Marcelo San Juan le canta a esta nueva realidad

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Marcelo San Juan se define como "un pescador de melodías"
Fuente: LA NACION

"Soy un pescador de melodías", asegura Marcelo San Juan. Y hay que creerle. A lo largo de los últimos cuarenta años, este músico nacido en Lomas de Zamora ha capturado en el aire unas cuantas que tenían el encanto suficiente como para transformarse en éxitos ("El hombre del espejo", "No sabés lo que es tener un amigo", "Cuando tú te vayas") y también le ha puesto su propio sello a otras creadas por colegas a los que admira, como "El corazón al sur" y "Sueño de barrilete", de su amiga Eladia Blázquez, o "Naranjo en flor", el venerado tango de los hermanos Homero y Virgilio Expósito.

Una selección de ese repertorio caracterizado por la fusión (tango, folklore, canción popular) será la base de Otra realidad, el primer concierto por streaming que San Juan dará apoyado por una banda -Leandro Marquesano en piano y teclados, Fernando Vázquez en bajo y José Luis Colzani en batería-, en un estudio de grabación de la zona de Beccar que garantiza una calidad de imagen y sonido óptimas. Será una transmisión simultánea para América latina, los Estados Unidos y Europa que comenzará este sábado, puntualmente a las 20 (las entradas se consiguen en Ticketek.com).

"Otra realidad" es también el nombre de un tema de aire tanguero que el autor compuso durante la cuarentena y donde la esperanza aparece encarcelada y el deseo de una tregua milagrosa se convierte en súplica. "Es una foto de este momento tan difícil, pero también una apelación al amor y a recuperar las calles", dice el músico, que hasta ahora solo había llevado a cabo en este aislamiento un par de breves shows íntimos y caseros grabados con un celular. "Yo sigo pensando que el público en vivo es irreemplazable, así que espero que esto no siga por mucho tiempo más. Hay que adaptarse, pero obviamente se extraña el calor de la gente. A mí la cuarentena me agarró con una gira europea a punto de empezar. Iba a arrancar en Madrid y había fechas en Italia, Portugal y Austria. También se había abierto una posibilidad en Israel. Fue un golpe duro, me costó asimilarlo y retomar".

-La proyección internacional para un músico argentino siempre es difícil, ¿no?

-Sí, porque depende de la suerte de pegarla con un tema. Eso siempre te abre una puerta, y nadie tiene la fórmula para lograrlo. A la mayor parte de los músicos argentinos a los que les va bien en el exterior le pasó lo mismo.

-¿Armaste este concierto pensando en lo que siempre te pide tu público?

-Es un recorrido por toda mi carrera, pero traté de hacer un promedio entre lo que me piden y lo que a mí más me gusta, que no es necesariamente lo mismo. También tuve en cuenta cuáles son las canciones que funcionan mejor afuera, porque este show se podrá ver en Estados Unidos y en muchos países de América Latina.

-Más allá de lo que estás produciendo hoy, ¿en qué momento de tu carrera pensás que conseguiste hacer mejores canciones?

-Hay una época muy linda que empezó con Transparente, un disco de 1982, y siguió con otros dos -Basta de sobrevivir (1984) y En los ochenta (1985)-,donde creo que llegué a muy buenos resultados. La creatividad no es siempre pareja en la carrera de un músico. Hay momentos donde estás con más pilas y más inspiración y otros que no tanto. Ese momento en los 80 fue muy bueno para mí. Fue cuando esta música urbana apoyada en la fusión en la que trabajo desde siempre salió muy redonda, bien equilibrada. Ahora también tengo cincuenta canciones nuevas que me gustan mucho. De ahí seguramente saldrá pronto un disco.

-En todos estos años te cruzaste con muchísimos grandes artistas: Mercedes Sosa, Eladia Blázquez, Luis Salinas, Lito Vitale, Rubén Rada, Dino Saluzzi... ¿Qué memoria tenés de esas experiencias?

-Admiro a todos ellos. Y me siento familiarizado también. Soy como un ahijado de artistas como Eladia o María Elena Walsh. De hecho acabo de subir a YouTube unas grabaciones con María Elena que tenía guardadas hace mucho tiempo. Hay muchos artistas que ejercieron una influencia decisiva en mi estilo. Pienso también en Chico Novarro, Rubén Juárez, el Flaco Spinetta o la Negra Sosa, que me invitó a cantar con ella en un teatro de Madrid. Fue un gran honor.

-¿Cómo conociste a Spinetta?

-Nos conocimos en Satchmo, un local donde tocaban músicos de jazz como Jorge Navarro y también el Negro Rada y Sandra Mihanovich. Era la época en la que el sacó el disco Bajo Belgrano (1983). Vino una noche, me vio cantar y después empezó a caer seguido por el lugar. Terminamos jugando al ping pong en su casa. Era un tipo muy querible y muy inteligente, además de ser un gran músico.

-¿Al Jarreau sigue siendo tu mayor ídolo?

Sí, me sigue pareciendo el mejor cantante de todos los tiempos. No tengo muchos ídolos. Admiro a muchos músicos, como Donald Fagen o Gino Vanelli, pero tengo idolatría por unos pocos: Jarreau, James Taylor y Djavan. A Jarreau lo conocí en Barcelona, en una conferencia de prensa posterior a un show. Fui y lo encaré directamente. Fue mi momento de mayor cholulismo (risas).

-¿Cuál creés que es tu mayor fortaleza como artista?

No hablaría de algo técnico, sino de la capacidad que tuve y tengo para seguir adelante a pesar de todas las vicisitudes que tuve que afrontar a lo largo de mi vida. Yo estoy contento porque se me siguen ocurriendo canciones y tengo energía para seguir produciendo. Cuando tenés la creatividad en funcionamiento, la edad no existe.

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