Los mitos del insomnio infantil y el uso de fármacos para resolverlo

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El sueño del niño es diferente al sueño del adulto. No podemos orientarnos por los mismos indicadores de un adulto para determinar la existencia o presencia de un trastorno de sueño infantil/Getty Images.
El sueño del niño es diferente al sueño del adulto. No podemos orientarnos por los mismos indicadores de un adulto para determinar la existencia o presencia de un trastorno de sueño infantil/Getty Images.

Melatonina sintética para los peques ¿sí o no?, una pregunta habitual de las familias, en general confundidas o desorientadas ante la normalización de uso de drogas o fármacos para conseguir que los ritmos de los pequeñines se adapten a los nuestros.

Somos parte de un mundo, que entre muchos vicios, padece dos que son especialmente dañinos porque afectan directamente una etapa muy sensible del desarrollo como es la infancia.

El primero vicio al que me refiero es crear trastornos y diagnósticos para patologizar los comportamientos normales infantiles que tanto nos molestan, agotan, demandan energía y atención. El segundo el farmacocentrismo del sistema médico occidental que lleva como primera opción a medicalizar o administrar drogas o fármacos para “solucionar” dichos “síntomas” o conductas que tanto nos molestan o inquietan en aras de conseguir que las criaturas se acoplen a una pretendida normalidad que básicamente alude a la sobreadaptación a nuestras necesidades, rutinas, prioridades organizativas adultas.

Lo primero que necesitamos saber

El sueño del niño es diferente al sueño del adulto. No podemos orientarnos por los mismos indicadores de un adulto para determinar la existencia o presencia de un trastorno de sueño infantil. El adulto ya está maduro para dormir en solitario y puede o debería poder regular mejor sus despertares nocturnos respecto a un niño pequeño.

Los despertares frecuentes son mayoritariamente normales durante la primera infancia (más o menos 0 a 5 años) hasta que consiguen madurar naturalmente, sin entrenamientos ni drogas como la melatonina sintética, para conseguir establecer las fases necesarias hasta construir una arquitectura de sueño un poco más parecida a la de los adultos. Hasta entonces, unos niños más que otros, necesitan despertarse varias veces por la noche y depender de su madre o padre para calmarse y dormir tranquilos, sin angustia.

Insisto, corrientemente estos despertares frecuentes no son producto de un trastorno por hábitos de sueño incorrectos o por problemas genéticos o de desarrollo infantil. Tampoco implica un trastorno por mal hábito sueño la necesidad de dormirse amamantados, mecidos, arrullados, cerca del cuerpo segurizante de los padres, sino que se trata de la forma propia de dormir basada en el diseño biológico de las criaturas humanas naturalmente inmaduras y dependientes de los cuidados de sus adultos significativos.

Los verdaderos trastornos de sueño graves son excepcionales e incluso en esos casos la medicación debería ser la última solución.

Según la psicopediatra experta en sueño infantil Rosa Jové, entre los problemas que refieren los padres en la mayoría de las consultas se encuentran:

  • Las disomnias: cantidad de sueño insuficiente o excesiva, alteraciones horarias, apnea de sueño por amígdalas y adenoides excesivas que causan muchos despertares nocturnos fruto de la irritación de la garganta y consecuente necesidad de hidratarse para volver a dormir, y que por ende altera la calidad de sueño infantil.

  • Las parasomnias que son acontecimientos o conductas anormales durante el sueño en la fase entre sueño y vigilia (pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, somniloquia o hablar dormidos, bruxismo, automecimiento).

Incluso en estos casos, con la orientación de un buen profesional experto en sueño infantil, conocedor y respetuoso de las reales necesidades de la infancia (recomiendo evitar recurrir a los coach de sueño), las dificultades pueden mejorarse mediante una intervención adecuada sin recetas conductistas que priven a las criaturas del colecho o de dormir mecidos, consolados y amamantados por su madre ni mucho menos medicándolos con melatonina sintética entre otras drogas farmacéuticas.

Cuidado, es una droga no es un caramelo

La inocuidad de la melatonina sintética no ha sido demostrada ni siquiera en el consumo adulto, mucho menos en niños que se encuentran en pleno proceso de desarrollo de sus sistemas fisiológicos y hormonales. Por tanto, la solución no pasa por medicar a los niños, ni siquiera con “remedios caseros” como la manzanilla cuyos efectos secundarios en lactantes tampoco han sido estudiados, ni mucho menos con hormonas sintéticas o drogas farmacéuticas.

La melatonina es una hormona que se produce naturalmente de forma endógena en nuestro cuerpo. Está vinculada con los procesos de regulación de descanso (sueño y vigilia). Se libera más o menos respondiendo a la presencia de luz o de oscuridad.

Los seres humanos nacemos equipados para que esta melatonina endógena se equilibre y autorregule los desajustes generados por cambios de estación, jet lag, entre otros. Se desconocen las interferencias a largo plazo que una hormona sintética producida y comercializada por la industria farmacéutica puede generar durante un periodo crucial en el que los procesos y sistemas fisiológicos, neurológicos, bioquímicos relacionados con el sueño y la vigilia se están estableciendo. No hay estudios que demuestren la inocuidad de esta hormona sintética administrada en niños, sobre todo en un periodo de formación tan delicado como es la primera infancia.

El colecho, mecer, arrullar, cantar, baño tibio, masajes, abrazos, contacto amoroso, bajar las luces, ralentizar el ritmo en casa han sido las formas naturales de dormir a los niños/Getty Images.
El colecho, mecer, arrullar, cantar, baño tibio, masajes, abrazos, contacto amoroso, bajar las luces, ralentizar el ritmo en casa han sido las formas naturales de dormir a los niños/Getty Images.

Los escenarios realmente complejos de patologías específicas que pueden llegar a requerir medicación son excepcionales, no la norma. En estos casos la medicación siempre debería ser evaluada y prescrita por un médico, ojalá bien facultado para hacer diagnósticos reales y no diagnósticos falsos lamentablemente tan extendidos, y ojalá además, profesionales conscientes como para agotar todas las posibilidades antes de recurrir a drogas para poner a dormir a los niños.

Administrar alegremente melatonina sintética a los niños es una irresponsabilidad. Por favor, paremos ya. Usemos el sentido común, seamos honestos, miremos si el problema real hunde raíces en el hecho de que la manera de dormir de mi hijo no me deja descansar a mí, en lugar de patologizarla. Entonces tratemos de encontrar soluciones respetuosas adaptadas a cada circunstancia particular y única.

De toda la vida la teta, el colecho o compartir cama o habitación con las criaturas, mecer, arrullar, cantar, baño tibio, masajes, abrazos, contacto amoroso, bajar las luces, ralentizar el ritmo en casa han sido las formas naturales de dormir a los niños. Es así como se regula el sueño de las criaturas y su melatonina endógena, no hormonándolos con melatonina sintética.

Menos pantallas con sus luces y estridencia, menos chucherías y alimentos superfluos con alto contenido de harina procesada y azúcar que contribuyen a acelerar y alterar a las criaturas ... Más cariño y tiempo, más conocimiento, empatía y respeto a sus ritmos y sus necesidades. Esta es la forma ética de prevenir alteraciones y fomentar un sueño infantil saludable.

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