Los clichés del 14 de febrero, o cuando el romanticismo se pasa de cursi

El 14 de febrero se ha convertido en la fecha perfecta para dar rienda suelta a los clichés y las muestras de amor más cursis, y hasta vergonzosas. ¿De cuáles eres ‘culpable?

Los corazónes son uno de los clichés típicos del 14 de febrero. Foto: Tulip / Getty Images.

Durante el 14 de febrero parece que el mundo entero es atacado por corazones. Desde las cajas de bombones, globos, arreglos de rosas y hasta en las uñas. Esta explosión cansa, porque además si sales con uno en tono verde, amarillo o azul, quedas crucificado. ¿Quién dijo que solo los corazoncitos eran sinónimo de amor o cariño?

 

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El rojo y el rosa dominan el mundo. Si bien ya los tenemos en forma de corazones en todo tipo de productos, hay quienes deciden que estos son los colores con los que vestirse y adornarlo todo el día del amor y la amistad. Y sí, el rojo y el rosa se asocian con el amor en algunas culturas, pero también con la rabia en otras.

Los chocolates son uno de los clichés más empalagosos. Quizá nos acostumbró Hollywood a esas cajas en forma de corazón (porque no podía ser de otra manera), como el recurso por excelencia para regalar. Y no es que no nos gusten los chocolates, pero es casi seguro que llegarán a casa de cualquiera que celebre el 14 de febrero.

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Los osos de peluche son casi una obligación y si son gigantes, mejor. No olvidemos que para muchos San Valentín no se trata solo de demostrarle a tu pareja que la quieres, sino de que todo el mundo se entere. Así, cuanto más grande el oso de peluche, pareciera que más se quieren y más personas se enteran. ¿Qué hacen con el pobre oso si la relación termina?

Las rosas también son una tradición. Esto es terrible, no solo porque la alta demanda hace que el precio de estas flores se eleve por las nubes, sino porque pareciera que cuanto más grande el arreglo más grande el amor.

La cena romántica también es un clásico del 14 de febrero. No es que cenar en pareja esté mal, es solo que hacerlo en un restaurante no solo resulta caro, sino que todo el cliché del día te persigue sin cesar, además de las multitudes, porque es tan ‘obligado’ que pareciera que todas las parejas del mundo deciden ir a cenar solas ese día. Así que si no reservas a tiempo tendrás que esperar, y si reservas tendrás que soportar que todo esté lleno, y lleno de corazones.

 

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Casarse o comprometerse son otro clásico de San Valentín, y no siempre con buenas repercusiones. De hecho, un estudio de 2016 encontró que 11% de las parejas que se casan en esta fecha se divorciarían en cinco años, y 21% en nueve. Vamos, que no es obligación casarse ni pedir matrimonio en esta fecha, hay otros 364 días en el año para ello.

 

Y para rematar, el típico dije en forma de corazón, o que se separa en dos partes, también acompaña a estas fechas. E insistimos, no se trata de que esté al declarar el amor ni de regalar objetos que lo simbolicen, es solo que pareciera que en esta fecha o lo haces de esta forma, o no cuenta.

 

La festividad del 14 de febrero se remontaría a la roma antigua, cuando se celebraban los Lupercales que, además de honrar al dios que protegía a los rebaños y a la loba que alimentó a Rómulo y Remo (fundadores de Roma), marcaba el inicio de la primavera y se celebraba la fertilidad.

Lo que celebramos hoy se acerca poco solo al tema de la fertilidad, y por eso el amor de pareja toma el papel principal, y estos clichés son la epítome de cuánto nos hemos alejado de su origen.

@travesabarros