Misión humanitaria: un grupo de médicos argentinos viajarán a Polonia en el avión de Enrique Piñeyro para asistir a los refugiados por la guerra en Ucrania

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Jimena Juárez, Mercedes Heinermann, Hugo Magonza, Fanny Ribak, Dana Tatin y Pablo Rozic, el equipo que viajará a Polonia
Rodrigo Nespolo

“Es imposible pensar que una persona que huye de su casa ante bombardeos, corre a pie por ciudades que pueden estar siendo atacadas o tomadas y llega a un campo de refugiados no atraviesa una situación traumática de un inmenso impacto emocional”, señaló Pablo Rozic, jefe de Psiquiatría del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic).

Él es uno de los especialistas que viajará el lunes próximo, a las 23.30, hasta la ciudad de Przemyst, en Polonia, cerca de la frontera con Ucrania, para asistir en la clínica de atención primaria de un centro de refugiados, perteneciente a la Misión Médica Humanitaria del Hospital Hadassah de Jerusalén, que lleva operando en el lugar ante la invasión de Rusia a Ucrania desde el 7 de marzo pasado y donde colaboran también ONG locales e internacionales y profesionales del Hospital Universitario Médico de Lublin.

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Junto a Rozic, las médicas de familia, Mercedes Heinermann y Jimena Juárez, y la pediatra Dana Tatin conforman el equipo de cuatro profesionales que irán en uno de los vuelos humanitarios que comanda el expiloto de LAPA, médico y actual emprendedor gastronómico Enrique Piñeyro y cuyo regreso está previsto el 12 de junio, cuando llegue su reemplazo. También viajarán el director general del Cemic, Hugo Magonza, y la coordinadora de Desarrollo de la institución, Fanny Ribak. Se trata del primer equipo sanitario de argentinos y el 14° contingente de médicos y enfermeros voluntarios que cooperan en el operativo impulsado por Hadassah de forma rotativa, donde ya se trató a más de 12.000 refugiados. Esta noche viajará también un equipo desde Chile.

Rozic, de 70 años y que colaboró como psiquiatra militar en la guerra del Líbano, afirmó que se siente motivado por poder ayudar a la población ucraniana. “Es la primera vez que asistirá un equipo de salud mental en este operativo. Las necesidades eran muy urgentes ante las situaciones de trauma. Trataremos de hacer una evaluación rigurosa de cada paciente y estamos planificando, junto al equipo chileno, los psiquiatras de Hadassah y la OMS, una intervención en salud mental infantojuvenil, con una serie de juegos, para poder permitir a los chicos verbalizar sus impactos emocionales y poder trabajar con las madres y sus hijos, familias desmembradas que quedan en un lugar de tránsito. Pretendemos que este modelo quede establecido para que lo utilicen futuras delegaciones que roten por el lugar”, indicó a LA NACION.

Tatin, de 33 años y que actualmente trabaja en el Cesac N°1, compartió la motivación de su compañero: “Es un poco inexplicable el no poder imaginar lo que nos vamos a encontrar, pero tengo mucha energía y ganas de ayudar e intervenir en esta situación histórica desde un lado humanitario y pediátrico. También estoy temerosa por cómo me atraviesen las historias de las personas refugiadas, pero lo importante es aportar un granito de arena a esta causa”.

La pediatra detalló que atenderá, en un trabajo ambulatorio y de contención, a los chicos menores de 18 años y que le informaron de que la mayoría acude con patologías de gastroenteritis o virus desarrollados por la exposición de escapar de su hogar desde hace varios meses.

Operativo

Rozic realizó su formación posmédica en Jerusalén, de la mano de Hadassah Internacional y, cuando regresó a la Argentina, se incorporó al Cemic. Ambas instituciones comparten un convenio de cooperación académica, científica y tecnológica. Así surgió este viaje, explicó el experto. “Planificamos la rotación de alumnos de la carrera de Medicina y posgrados de un hospital a otro, pero cayó la pandemia. Hace un mes y medio, contacté al director de Hadassah Internacional y me dijo: ‘Terminó la pandemia, pero llegó una guerra’, y planificamos este operativo”.

El equipo realizará turnos de 12 horas de atención en el centro clínico, que pueden ser diurnos o nocturnos, en una ola constante de llegada de refugiados, como prevén. “Hadassah, por su experiencia, estima que 12 días es el tiempo necesario y suficiente para cada equipo y evitar la quema de los profesionales por los turnos prolongados”, apuntó Rozic.

Y añadió: “También reservamos un espacio del día con nuestro equipo, e invitamos al grupo de Chile y a los profesionales del lugar, a una actividad de grupo de reflexión, para poder discutir las situaciones vividas durante el día y hablar sobre la angustia. Es importante cuidarnos para poder cuidar”.

Además, el centro de refugiados cuenta con una farmacia local interna y los profesionales podrán derivar a los pacientes con necesidades médicas más complejas a otros establecimientos sanitarios de la ciudad o de otras zonas de Polonia si fuera necesario.

La realidad

Heinermann, de 27 años, es una de las médicas de familia que viajará en esta misión. “Vamos como médicos, pero en realidad estamos dispuestos para lo que venga al ayudar a las personas en lo que están transitando y a resurgir de lo que están sufriendo”. La especialista se centrará en la medicina de atención primaria: “Vamos por todo, con muchas ganas de poder poner el corazón en esta ayuda”.

Juárez, de 28 años y que viajó anteriormente al norte de Salta para atender a la población wichi, reveló sentir incertidumbre ante el viaje. “No vivimos nunca nada parecido a lo que vamos a encontrar al llegar. Como médica, creo que el trabajo también es humanitario: abordar la salud, por supuesto, pero también centrarse en la persona y en las comunidades”, apuntó.

Por su parte, Magonza, que permanecerá en Polonia dos días como apoyo institucional, señaló: “Entendimos que este esfuerzo se debe hacer desde el punto de vista sanitario y también humanitario. Las familias necesitan apoyo y contención emocional. Puede parecer que se encuentren físicamente bien y estar psicológicamente deteriorados ante la muerte de sus seres queridos, el desarraigo o el desconocimiento ante su futuro. Por ello, decidimos ayudar a mitigar el sufrimiento con un equipo comprometido”.

Ribak, que se encargará de la logística durante el viaje, dijo: “Estoy muy movilizada y conmovida por la disposición de los médicos del mundo a movilizarse tras dos años de pandemia, con todo lo que implicó para ellos esta situación”.

Hadassah precisó que más de 5,16 millones de ucranianos abandonaron el país hasta el pasado 22 de abril y que 2,4 millones se encuentran refugiados en Polonia.

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