'Bikram: yogui, gurú, depredador': el yogui que habría abusado de estudiantes sigue dando seminarios en España

Dale tan solo un poco de poder a la ignorancia y se convertirá en prepotencia” dice un adagio popular que me viene a la perfección para hablar de Bikram: yogui, gurú, depredador, el nuevo documental de Netflix que pone los pelos de punta. El filme expone la supuesta verdad detrás de Bikram Choudhury, el fundador de la famosa técnica de yoga que se practica a 40.6°C y una humedad del 40°, que se hizo millonario a costa de presuntas mentiras mientras supuestamente acosaba a sus estudiantes, verbal y sexualmente. Un hombre que habría creado un imperio millonario basado en el abuso. Un verdadero escándalo que de zen no tiene absolutamente nada.

El documental de 86 minutos estrenado en la plataforma el 20 de noviembre verdaderamente hiela la sangre. ¿Por qué? Porque vemos el retrato de un hombre que se aprovechó de la idolatría que provocaba en quienes creían en él, llegando a violar a varias de sus estudiantes mientras abusaba verbalmente de otras. Y nunca pagó por ello. A sus 75 años sigue enseñando. Y nada menos que dando seminarios anuales en México y España.

(Cortesía de Netflix)

Dicho documental nos presenta a un hombre que habla con la prepotencia del ignorante, alcanzando un poder que lo hizo sentirse invencible. Tanto que sus clases eran famosas por los abusos verbales del gurú, atacando a los estudiantes si tenían kilos de más, si hacían una postura errónea, si eran afroamericanos (motivo por el cual le cayó una demanda como muestra la película). Pero, como vemos en esta propuesta dirigida por Eva Orner -que produjo el documental ganador del Oscar, Taxi al lado oscuro- sus estudiantes lo permitían. Para ellos era la técnica que los empujaba a mejorar, mientras Bikram Choudbury ganaba más control sobre ellos, comportándose como un maestro religioso al que debían idolatrar, sentado en las alturas de la clase con aire acondicionado a sus espaldas.

Este hombre originario de Calcuta formó un imperio a partir de los años 70 cuando emigró a EEUU y abrió estudios de yoga en California y Hawái. Comenzó en un sótano de San Francisco en 1973 y para el comienzo del nuevo siglo tenía a Beverly Hills a sus pies. Se convirtió en el yogui más popular entre ricos y famosos expandiendo una franquicia centrada en su técnica de 26 posturas de Hatha Yoga y dos tipos de respiración, que popularizó en todo el mundo como Bikram Yoga. Al comienzo del documental conocemos que vendió su valía asegurando haber curado a Richard Nixon, de haber tratado a Elvis Presley y muchos más.

A través de varias entrevistas de archivo realizadas entre los años 80 y 2000s, descubrimos a un hombre que se creía superior. Por encima de la ley humana. Aseguraba haber ganado campeonatos nacionales de Yoga en India y haber estado a punto de participar en las Olimpiadas como fisicoculturista, pero sufrió un accidente con una pesa que le pulverizó la pierna. Y así, su propio maestro lo curó a través de la técnica que más tarde patentó como propia.

En los 90 creó un sistema para enseñar a futuros maestros a través de seminarios de 9 semanas. Los estudiantes se hospedaban en el mismo hotel donde atendían a clase y en la suite presidencial se quedaba el gurú, aunque tenía su propia casa ahí mismo en Los Angeles. Esto le permitía estar cerca de sus seguidores, a quienes llamaba a largas horas de la noche para ver películas o darle masajes, y quienes, algunas, habrían pasado de aprendices a víctimas. Eran cientos de mujeres jóvenes, con sueños de convertirse en yoguis como él, captivas durante el entrenamiento en un mismo hotel durante nueve semanas. Condicionadas a su vez por la actitud del maestro y su poder para darles la licencia necesaria para abrir un centro propio de Bikram Yoga.

El Bikram Yoga se hizo tan famoso que su fundador forjó una fortuna de millones de dólares, con una flota de coches Bentley y Ferrari que daría envidia a toda la familia Fast & Furoius.

Bikram: yogui, gurú, depredador

El escándalo se destapó en 2013, cuando una de las víctimas decidió contar su experiencia años más tarde. Tras ella salieron otras, desvelando el sufrimiento que pasaron por aprender la técnica e idolatrar tanto a este hombre que incluso tras los abusos siguieron tratándolo como el guía espiritual de sus vidas. Pero, a través del documental, vemos a un gurú que se aprovechó de sus seguidores, creando un círculo que dependía de él y solo de él, y quien supiera algo de su verdadera cara, callaba. Un déjà vu que nos recuerda a Harvey Weinstein.

En mi opinión, al ver la actitud de Bikram en diferentes entrevistas, se puede ver a un hombre prepotente que verdaderamente se creía por encima de la ley. Para defenderse de la acusaciones, dijo en una entrevista: No tengo que abusar de ellas o violarlas, si quiero tener sexo con mujeres habría una fila de millones de voluntarias”.

Soy el hombre más inteligente del mundo” dice en otra. “Soy el hombre más puro” asegura en otra ocasión con la seguridad que otorga el poder, no la sabiduría. Sin embargo, la verdad siempre termina saliendo a la luz, y según quienes investigaron su pasado, su figura como gurú estaría plagada de mentiras. No existe evidencia que haya tratado nunca a Richard Nixon. Ni que haya competido en campeonatos de yoga en India, ni que él haya creado la técnica de 26 posturas, sino que pertenecería a su propio maestro, Bishnu Ghosh.

Que Bikram se saliera con la suya gritando e insultando a sus estudiantes entre los 70 y 90, con la era New Age, el furor del yoga y la ausencia de redes sociales donde las denuncias corren a la velocidad de la luz, tiene cierto sentido. Pero verlo con los ojos del siglo XXI, sin dudas, produce otro efecto. Si un profesor de una actividad física nos insulta como él hacía no solo no volvemos más, sino que la mayoría seguramente volcaría su experiencia en redes para compartir la experiencia y evitar que se repita. Pero entonces, todos callaban y seguían sudando la gota gorda semi desnudos en sus clases.

Ante el escándalo de los abusos, la consejera legal que lo acompañó durante años lo demandó tras obligarla a renunciar bajo amenazas. Pasaron tres años hasta que pudieron tomarle declaración, dado a que huía continuamente del proceso civil, cancelando y protestando. Al final, se refugió tantas veces en la Quinta Enmienda para no responder las preguntas de tinte criminal, que la fiscal de distrito decidió más tarde que podía abrir un caso criminal en su contra por las supuestas violaciones.

Bikram: yogui, gurú, depredador

Perdió la demanda civil y el juez lo sentenció a pagar 7.5 millones de dólares a su ex empleada. Pero nunca los pagó. Pasó todos sus bienes a nombre de su esposa para protegerlos de la sentencia (incluso más tarde la familia habría retirado las posesiones del estado de California) y, una semanas más tarde, huyó del país. Así es. El gurú del yoga más famoso, que cantaba en sus clases y actuaba como una estrella del pop, es fugitivo de la justicia americana.

Esto hizo que las víctimas de violación no quisieran seguir adelante con el caso criminal dado que no podían sentenciarlo ni verlo cara a cara en el juicio y algunas llegaron a acuerdos. Es por todo esto que Bikram: yogui, gurú, depredador hiela la sangre. Por la prepotencia y la ignorancia. Porque no hace mucho del caso y, si creemos a las víctimas en plena era #MeToo resulta el colmo que este hombre siga libre. Que si. Que todavía está enseñando. Refugiado en México, sigue dando sus seminarios de Bikram Yoga a estudiantes que quieren ser profesores de la técnica. Hombres y mujeres a pesar de todo.

Es más, su ultimo seminario internacional fue este mismo año. Entre febrero y junio en España.

Y antes en Acapulco.

En Bikram: yogui, gurú, depredador vemos a un fugitivo de la ley estadounidense que predicaba el bienestar del yoga pero terminó destruyendo a la comunidad que creía en él.

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