Maneras de ser padres y madres y su influencia en la adolescencia

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La familia constituye una de las principales influencias sobre el desarrollo de las personas durante toda la vida. En la adolescencia, a pesar de que aumenta la influencia de los iguales, padres y madres siguen desempeñando un papel importante en la socialización de los jóvenes.

El estudio de la influencia de padres y madres en el desarrollo de sus hijos se puede abordar desde dos perspectivas: una tiene que ver con el estilo educativo de los progenitores (la llamada perspectiva tipológica); la otra se fija en el modo de relacionarse de hijos y progenitores y se denomina perspectiva dimensional.

Los estilos educativos

Desde una perspectiva tipológica, se puede clasificar a padres y madres según sus estilos educativos. Se barajan cuatro estilos, según la proporción de afecto y control:

  1. El estilo democrático: altos niveles de control y altos niveles de afecto. Padres y madres suelen establecer reglas y tienden a controlar la conducta de sus hijos, pero al mismo tiempo les brindan apoyo y manifiestan actitudes afectuosas con ellos, estimulando la comunicación bidireccional y teniendo en cuenta su punto de vista.

  2. El estilo autoritario: alto control, pero menos afectuosos. Estos padres y madres dan importancia a la obediencia, el respeto por la autoridad y el orden. Son poco comunicativos y exigen el cumplimiento de las normas sin dar explicaciones de las mismas.

  3. El estilo permisivo: bajo control y un alto nivel de afecto. Son padres y madres tolerantes, afectuosos y poco exigentes con sus hijos. Ejercen poca autoridad y permiten de una manera considerable la autorregulación de sus hijos.

  4. El estilo negligente: Ejercen poco control sobre sus hijos y dan pocas muestras de afecto. Son padres y madres que tienden a preocuparse solamente de sus propios problemas, desatendiendo sus responsabilidades paternas.

Los tipos de padres y madres según su conducta

En cuanto a la aproximación dimensional, lo que se tiene en cuenta son las características conductuales de los progenitores. Se consideran las dimensiones del apoyo (calidez e implicación) y el rechazo, definido como la ausencia o privación de afecto de padres y madres hacia sus hijos.

En cuanto al control de los hijos ejercido por padres y madres, en esta aproximación dimensional se diferencian dos tipos: el control conductual, es decir, las estrategias para supervisar, regular y establecer límites en la conducta de los hijos; y el control psicológico. Este se refiere a las prácticas que generan en los hijos culpa y vergüenza, suponiendo, además, la retirada de afecto. Este último tipo de control puede limitar el desarrollo psicológico y social de los adolescentes.

Una madre conversa con su hijo adolescente (Foto: Getty Images)
Una madre conversa con su hijo adolescente (Foto: Getty Images)

Interés, confianza y autonomía

Recientemente ha emergido un nuevo constructo denominado conocimiento parental: se basa en cuánta información comparten los adolescentes y cuánta le piden sus padres y madres.

Otro concepto interesante, especialmente en relación con la etapa adolescente, es el de apoyo a la autonomía: cuánto se respeta la independencia y las decisiones tomadas por los hijos.

Tipos de disciplina

En estrecha relación con el concepto de control, se encuentran las técnicas disciplinarias empleadas por padres y madres para corregir la conducta inapropiada de sus hijos. Se han propuesto tres dimensiones fundamentales de la disciplina familiar:

  1. La disciplina inductiva o de apoyo, integrada por la afectividad, el razonamiento y las recompensas materiales.

  2. La disciplina coercitiva, basada en la coacción física, la coerción verbal y las privaciones.

  3. La disciplina indiferente o negligente, caracterizada por la indiferencia, permisividad y pasividad.

El impacto en la conducta adolescente

La agresividad es uno de los aspectos de la conducta de los adolescentes que se ve influido por las actitudes, las prácticas y los estilos educativos de padres y madres que hemos descrito anteriormente.

La percepción por parte de los adolescentes de unas influencias parentales positivas (afecto y calidad de los cuidados), así como una adecuada supervisión, actúan como elementos protectores que reducen la probabilidad de manifestación de conductas violentas y antisociales.

El estilo autoritario se relaciona en mayor medida con la manifestación de un comportamiento más agresivo y hostil hacia los iguales, si se compara con los estilos educativos democrático y permisivo.

La exigencia de obediencia sin discusión, propia de un estilo autoritario, se vincula a la presencia de conductas agresivas en los hijos que podrían deteriorar seriamente el ajuste de los adolescentes en diferentes contextos, entre ellos, el de las interacciones con sus iguales.

El estilo democrático de padres y madres se relaciona con un menor grado de conducta agresiva, ira y hostilidad en los hijos.

Demasiada disciplina o demasiada poca

Si se consideran las prácticas educativas de padres y madres, los jóvenes educados en hogares caracterizados por la ausencia de afecto, escaso intercambio comunicativo o la imposición severa de normas manifiestan más frecuentemente comportamientos agresivos hacia sus iguales. También, prácticas tales como la hostilidad y la permisividad se relacionan con la aparición de agresividad en niños y adolescentes.

En cuanto al control, se ha visto que tanto una disciplina coercitiva ejercida por padres y madres como una disciplina excesivamente laxa se relacionan con la aparición de agresividad en los hijos. No obstante, algunos autores sugieren que son las prácticas negativas, más que las positivas, las que predicen los problemas de conducta de los hijos.

¿Influyen lo mismo ambos progenitores, cuando es el caso?

Aunque en la mayoría de los casos se han analizado de forma global las prácticas empleadas por ambos progenitores (cuando es el caso), los datos indican que los chicos y las chicas valoran de forma diferente la relación que tienen con su padre o con su madre.

En concreto, las chicas perciben su relación con su padre más favorablemente que los chicos, lo que puede estar reflejando diferentes patrones de socialización por parte de los padres en función del sexo de los adolescentes.

Tipos de conductas agresivas

Cuando se habla de conducta agresiva, es interesante hacer una distinción entre agresión proactiva y agresión reactiva. Cada tipo de agresividad se asocia con patrones de socialización familiar diferentes.

La agresión proactiva presenta un carácter instrumental para conseguir recompensas externas e implica agredir a otros de forma calculada y organizada. Por el contrario, la agresión reactiva se considera una reacción ante eventos hostiles, relacionada con un pobre control de los impulsos y una tendencia a realizar atribuciones hostiles.

El primer tipo de agresión se suele relacionar con estilos de crianza caracterizados por el escaso control, una disciplina indulgente y la falta de comunicación y afecto por parte de padres y madres. Sin embargo, la agresión reactiva se ha relacionado con un control excesivo e inadecuado.

Por tanto, las recomendaciones con respecto al tratamiento de ambas formas de agresividad sugieren que, en el caso de intervención con jóvenes que presentan agresividad reactiva, sería adecuado fomentar la calidez y la prestación de cuidados por parte de padres y madres, mientras que en el caso de adolescentes que manifiestan agresividad proactiva, resultaría más eficaz el aumento de la supervisión.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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