La maniobra secreta de Meghan Markle

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Hasta hace dos ratos, nombrar a Meghan Markle era nombrar a Kate Middleton, y no precisamente para bien. En los últimos meses del año pasado, todo lo que se decía de la esposa del Príncipe Harry hacía referencia a la mala, o malísima, relación que tenía con su cuñada Kate. Se habló de que no se hablaban y se habló de que cuando se hablaban, más bien se gritaban. Se llegó a afirmar que la mudanza de los Duques de Sussex era para alejarse de la Middleton. Contaban que las dos cuñadas no sabían compartir residencia en Kensington. Aseguraban que Meghan y Kate no podían ni verse, vaya.

Pero, parece, que la tormenta ha pasado. O eso es lo que quieren que parezca. Es la maniobra secreta de Meghan Markle. Más bien, es la maniobra secreta de la Casa Real británica. Si no había forma de acallar las mil y una referencias a la tensión entre las cuñadísimas, si no había forma de que cada vez que se mencionaba a Meghan no salieran a relucir sus discusiones con Kate, y si no iban a dejar de llevarse mal, la solución era que se hablase de otra cosa. ¿Cómo? Haciendo que salieran a la luz más noticias sobre Meghan. Buenas o malas, daba un poco igual.

La evolución del embarazo de Meghan no parecía suscitar demasiado interés en el público. No, al menos, como para olvidar la tensión con la esposa del Príncipe Guillermo. Se buscaron otras “perchas informativas”, y se han logrado. Primero fue criticando a Meghan. Criticar, por desgracia, siempre funciona como atractivo mediático. Salió a la luz que la Markle es la mujer de la realeza que más gasta en vestuario: casi medio millón de euros en el 2018. Esta noticia ayudó mucho a desviar el foco de atención sobre la relación entre Meghan y Kate.

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Ahora se ha realizado el remate de la maniobra de distracción: sacan a la luz el refugio secreto de los Duques de Sussex. Pero, en realidad, de secreto no tiene nada. Meghan y Harry llevan acudiendo a la casa de campo de la región inglesa de The Cotswolds desde antes de su boda. Pero, la estrategia ha funcionado. Ahora, hablar de Meghan ya no es hablar de Kate. Ahora hablar de Meghan es hablar de una preciosa casa del siglo XVIII donde los Duques se esconden para pasar sus escapadas de fin de semana.

El lugar es precioso. Meghan encuentra en aquellos kilómetros de bosque la paz que no tiene en Kensington, eso es cierto. Pero, todos recogen ahora la noticia de la casa de campo como el nuevo gran secreto al descubierto. Y de secreto nada, insisto. Es simplemente la maniobra de Meghan que ha salido bien. Ahora en lugar de pensar en Meghan como una mujer enfadada con Kate, pensamos en Meghan como una mujer relajada en el campo con Harry. Somos manejables. Mucho.