Los prejuicios de los adultos sobre la obesidad que trasmitimos a nuestros hijos

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El miedo, el rechazo, la discriminación y atribución automática de juicios negativos e infundados hacia la gordura o personas gordas es un fenómeno cada vez más acusado en nuestras sociedades. Afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes y se le denomina gordofobia.

En general la capacidad de integrar los valores de aceptación y de respeto a la diversidad, ha constituido siempre un enorme reto entre los grupos humanos acostumbrados como estamos a meter dentro de un cauce muy estrecho aquello que consideramos “normal”.

Los niños y niñas, como siempre, terminan siendo las principales víctimas de estas discriminaciones. Todo comienza desde muy pequeños cuando a los 3 meses no duermen del tirón o no comienzan a caminar al año o hablar a los 2 años, cuando no dejan el pañal antes de los 3 o todavía no escriben y leen a los 6, cuando no se quedan tranquilos y enfocados por largos períodos en clase, aparece el miedo, el juicio, el rechazo y seguidamente la presión del entorno hacia las criaturas para que encajen dentro de los parámetros o expectativas dictaminadas por el sistema, llevándolas, con no poca frecuencia, a ser diagnosticadas y tratadas para recuperarse de trastornos que no tienen.

Muchos niños son mal diagnosticados en su primera infancia/Getty Images.
Muchos niños son mal diagnosticados en su primera infancia/Getty Images.

El repudio social a la gordura

Nuestras sociedades penalizan a las personas con un volumen o peso mayor que el que se impone dentro de los cánones de estética mayoritarios, así como a personas que comen cantidades que no son las socialmente aceptables bajo el estigma del famoso pecado de la gula. Se piensa que las personas gordas son flojas, perezosas, que son descuidadas con su cuerpo y su salud, que carecen de voluntad o son débiles ante tentaciones… entre otros juicios muy destructivos.

Altos, bajitos, rubios, morenos, cabello liso o rizado, más reposados o más inquietos, introvertidos o extrovertidos… la diversidad es la verdadera norma, y en esta diversidad siempre vamos a encontrar cuerpos de distintos tamaños que hacen parte de las diferencias genéticas y culturales. Rechazar o juzgar a alguien por lo que marca la balanza, genera culpa, erosiona el amor propio, lleva a las personas gordas a vivir conflictuadas, avergonzadas por el cuerpo que habitan y que probablemente les acompañará a lo largo de toda la vida.

El acto de comer se ha convertido para la mayoría de las personas en un círculo vicioso de placer y culpa. Tener cuerpos que no encajan con el “establishment” de estética o salud es vivir bajo la presión constante del rechazo o la exclusión. Paradójicamente la comida industrializada de ultraprocesados bombardea constantemente por multiplicidad de medios sus productos para llevarnos impulsivamente a consumirlos. En paralelo se nos somete al bombardeo constante para condicionarnos a tener cuerpos atléticos como requisito de salud y poder de aceptación social. La misma civilización nos vende un problema y luego “la solución”.

La diversidad debería ser la verdadera regla para la convivencia/Getty Images.
La diversidad debería ser la verdadera regla para la convivencia (Foto:Getty Images)

¿Qué es lo que determina que una persona sea gorda o tenga sobrepeso?

Términos como sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida se desprenden de parámetros regulados históricamente por el sistema sanitario, basados en tablas del índice de grasa corporal. Mariangel Paolini, wellnes coach, científica e investigadora venezolana afincada en Lima, explica que el término gordo se ha usado despectivamente para llamar a las personas que tienen cuerpo grande. Añade que el término “sobrepeso” se ha introducido en el sistema sanitario hace más de 40 años para clasificar el tamaño de los cuerpos a partir de la correlación de algunos valores, como la estatura y ciertas dimensiones alrededor del cuerpo, con el fin de obtener un índice de masa corporal que determinará la tendencia a desarrollar determinados problemas de salud. Paolini es crítica frente a esta clasificación del “peso ideal” arguyendo que se ha prestado a generar prejuicios falsos sobre la predisposición a ciertas patologías de las personas con cuerpos grandes.

Explica que las evidencias científicas no arrojan correlaciones directas entre la obesidad y el riesgo a desarrollar ciertas patologías. Lo que sí que demuestran las evidencias científicas es un determinado camino o “ruta de vuelo” que lleva a las personas con sobrepeso a desarrollar ciertas enfermedades o verse afectadas por dolencias. Por tanto no siempre a mayor peso hay una mayor tasa de morbimortalidad.

El sobrepeso en sí mismo no es necesariamente una enfermedad. Puede haber personas gordas que consumen básicamente alimentos sanos en lugar de alimentos ultra procesados, que no fuman, no consumen alcohol o que no son sedentarias. Estos y otros elementos juegan a favor o en contra del desarrollo de patologías, sean personas gordas o flacas, explica Virginia Fernández, nutricionista afincada en Barcelona, España, egresada de la Universidad Central de Venezuela. La gordofobia es un problema que debemos atender con información y educación oportuna y adecuada.

En ningún caso podemos avalar la discriminación, el rechazo o exclusión hacia las personas gordas, como tampoco se trata de idealizar la obesidad por una mera reivindicación de derechos, ni tampoco la delgadez al costo que sea. Fernández hace hincapié en detectar el estilo de vida patogénico en el que nos vemos atrapados dentro de sociedades industrializadas y tecnológicas conllevando al consumo exagerado de alimentos ultraprocesados, al estrés y al sedentarismo entre otras dinámicas, consumos o costumbres que aumentan el riesgo a desarrollar problemas de salud. No se trata de vivir la vida medicados para sobrellevar enfermedades crónicas evitables como la diabetes, la hipertensión, problemas cardíacos asociados a una mala alimentación y precario estilo de vida. Se trata de enfocarnos en la prevención y responsabilizarnos por un cambio de estilo de vida más consciente y equilibrado, tarea compleja pero no imposible.

El aumento de la obesidad infantil y sus consecuencias ¿debemos preocuparnos?

Melisa Gómez nutricionista especializada en nutrición clínica pediátrica por la Universidad Central de Venezuela y creadora de Nutrikids explica que aunque existe una correlación entre la obesidad infantil y el desarrollo de patologías presentes y futuras, centrar el foco en el “sobrepeso y obesidad” no es el camino más efectivo para una solución al problema y sus consecuencias para la salud. La especialista en nutrición pediátrica conmina a “esforzarnos más en mejorar los entornos en los que crecen los niños, el acceso a los alimentos, la salud, la actividad física…” en lugar de centrase en lo que marca la balanza.

Una crianza para prevenir la obesidad infantil en lugar de recriminar frente a la báscula (Foto: Getty Images)
Una crianza para prevenir la obesidad infantil en lugar de recriminar frente a la báscula (Foto: Getty Images)

Melisa Gómez subraya que favorecer entornos más saludables pasa por controlar la publicidad dirigida a niños. Destaca también la importancia de una buena educación alimentaria para padres y niños basada en el disfrute en lugar de las restricciones.

Para ayudar a los peques a prevenir la obesidad, la creadora de Nutrikids recomienda ayudar a los peques a cultivar los mejores hábitos de salud posible al margen del peso que tengan con lo cual nos alejaríamos de la idea de que solo el niño “gordito” tiene que comer fruta y tomar agua pero el delgado puede comer galletas con leche achocolatada, cuando el mensaje debería ser el mismo para ambos grupos.

Proteger a los niños de la gordofobia

La gordofobia puede provocar en la población infantojuvenil trastornos del comportamiento alimentario, relación poco saludable con la comida, distorsión de la imagen sobre sus cuerpos e incluso autolesiones… Melisa Gómez subraya la importancia de, sino erradicar, al menos reducir el número de mensajes negativos que reciben los niños, niñas y adolescentes acerca de los cuerpos de tamaño grande o de cualquier tamaño. Los progenitores precisamos desaprender creencias cuestionables y darnos cuenta de las formas en la que juzgamos el cuerpo de nuestros hijos e hijas, el propio cuerpo o de otros. Hay mucho material de ayuda para el abordaje de esta problemática desde el enfoque HAES o salud en todas las tallas, basado en evidencias científicas y que no se centra en el peso corporal para valorar la salud de las personas. La nutricionista pediátrica creadora de Nutrikids recomienda que nos orientemos con este enfoque tanto en nuestros hogares como en las escuelas para evitar la estigmatización del sobrepeso tan internalizado en la sociedad. Ojalá estemos a tiempo para que se detenga este flagelo en nuestra generación, zanja Melisa Gómez.

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