¿LGTBI versus uniforme militar?

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Madrid, 28 jun (EFE).- El cabo primero Pérez del Ejército español iba de la mano de su novio cuando se topó con un superior. Su reacción inmediata fue soltarse, un gesto que le hizo reflexionar y le ayudó a salir del armario. Y Alberto, otro militar, se convirtió en la subteniente Estrella, la primera transgénero de Tierra.

Ambos siguen en el Ejército y cuentan su experiencia a Efe con motivo del Día Internacional del Orgullo.

Entre las personas LGTBI de las Fuerzas Armadas aún existe temor a reconocer abiertamente que no son heterosexuales o que viven en un cuerpo equivocado, a pesar de que los que deciden no esconderse y plantan cara, como Pérez o Estrella, se sienten felices y respetados.

UN DÍA CON PANTALONES Y BARBA Y AL OTRO CON FALDA Y MAQUILLADA

La subteniente Estrella Cid, de 56 años y especialista en telecomunicaciones, es una de las tres mujeres militares transgénero de España: ella, en Tierra, y las otras dos en la Armada. Ha estado destinada en la Brigada de Alta Montaña de Jaca (norte) y también fue a la guerra de Bosnia-Herzegovina.

Entonces se llamaba Alberto y era heterosexual. Llegó a casarse y tuvo una hija. Y ya "tenía ese 'reconcome' de que quería ser mujer", pero su propia profesión y un ambiente familiar tradicional, con un padre militar muy estricto, no ayudaban.

"Yo calladita, calladita, seguí ascendiendo hasta llegar a subteniente. Y cuando estaba propuesta para mayor, fue cuando decidí hacer la transición y me caí de la lista", señala.

Su fracaso matrimonial fue el punto de inflexión que le empujó a tomar una decisión que le costó más comunicar a su familia que a sus superiores. "Mi madre -admite- se llevó un disgusto tremendo, no lo entendía", aunque le apoyaron tanto ella como sus hermanos.

En su trabajo, le ayudó ocupar una vacante en un centro deportivo sociocultural, donde solo eran cuatro militares. "No es lo mismo llevar a cabo el proceso en un regimiento de mil hombres", reconoce.

Se lo contó a su jefe, un coronel del Opus Dei, al que "se le cayó el mundo encima", pero le apoyó, al igual que el general. "Me dijo que estaba en mi derecho y que no me pondría ningún impedimento". E inició la transición.

Mientras que en su carné de identidad no puso 'Estrella', en el Ejército se le seguía considerando hombre, aunque tenía su propio cuarto de baño y fue todo más fácil.

En noviembre de 2018, el Boletín Oficial de Defensa publicó el cambio de nombre. "Un día aparezco con pantalones y barba y al día siguiente con falda, maquillada y superguapa", bromea. Y recalca que siempre se ha sentido muy a gusto en el Ejército.

"No me arrugo por nada y nunca se han atrevido a decirme algo a la cara, solo felicitaciones y mensajes de ánimo, pero sí sé que me han insultado a mis espaldas", resume.

SOY EL CABO PRIMERO PÉREZ Y TENGO MARIDO

También el cabo primero Pérez, destinado en el Batallón del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad, considera que ser fuerte frente a los compañeros ayuda a ser respetado.

Tiene 43 años, está casado y es padre de una niña. Ingresó en el Ejército a los 19 por vocación, pero no fue hasta los 24, después de dejarlo con una novia, cuando tuvo clara su orientación sexual.

"Al principio se calla, no se dice a nadie porque tienes miedo del 'qué dirán'". Cambió un día cuando iba de la mano de su novio en un centro comercial y se cruzó con un capitán de la Unidad Militar de Emergencias, en la que estaba destinado.

"Le solté la mano e hice como que no le conocía. Saludé al capitán y, cuando volví, mi pareja me dijo: "'Te das cuenta de que te avergüenzas de mí', y en ese momento se me encendió la chispa y pensé: 'esto no puede seguir así'".

Decidió salir del armario, "le gustara a quien le gustara". Empezó a contarlo a los compañeros más cercanos, que al principio no se lo creían, pero luego se lo tomaron bien.

Los rumores sobre su homosexualidad le acompañaron cuando cambió de unidad. "Lo notaba en el ambiente y en una formación dije: "No preguntéis más, soy yo y, si alguien quiere saber algo más, que venga y me pregunte".

"Cuando sales y te enfrentas ya no tienes problemas", asegura Pérez, que lamenta que no son muchos los militares que dan el paso.

Teresa Díaz

(c) Agencia EFE

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