'Abducted in plain sight', la historia real de una niña que fue secuestrada dos veces por un vecino pederasta

El género true crime nos ha acercado a todo tipo de historias. Desde asesinatos sin resolver, a sentencias injustas, crímenes del pasado y otros más recientes, y solo unos pocos nos dejan tan boquiabiertos como Abducted in plain sight. Y no porque detalle escenas violentas como lo hizo Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy o nos deje el corazón hecho añicos como consiguió Así nos ven, sino porque su historia es tan insólita que te quedas pasmado al no poder creer que una familia haya vivido por semejante trauma con tantas aristas que rozan lo ridículo.

La historia real es tan insólita que el guionista de The Act -el true crime sobre la madre con síndrome de Münchhausen por poder que torturó a su hija toda su infancia- ya prepara una docuserie dramatizada. Pero antes podemos conocer qué fue lo que pasó a través del documental disponible en Netflix. Una película más que recomendable porque logra un efecto tan impactante que no puedes quitártela de la cabeza. Con decirles que yo la vi hace poco más de un año y todavía me acuerdo de ella.

Top Knot Films

El gigante streaming no tradujo el título al español, pero si tuviera que hacerlo para que sepan de qué trata el crimen que cuenta sería algo así como “abducida a plena luz del día”. Lo de abducida va por parte doble, tanto en su significado de secuestro como de abducción alienígena. Y es que por esos dos significados van los tiros.

Abducted in plain sight se hizo en 2017 pero recién vio la luz el año pasado cuando Netflix la añadió a su catálogo. Y aunque su protagonista dio entrevistas para algunos medios estadounidenses, no fue una pieza del true crime que alcanzara la repercusión de Fabricando un asesino, Las cintas de Red Bundy o The staircase (todos brillantes por cierto) o historias dramatizadas como fueron Dirty John o Así nos ven.

Dirigido por Skye Borgman, el documental cuenta el doble secuestro de una niña de 12 años oriunda de Idaho llamada Jan Broberg Felt. Y digo doble porque fue secuestrada en dos ocasiones por el mismo hombre, un vecino y padre de familia llamado Robert Berchtold cuando él ya pasaba los 40. La primera vez fue en 1974, y la segunda un par de años más tarde. Seguramente te estarás preguntando cómo es posible que se repitiera el secuestro si el hombre debería haber estado en prisión por el primer crimen, ¿verdad? Pues no. Estaba libre porque los padres retiraron los cargos para protegerse a ellos mismos. Lo de este caso es insólito.

Robert Berchtold llegó al pueblo con su familia en los años 70s y enseguida encontró su lugar. Era un hombre pilar en su comunidad, iba a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, tenía un negocio y había hecho muchos amigos. Una familia cercana eran los Broberg. Los niños y las parejas adultas hicieron buenas migas desde el principio, pasaban mucho tiempo juntos y Berchtold fue ganando su confianza, la del matrimonio y sus tres hijas. Pero este vecino que se comportaba como un tío  con las niñas desarrolló una relación demasiado cercana con Jan. Para los padres de la niña, el hombre tenía fascinación con ella pero nunca desconfiaron de él. Ni siquiera cuando se marchó con ella para no volver en octubre de 1974.

Dijo que iba a llevarla a montar a caballo y volvían para la hora de la cena. Pero no volvió, sino que la durmió dándole una pastilla haciéndole creer que era para la alergia y la llevó lo más lejos posible. Lo increíble de todo esto es que los padres de la niña dejaron pasar cinco días antes de llamar a las autoridades. ¡Cinco días! Porque estaban convencidos de que Robert no le haría daño, que regresarían tarde o temprano y no querían “enfadar a Gail”, la esposa del secuestrador. Fue recién al quinto día de la desaparición que llamaron al FBI. Y el investigador se encontró con un cuadro: una familia extremadamente religiosa y muy inocente que desconocía por completo que tenían a un pedófilo entrando en su casa.

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El FBI tuvo que convencer a los padres que estaban ante un secuestro en toda regla, descubriendo que Berchtold tenía un historial oculto de obsesión enfermiza con niñas pequeñas. Su propia iglesia había detectado su “problema” y lo había enviado a terapia cuando dos familias ya lo habían desterrado de su círculo al descubrir sus intenciones con sus hijas. Evidentemente, en una comunidad tan pequeña, era todo un secreto. Los Broberg vivían en su mundo de ilusión, y antes del secuestro habían permitido que este hombre construyera una pared divisoria en la habitación de Jan y su hermana, diciendo que así tendría cada una su espacio, cuando en realidad él tenía otra intención: convenció a los padres de que había sido abusado sexualmente por una tía cuando era niño y que su psicólogo le había recomendado que debía pasar tiempo con las niñas de los Broberg para superar el trauma. Es más, que su mejor terapia era dormir al lado de Jan escuchando unas cintas terapéuticas. ¡Y le creyeron! ¡Este hombre, adulto y con familia propia, durmió al lado de la niña cuatro noches a la semana durante seis meses!

Lo interesante de Abducted in plain sight -además de su increíble historia- es que cuenta con la participación de Jan, ya adulta, sus hermanas y sus padres, contando cómo vivieron aquel capítulo en la historia familiar. Incluso formarán parte del equipo creativo de la serie para moldear la narrativa según crean conveniente. En el documental, los padres cuentan cómo fueron manipulados exculpándose en su inocencia pueblerina. Un tiempo antes del secuestro, la madre cayó en la seducción de Robert Berchtold con una sesión de besos, y el padre lo masturbó en el coche cuando el hombre le dijo que estaba sexualmente frustrado y necesitaba que su amigo “lo aliviara”. "Hice lo más estúpido" dice el padre en el documental reconociendo que fueron manipulados de manera que el secuestrador tenía secretos escandalosos de cada uno con los que podía amenazarlos. Lo de pueblo chico, infierno grande, nunca tuvo más sentido.

Tras crear este panorama de secretos y control sobre los padres, el hombre secuestró a Jan. La niña despertó en una caravana a oscuras, con una especie de caja que “le hablaba” con voces distorsionadas que decían llamarse Zeta y Zethra. Le dijeron que ella era “mitad alien” y que tenía una misión esencial: debía procrear un niño que también fuera mitad alien antes de cumplir 16 para salvar a su planeta. Si no cumplía, secuestrarían a su hermana. Y para ello debía tener relaciones sexuales con su compañero masculino. ¿Y quién era el compañero masculino asignado? Pues sí, el vecino pederasta. Ella confiaba en él, era como un segundo padre para ella. Tan pequeña y con tanto miedo se creyó todo el cuento, y así él comenzó a violarla porque “tenían que cumplir la misión”.

Los encontraron en México, donde el hombre había contraído matrimonio con ella. Pero en prisión, cuando aguardaban el traslado, Robert logró hablar con Jan antes que llegaran sus padres, convenciéndola de que no podía contar nada de la misión extraterrestre que debían cumplir. Que Zeta y Zethra lo habían visitado y le habían dicho que no podía tener contacto con ningún hombre, que si alguno hablaba del tema, su hermana Karen quedaría ciega, al padre lo matarían y secuestrarían a su otra hermana, Susan. Que a ella la vaporizarían de forma que ni su alma existiría. Y ella, con el miedo y la presión, obedeció.

No solo eso, el secreto la llevó a distanciarse de su familia. A vivir el miedo y el trauma sola. A no contar a nadie que había tenido experiencias sexuales con ese hombre. A callar y a vivir con el terror de morir en cualquier momento si no terminaba la misión.

Mientras la pobre niña vivía traumada con la amenaza de vida o muerte extraterrestre, ¿qué hicieron los padres? Retiraron los cargos cuando la esposa de Berchtold los amenazó con contar la experiencia homosexual que había tenido el padre de la niña con su marido. Y así, por miedo al qué dirán, el secuestrador quedó libre.

Pero la cosa no terminó ahí. La manipulación siguió creciendo y la niña se autoconvenció de que estaba enamorada de su vecino de 40 años. Mantenían el contacto a través de cartas de amor, y como no podía estar cerca de ella físicamente, el pedófilo comenzó un affaire con la madre. ¡Si, la madre de la niña! De esta manera, logró entrar en la casa de nuevo y a escondidas la siguió violando. La cosa llegó a su fin cuando el padre presentó una demanda de divorcio que exigía que la madre dejara el hogar familiar al estar poniendo a las niñas en peligro con ese hombre. La pareja logró remediar sus diferencias y, a continuación, la niña fue secuestrada por la noche de nuevo. ¿Padres débiles? ¿Inocentes? ¿Ignorantes?

El segundo secuestro duró 3 meses. Ni el FBI podía descifrar dónde había metido a la niña, ya de casi 14 años. El pedófilo llamaba continuamente a los padres intentando convencerles de que la niña había huido, que estaba en la calle y solo se comunicaba con él. Al final la encontraron. Estaba internada en un colegio católico, donde la había dejado diciéndole a las monjas que él era agente de la CIA y como habían escapado del Líbano, no podían decir nada a nadie que fuera a buscarla. Y las monjas, también, le creyeron.

A pesar de su regreso a casa, Jan siguió viviendo con el miedo en el cuerpo, convencida de que si no tenía un bebé antes de los 16, moriría. No logró superar aquel secreto hasta que llegó su cumpleaños. Al despertar al día siguiente, se dio cuenta que Zeta y Zethra no eran reales y fue entonces cuando contó la historia que llevaba años atormentándola.

Una historia tremenda que, al menos a mí, me llama la atención que no haya tenido más repercusión. Jan siguió adelante con su vida trabajando como actriz, incluso ha aparecido en series como Everwood o Criminal Minds y en películas como Iron Man 3 o At the devil’s door, y contó su historia en un libro escrito por su madre que inspiró la producción de este documental y que, como les contaba al principio, próximamente será una serie. ¿Qué pasó con Berchtold? Pasó poco tiempo en prisión y unos meses en una institución mental. La siguió acosando de adulta, sobre todo durante la gira del libro, y terminó suicidándose poco después de que ella consiguiera una orden de alejamiento.

Antes que desarrollen la serie, les recomiendo que den una oportunidad a Abducted in plain sight. El documental aporta mucho más detalles de lo que comparto en este artículo y ser testigo del testimonio directo de los padres y las hermanas remueve emociones de todo tipo en el espectador. Nos muestra un panorama insólito y ridículo donde al final la víctima fue Jan y de todos los adultos que la rodeaban. Uno por depredador, y los otros por ingenuos.

Al final, es cierto lo que dicen que la ignorancia puede ser un arma muy peligrosa.

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