Mena Suvari estaba atrapada en un infierno mientras triunfaba en 'American Beauty'

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Muchos recordamos el año de 1999 como uno de los mejores en la historia del cine gracias al aluvión de historias originales, diferentes y excitantes que marcaron el debut de nuevas voces para la cultura cinematográfica. Fue el año de El sexto sentido, El club de la lucha, Matrix, Magnolia, Eyes Wide Shut, Toy Story y American Beauty. Pero también el año del estrellato definitivo para jóvenes actores como Haley Joel Osment y Mena Suvari. El primero se convirtió de repente en el niño más solicitado de la industria y la segunda ilustraba portadas de revistas personificando la fantasía americana gracias a su trabajo como objeto de deseo de Kevin Spacey.

Pero el éxito nunca es lo que parece, y mientras Mena Suvari mostraba al mundo su sonrisa en alfombras rojas, premios y entrevistas, por dentro sufría terribles traumas que la obligaron a vivir una doble vida ante los focos.

(Photo by Gabriel Olsen/Getty Images for Absolut Elyx)
(Photo by Gabriel Olsen/Getty Images for Absolut Elyx)

Tras darse a conocer por su papel en la saga de American Pie, Mena Suvari se convirtió en un rostro recurrente en revistas, eventos y alfombras rojas, sobre todo, por la secuencia de American Beauty simbolizando la obsesión fantasiosa de Kevin Spacey al imaginarla desnuda en una bañera de rosas.

Sin embargo, décadas más tarde la actriz de 42 años ha decidido revelar al mundo lo que realmente estaba viviendo. Por fuera todo eran brillos y glamur, sonrisas, aplausos y nominaciones, pero por dentro vivía atrapada en su propio infierno.

Estaba viviendo una doble vida” contó a la revista People a raíz del lanzamiento de su biografía en unos días. Cada vez que iba a un set. Cada vez que era entrevistada, estaba actuando todo el tiempo. Era otro papel que debía interpretar. Que yo estaba bien”.

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Al mantener las apariencias, Mena escondía la verdad de los traumas que había vivido y todavía seguía viviendo a espaldas de la industria, y finalmente ha decidido contarlos en sus memorias, The Great Peace: A Memoir, que llegará a las librerías de EE.UU el 27 de julio. Pero antes ha permitido que el mundo conozca este capítulo de su vida dando acceso a una parte del libro a la citada revista.

Cuenta que entre los 12 y 20 años fue “víctima de abuso sexual continuado”. Los terribles eventos comenzaron cuando estaba en sexto grado y fue violada por un amigo de sus hermanos mayores al que llama KJ. Sucedió cuando su familia acababa de mudarse a Charleston y ella estaba intentando ajustarse como “la nueva niña” del colegio. Relata que KJ comenzó a acecharla y presionarla para tener relaciones sexuales aunque ella le decía explícitamente que no quería. Pero un día, cuando estaba a un mes de cumplir 13 años, la llevó hasta una habitación en su propia casa y la violó.

Parte de mí murió aquel día” relata la actriz en el libro. “Me usó, se divirtió conmigo y me desechó. Me llamó una prostituta”. Añade que después de aquel suceso nunca pudo tener “una expresión [del sexo] saludable” y que sumado con la sensación que ya tenía de no sentirse vista y escuchada, estableció en ella la noción errónea de minimizar su valor como persona.

Se culpó a sí misma por lo ocurrido y desarrolló vergüenza propia hasta destruir su valía interna. Y así, la noción se mantuvo en ella y comenzó simplemente a sobrevivir. Pero a los 15 años, cuando se mudó a Hollywood para probar suerte como actriz, esa falta de autoestima la llevó a creer que no tenía alternativa cuando un manager al que consideraba su amigo y protector, quiso tener una relación sexual con ella. “A esa altura mi familia se había destruido. Mi madre se había marchado para encontrarse a sí misma y mi padre estaba en declive mental y físico. No sentía que tenía otra opción o que merecía una vida diferente” escribe.

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Sus experiencias y la necesidad de callar el dolor la llevaron a buscar distracción en la noche y las drogas. “Probé cualquier forma de automedicación que podía encontrar, solo para pasar el momento. Solo quería sobrevivir”. Sin embargo, el dolor no terminaría. A los 17 conoció a otro hombre, al que llama Tyler, que abusó de ella sexual y emocionalmente durante tres años. Relata que la presionó a formar parte en tríos sexuales y a buscar mujeres para llevarle a casa. “Recuerdo pensar que quizás así eran las relaciones: los gritos, los insultos, el abuso” añade mientras revela que seguía culpándose a sí misma. “Desde KJ a Tyler, era un proceso de destrucción”.

Mientras el dolor y el trauma la consumían por dentro, Mena buscaba consuelo en su trabajo, que comenzaba a darle la salvación que necesitaba a través del éxito de American Pie y los aplausos y nominaciones a premios por American Beauty. “Fue una experiencia hermosa” asegura sobre aquel drama existencial con Kevin Spacey. “Me dio la oportunidad de trabajar y expresarme junto cuando necesitaba salvarme”.

Pero entonces la exposición mediática la llevó a desarrollar una máscara superficial ante el mundo, y cuenta que era como vivir una doble vida “funcionando por fuera y por dentro desesperadamente intentando sanar”. Afortunadamente, Mena supo buscar ayuda. Rompió su relación toxica, dejó las drogas y comenzó a asistir a terapia, despertando en ella la sensación de que, finalmente, merecía una vida mejor. Por aquel entonces se casó en dos ocasiones llegando al divorcio, pero dicen que la tercera es la vencida, y finalmente contrajo matrimonio con Michael Hope en 2018 sintiendo por primera vez en su vida el deseo de formar una familia. Como catarsis final, Mena descubrió que estaba embarazada cuando terminó de escribir su biografía.

Su niño nació en abril de este año.

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Mena no busca simpatía al contar su historia, sino ayudar a otros que viven su misma situación a encontrar una salida. “Esta es mi verdad. Esta es mi voz. Estaba tan cansada de luchar y esconderme toda mi vida. Espero poder ayudar a alguien a ver su valor. Si puedo minimizar el dolor para alguien, entonces quiero hacerlo porque yo no tuve a esa persona” sentencia.

Si bien su carrera ha quedado lejos de aquella popularidad de comienzos de siglo, aferrada a películas menores o tv-movies, en su historia de vida resulta completamente secundario. Mena vivió el éxito sin poder disfrutarlo como merecía. Ahora, siendo madre y con la sanación que aporta el paso del tiempo, concluye que, por primera vez, se da el permiso para encontrar la voz que desearía haber tenido antes.

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