Los polémicos ERTES, presagio de un chaparrón de ERES los próximos meses

Esta semana, Nissan ha anunciado el cierre de su fábrica en Barcelona, lo que dejará a 3.000 personas en el paro. La multinacional del aluminio Alcoa, que acumula pérdidas de 165 millones de euros en los tres últimos años, también planea el cierre de su planta en San Ciprián (Lugo), lo que podría suponer la pérdida de unos 700 empleos. Easyjet planea recortar el 30% de su plantilla, lo que se traduciría en 4.500 despidos, e Iberia y Vueling ya han afirmado que realizarán ajustes de plantilla al finalizar sus ERTE para “mantener la viabilidad de la compañía”.

Muchas empresas no retomarán del todo su actividad ni conseguirán ingresos al nivel del 2019 durante lo que queda de año, por lo que se verán obligadas a cerrar o a convertir sus ERTE en ERES. Esto se debe, en parte a la inseguridad jurídica actual en ausencia de una interpretación clara del nuevo modelo propuesto por el Ejecutivo, que dicta que la empresa que haya incorporado algún trabajador desde el pasado 13 de mayo pase de un ERTE por fuerza mayor a uno por fuerza mayor parcial.

El ERTE por fuerza mayor parcial nace con el objetivo de reactivar la economía y facilitar a las compañías la contratación de nuevos empleados en función de la demanda. De esta forma, las empresas se dividen entre las que todavía no han podido abrir sus puertas (que seguirán en ERTE de fuerza mayor total) y las que tienen a una parte de su plantilla bajo un ERTE y otra parte ya trabajando.

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Nissan ha anunciado el cierre de su fábrica en Barcelona, lo que dejará a 3.000 personas en el paro. Podría no ser el único ERE que se anuncie próximamente. (Foto: Albert Llop/NurPhoto via Getty Images).

En otras palabras, esto implica que el nivel de bonificación en las cotizaciones, tanto para los trabajadores que vuelven a su puesto de trabajo como aquellos que siguen con el empleo suspendido, se vea rebajado significativamente.

Muchas quejas han venido por parte del sector turístico, donde un 28% de sus trabajadores se han visto afectados por un ERTE. Los establecimientos se han encontrado ante una situación difícil: si incorporan un solo trabajador a su plantilla, se exponen a perder parte de las bonificaciones del resto de empleados del establecimiento, financiadas por el Gobierno durante el estado de alarma.

El secretario de turismo de Comisiones Obreras, Gonzalo Fuentes, ha declarado que la idea de los ERTE de fuerza mayor parcial “tiene buena intención, pero ha generado incertidumbre y un parón en las contrataciones.” Lo que el sector quiere evitar a toda costa es pasar a los ERES el próximo mes de julio.

¿Es legal pasar de un ERTE a un ERE?

El temor al despido tras un ERTE preocupa a los más de tres millones de trabajadores que se encuentran en una situación de suspensión temporal de empleo. Según la Seguridad Social, más de 130.000 empresas han cerrado en dos meses, un número que, probablemente, seguirá aumentando en los próximos meses.

La tasa de paro se había disparado a finales de marzo hasta un 14,4% desde el 13,8% en trimestre final de 2019. En abril: los desempleados aumentaron en 283.000 personas (hasta 3,8 millones y las Altas a la Seguridad Social se redujeron en 632.000 personas (hasta 18,4 millones). En los primeros cuatro meses, las altas se han reducido en casi un millón de personas. Además, estas cifras no incluyen los ERTEs, que se estiman en 4,1 millones de personas dadas de Alta en la Seguridad Social, aunque no están desarrollando su actividad.

El servicio de estudios de Bankinter estima que la Tasa de Paro se sitúe en 2020 entre 15,8% y 20,7% y en 2021 entre 14,5%/19,4%.

En cuanto a la mutación posible de ERTE a ERE, es cierto que una empresa sí puede despedir a un trabajador estando en ERTE, pero no sin justificación. Algunos hechos que justificarían el despido son, por ejemplo, que el empleado insultase a su jefe o tuviese la llave del local y aprovechase la situación para robar. Hay que tener en cuenta que, aunque esto es una suspensión temporal, sigue habiendo una relación laboral entre la empresa y el trabajador, por lo que la compañía podría despedirle de forma disciplinaria si fuera necesario.

Aunque en principio no debería ocurrir, sí es legal pasar de un ERTE a un ERE. Si la empresa se ve obligada a cerrar definitivamente, puede presentar el ERE, pero primero tendrá que finalizar el ERTE que estaba en curso. En caso de que esto sucediera, los trabajadores estarían en su derecho de percibir una prestación por desempleo. Sin embargo, los expertos laboralistas afirman que es probable que los trabajadores de muchas empresas vean sus indemnizaciones recortadas y que tarden muchísimo en cobrarlas, porque estos procesos se pueden alargar años.

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