La ‘intocable’ cultura mexicana: el caso de Carolina Herrera

Carolina Herrera. Foto: Dimitrios Kambouris/Getty Images

Recientemente, la casa Carolina Herrera presentó su nueva colección, llamada Resort 2020. A decir de la firma, “adquiere el ambiente lúdico y colorido de un día de fiesta latino. Inspirada en el espíritu de la alegría de vivir, esta colección trata sobre reacciones viscerales de patrones eclécticos de deleite, siluetas inesperadas y energía pulsante”. Sin embargo, el gobierno mexicano vio algo completamente diferente.

Y ahora, la ministra de cultura de México, Alejandra Frausto, ha acusado a la firma de cometer apropiación cultural y haber utilizado diseños creados por las comunidades indígenas mexicanas.

Por ello, envió una carta al director creativo de la firma, Wes Gordon, exigiéndole explicar por qué decidieron hacer uso de estos elementos culturales indígenas y si habrá una retribución económica de sus ventas para estas comunidades.

El director creativo de la marca se defendió y aseguró que su trabajo, de hecho, es un homenaje a la riqueza cultural mexicana, concretamente al zarape mexicano (que también existe en Guatemala, por cierto).

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Pero, ¿en dónde termina la inspiración y el homenaje y comienza la apropiación? Un artículo de Forbes define a la apropiación cultural como “El acto de tomar o utilizar cosas de una cultura que no es la nuestra, sobre todo cuando no se muestra respeto hacia esta cultura”.

Y bajo esta lógica, hay que decirlo, la colección sí sería una inspiración y hasta, como lo dijo Gordon, un homenaje, sobre todo el tan señalado vestido con estampado de zarape. ¿Por qué? Por cuatro razones:

1. Por mera definición. Ya que hablamos de conceptos, ‘inspiración’ es un “estímulo que anima la labor creadora en el arte o la ciencia”, según la Real Academia Española (RAE). Es decir, Carolina Herrera tomó un elemento que ya existe (el zarape) y lo utilizó como su inspiración. Por el contrario, se trataría de una apropiación cultural (e incluso de un plagio) si la firma hubiera lanzando una colección de zarapes, con la misma tela, corte y estampado. Pero no fue así.

2. La prenda. A partir de esa inspiración, lo que hizo la firma fue darle un giro propio: retomó el zarape para darle un giro completamente distinto: un vestido. De hecho, solo utilizó el estampado, y con él se creó una nueva prenda, que es diferente en tela, silueta, corte y largo a como los mexicanos lucen un zarape.

3. La finalidad. El vestido creado ni siquiera es una prenda para protegerse del frío, como sí lo son los zarapes. Todo lo contrario. Lo que hizo la casa Carolina Herrera fue lanzar su propuesta para lucir en el verano, con un corte fresco, vaporoso y hasta con un escote en V (incluso le agregó un cinturón de piel), ideal para, como la propia firma señaló, “unas vacaciones latinas”.

Hasta uno de los tejedores de esta tradicional prenda en Saltillo (México), lo dijo en una entrevista cuando le mostraron la imagen del vestido de Herrera: “Pues primero qué bien que se fijen en zarapes y que sea reconocido a nivel mundial, una prenda muy valiosa. Pero las fotos que vi ahí en el vestido: no son zarapes”.

4. Es una inspiración respetuosa. El diseño se ciñe a la figura y no es vulgar ni ofensivo. No hay nada burlón en eso, como sí ocurre en eventos mundiales y justas deportivas, cuando algunas personas utilizan disfraces de ‘mexicano’, con sombreros gigantes, bigotes, tequila y hasta, en efecto, zarapes.

Y una cosa más. La colección completa no está inspirada totalmente en México. De hecho, hace referencias a Perú, Uruguay, Argentina y Colombia.

“Gordon y sus compañeros intentaron capturar y plasmar en las prendas todas las cosas hermosas y representativas de Latinoamérica como, un amanecer en Tulúm, la luz de Lima, las olas de José Ignacio, un baile en Buenos Aires y los colores de Cartagena”, elogió la prensa. Vaya, la propia Carolina Herrera es de Venezuela. Y hasta ahora, ninguno de esos países ha salido a denunciar ‘apropiación cultural’.

¿Qué dice la legislación?

Como hemos visto, una cosa es la inspiración y otra la apropiación cultural. Pero también existe el uso indebido de los símbolos patrios, el cual, en efecto, sí está prohibido en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno nacionales de México.

Entre otros puntos, este documento especifica cómo debe lucir el águila sobre el nopal, el saludo civil a la bandera “en posición de firme y colocando la mano derecha extendida sobre el pecho, con la palma hacia abajo y a la altura del corazón”, así como que “queda estrictamente prohibido alterar la letra o música del Himno Nacional”.

Se trata de una ley promulgada en 1984 que, ciertamente, merece una reconsideración. Actualmente, hay un señalamiento hacia cualquier cosa que tenga que ver tanto con la cultura nacional como con los colores patrios. Hay ejemplos burdos, como lo que hizo la cantante Paulina Rubio. En 2008, posó desnuda y envuelta en la bandera mexicana para la portada de una revista española. Apenas se enteró la Secretaría de Gobernación, la mexicana recibió una sanción que rondaba los 50 mil pesos.

Un caso muy sonado fue el que le ocurrió al cantante Luis Miguel. En 2004, la portada de su disco ranchero ‘México en la piel’ mostraba el rostro del cantante y, detrás, los colores verde, blanco y rojo, en un fondo sepia. De inmediato, las autoridades mexicanas denunciaron el uso de estos tonos y la cubierta del álbum tuvo que ser cambiada.

Ejemplos que sí merecían una penalización

Sin embargo, es curioso que este tipo de escándalos sea mayor cuando se trata de empresas y figuras extranjeras, aunque no siempre terminan penalizadas. Recordemos lo que hizo la estadounidense Miley Cyrus en 2014, cuando se frotó la bandera mexicana en el trasero durante su concierto en Monterrey. Sin embargo, tras lo ocurrido, las autoridades de Nuevo León no sancionaron a la intérprete, sino a los productores del espectáculo.

Dos años después, la polémica se centró en el canadiense Justin Bieber, tras compartir un video en Instagram donde se le veía bailar con pantalones deportivos que llevaban la bandera mexicana y cuyo escudo aparecía en la zona del pubis. Sin embargo, en este caso, ni el cantante ni su equipo fueron objetos de sanción. Es decir, ellos sí utilizaron símbolos patrios (la bandera y el escudo), pero el castigo fue para terceros o ni siquiera existió. ¿Cuál es el criterio entonces?

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Y el caso más reciente es la nueva colección de Carolina Herrera. Sea o no una apropiación cultural, centrar la atención gubernamental (y mediática) en algo como esto, no haría sino alejar a los diseñadores y creativos que toman elementos del vasto arte mexicano para sus prendas y productos. Y ahí es donde sí todos salimos perdiendo.

Por supuesto, existen otras casas de moda que han utilizado elementos mexicanos como inspiración para sus prendas de moda (ahí tenemos firmas como Pineda Covalín o la propia ¡Ay Güey!). Pero si una firma extranjera como Carolina Herrera hace algo similar, ahí sí vienen los señalamientos. Y tras la denuncia, ¿qué diseñador extranjero querrá inspirarse en México para sus prendas?

En otros países, esta restricción es diferente o simplemente no existe. Tenemos ejemplos como Estados Unidos o el Reino Unido. Quién no recuerda los inicios de las Spice Girls y el emblemático vestido de Geri Halliwell con la bandera de Inglaterra, que no hizo sino ayudar a promover (y hasta reforzar) la identidad nacional de los jóvenes británicos a partir de la moda.

En todo caso, de lo que se acusa a ciertas marcas de moda es del uso de diseños autóctonos para obtener ganancias millonarias sin aportar nada a los creadores originales. Sin embargo, hay quienes sí lo hacen. La mexicana Erika Álvarez y Karla Fernández, por ejemplo, trabajan con las comunidades indígenas de México promoviendo su arte por todo el mundo. El oaxaqueño Francisco Toledo hace lo propio y cita sus trabajos con su autoría y el nombre del artista local con quien colaboró.

La propia Carolina Herrera lo hizo en su colección de bolsas que presentó en 2015. La firma colaboró con la Asociación de Amigos Museo de Arte Popular de México (MAP) para una nueva versión de uno de sus Matryoska bag, utilizando rafia para formar flores y animales, de la mano de artesanas de Tenango de Doria, en Hidalgo.

Las artesanas que participan en este proyecto recibirán un precio justo por cada uno de los 90 bordados que realizaron. Asimismo, Carolina Herrera colaboró con la labor de los Amigos del MAP aportando un porcentaje de las ventas del bolso”, señaló el museo. Y entonces, ¿ahí sí fue inspiración y no apropiación cultural? El criterio sigue siendo ambiguo.

Ahora, siendo objetivos, de cumplirse a cabalidad esta Ley de Símbolos Patrios, ¿cuántas y cuántas figuras públicas tendrían que ser sancionadas? ¿Cuántos se han equivocado al entonar el Himno Nacional sin ser multados? ¿Cuántos políticos mexicanos, incluyendo al entonces presidente Enrique Peña Nieto, se han equivocado al hacer el saludo a la bandera? Incluso en 2018, en un evento presidencial, la bandera fue izada al revés. Y aquí no hablamos de apropiaciones culturales, sino de errores que están penalizados por la ley.

Más allá de la apropiación cultural

Es cierto. En el mundo, diversas empresas de ropa y alimentos han atentado contra el patrimonio cultural inmaterial de diversos pueblos indígenas. Han hecho una apropiación y reproducción indebida y, por supuesto, sin la autorización ni el consentimiento de diseños, patrones, pinturas y dibujos que forman parte de su cultura.

De hecho, recientemente, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México solicitó al Congreso local impulsar y aprobar una ley que ayude a regular esta situación.

Pero lo que hizo Carolina Herrera fue diferente. La discusión en torno a si su colección es o no una apropiación cultural seguirá siendo un debate abierto. Pero hay un tema mucho más de fondo. Mientras Alejandra Frausto pelea por si la apropiación o no apropiación, las comunidades indígenas continúan rezagadas por la falta de oportunidades y servicios básicos.

La lingüista de origen ayuujk Yásnaya Elena Aguilar Gil ha denunciado en varias ocasiones las violaciones a los derechos humanos que prevalece en diversos estados de México, ante necesidades tan básicas como el agua, por ejemplo.

Carolina Herrera no tomó ningún símbolo patrio ni los colores de la bandera ni el escudo. Pero apenas tomó una pieza para inspirarse y comenzaron los señalamientos hacia la ‘intocable’ cultura mexicana. Ahora pareciera que ya ni eso se puede hacer… cuando los gobiernos federales y locales, por décadas, han descuidado la identidad de sus pueblos y hecho a un lado las costumbres y causas indígenas.

@braham_MV