Por qué Donde viven los monstruos sigue siendo una de las mejores películas sobre la infancia

En una entrevista perdida de 2009, tres años antes de su fallecimiento, Maurice Sendak decía “Creo que hay algo barbárico en los niños y es algo que no está presente en muchos libros para ellos”. El célebre autor e ilustrador infantil estadounidense tenía una manera muy peculiar de retratar a los niños en sus obras, a quienes nunca veía como seres del todo inocentes, sino más bien complejos y difíciles de entender. Es por ello que, según él, nunca escribía explícitamente para ellos, sino sobre ellos, evitando edulcorar demasiado sus relatos para ajustarse a lo que se supone que debe ser un cuento para niños: simple, inocuo e inocente.

De la mente de Sendak nació una de las creaciones más queridas e influyentes de la literatura infantil, Donde viven los monstruos, cuento ilustrado sobre un niño descontrolado y rebelde que escapa de casa y va a parar a una isla habitada por criaturas monstruosas que lo acogen como su nuevo rey. El libro, publicado originalmente en 1963, generó bastante controversia en la sociedad del momento, ya que se consideró políticamente incorrecto y arriesgado. El componente siniestro del relato, sumado a una relación maternofilial que mostraba menos cariño del habitual, hizo creer que el libro podía no ser apto para los más pequeños, e incluso asustarlos. Pero Sendak siempre defendió su obra, manteniéndose firme en su propósito de no sobreproteger a los niños y escribir de forma honesta para ellos.

(Warner Bros.)

Donde viven los monstruos fue llevada al cine en 2009 de la mano de Spike Jonze, director de Cómo ser John Malkovich, Adaptation y Her. Ayudado por la Jim Henson Creature Shop, que creó a los monstruos (o Wild Things) de la película, Jonze adaptó el cuento de Sendak manteniéndose fiel a su espíritu a la vez que lo modernizaba con su particular sensibilidad indie. El film fue bien acogido por la crítica, pero el público la recibió con desconcierto, tal y como ocurrió 46 años antes con la publicación del cuento. Y no es para menos. Donde viven los monstruos no es la típica película infantil amable y complaciente, sino una aventura extraña y a menudo incómoda que no retrata a los niños como seres perfectos y angelicales, ni está interesada en ser una simple distracción para ellos.

Al igual que Sendak, Jonze decidió no pensar en el espectador infantil como un ser simple al que había que darle la comida masticada, sino que utilizó la historia para que tanto el adulto como el niño vieran en ella reflejadas sus preocupaciones y miedos, y con suerte, ayudarles a entenderlos y hacerles frente. A través de las complicadas relaciones que se establecen entre el niño protagonista y los monstruos, el film nos habla del miedo a no ser querido, los celos, la envidia, la soledad, el liderazgo, el poder y la dificultad que conlleva a veces mantener una amistad. Más allá de sus vistosas escenas de acción y su energía sin fin, lo más llamativo de la película son los diálogos en los que la historia se vuelve más cruda y los juegos salvajes dan paso a la tensión, los reproches y la enemistad, algo que tanto la literatura como el cine infantil suelen evitar o tratar muy por encima.

A medio camino entre El señor de las moscas, Peter Pan y Dentro del Laberinto, Donde viven los monstruos explora ese momento en la vida del niño en el que este aprende que sus acciones tienen consecuencias y su comportamiento puede hacer daño a los demás (en especial a sus propios padres), esa etapa de transición en la que debe entender que la vida no consiste solamente en juegos y siestas, sino que también hay que asumir responsabilidades, tomar el control y trabajar para mantener las relaciones que merecen la pena. Es decir, el momento en el que un niño empieza a ver el mundo como lo hacen los adultos.

(Warner Bros.)

Diez años después de su estreno, Donde viven los monstruos ocupa un lugar muy especial en el recuerdo de muchos espectadores, precisamente por no ser la típica aventura infantil que cabe esperar de un gran estudio. Visualmente preciosa y con canciones originales compuestas por Karen O, del grupo indie Yeah Yeah Yeahs, la película reinventaba el cine para niños sin miedo a volverse demasiado oscura o intensa (recordemos la escena en la que uno de los monstruos K.W. se traga a Max para esconderlo y mantiene una conversación con él dentro de su vientre), con sorprendentes arrebatos violentos y siempre tratando al espectador infantil con respeto y sin excesivos remilgos.

Sin ser un gran éxito de taquilla o estar muy presente en la cultura popular, la influencia de Donde viven los monstruos se puede sentir claramente en el cine infantil y juvenil de la última década. Su estilo visual, resumido a la perfección en ese épico tráiler que nos llevaba a la isla de los Wild Things al ritmo de ‘Wake Up’ de Arcade Fire, han sido replicados a menudo. El espíritu de la película, y por extensión el del relato de Sendak, se puede sentir en otras historias coming-of-age recientes como Peter y el dragón, I Kill Giants o incluso Mid90s, y es sin lugar a dudas uno de los referentes principales de Wendyel nuevo trabajo de Benh Zeitlin, director de Bestias del sur salvaje, otro film muy similar en fondo y forma a la de Jonze.

El legado de Donde viven los monstruos, tanto el cuento como la película, es la prueba de que se pueden contar historias emotivas, sinceras y divertidas para niños sin necesidad de pintarles el mundo como un lugar feliz y perfecto en el que no existen los problemas. Es más, demostrando que para que haya aprendizaje, el niño debe ser expuesto también al dolor, la confusión y la tristeza. Esto lo sabía Sendak, antes que él J.M. Barrie o Lewis Carroll, y después Jim Henson o Roald Dahl, todos ellos autores que supieron retratar la infancia de forma honesta, con relatos llenos de capas para los lectores y espectadores de todas las edades. En otra ocasión, Maurice Sendak dijo “Recuerdo mi infancia muy vivamente. Sabía cosas terribles. Pero también sabía que no debía contárselas a los adultos, porque les asustarían”. Por eso es mejor convertirlas en un cuento para niños.

Para seguir leyendo:

El mensaje correcto de Brokeback Mountain: no es solo una película de vaqueros gay

La condena que Anne Bancroft tuvo que pagar por interpretar a la Sra. Robinson en 'El Graduado'

La profecía de 1976, la película más maldita de todos los tiempos

'Canción del sur', la película fantasma que Disney guarda bajo llave

El asesinato real que inspiró Fargo, el clásico de los hermanos Coen