni comprensión, ni empatía alguna. Lindy es una mujer muy metida en su papel de peleona sin causa y a diferencia de Lucy, que fue víctima de su historia, o John Wick con el sufrimiento personal que vive ante el asesinato de su esposa y perro, no logra ganarse el favor de la audiencia.

Como decía al principio, siempre me gustó Kate Beckinsale y creo que es una de las actrices más infravaloradas de su generación, atrapada durante mucho tiempo en la maquinaria hollywoodense de participar más en aquello que atrae a las masas que en apostar por historias únicas. Prueba de ello es que pudo hacer despliegue de su talento en algunas de sus primeras películas, como Emma y The last days of disco, consagrándose como un reclamo infalible para la comedia dramática con Serendipity. Pero Underworld y su éxito terminó tomando el protagonismo de su carrera, convirtiéndose en una heroína de poses perfectas para el género de acción. Y es que Kate es experta en manejar la cámara a su antojo. Sin embargo, en 2016 demostró la estrella de la comedia que lleva dentro con su gran trabajo como la detestable Lady Susan en la adaptación de la novela de Jane Austen, Amor y amistad, y más tarde en el drama con la serie The Widow. Sin embargo, ambas apuestas pasaron desapercibidas ante el gran público y desde dicha serie en 2019 no volvió a aparecer en nuestras vidas, salvo entre aquellos que la seguimos en Instagram donde suele hacer que su gato sea tan protagonista como ella.

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En definitiva, Kate Beckinsale es una estrella de gran potencial que puede jugar entre diferentes géneros y salir airosa. Pero siempre que escoja el proyecto adecuado. Jolt se antoja como una película escrita sin ganas de marcar diferencia, repitiendo fórmulas muy vistas y sin permitir que la actriz destaque por su talento después de tanto tiempo sin un éxito a sus espaldas.

Jolt era su retorno a la pantalla pero al tratarse de una trama tan recurrente que explota la exageración gráfica del género, con un desfile de escenas de acción violentas por encima de crear un personaje creíble o atractivo, Kate termina apostando por una trama superficial que no hace brillar su talento. No como debería.

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