‘Hogar’, el thriller infalible de Netflix que bebe de clásicos como 'Atracción fatal' y 'El cabo del miedo'

PUNTUACIÓN: 81/100

Utilizar películas como Atracción fatal, La mano que mece la cuna o El cabo del miedo como referencias cinematográficas son palabras mayores en el mundo del thriller. Sin embargo, después de ver Hogar, el nuevo thriller español estrenado en Netflix, no tengo más remedio que hacerlo.

(Quim Vives, Netflix)

La obsesión siempre ha sido uno de los elementos más recurrentes del thriller. Y cuando le sumamos el acoso acechante de un villano sin escrúpulos, interpretaciones brillantes y una dirección meticulosa, tenemos una película de género infalible. Y para los amantes de esos largometrajes que agrupan todas las características que acabo de detallar, Netflix estrenó Hogar, una película con opciones de convertirse en el nuevo fenómeno nacional de la plataforma.

A pocos días del estreno de El Hoyo, otro thriller español que logró colarse entre lo más visto de Netflix, el cine español vuelve a poner el listón alto con esta apuesta cargada de dosis de suspense de la vieja escuela. Me refiero a ese mismo suspense capaz de hacernos perder la paciencia con cada momento de intriga y nos remueve por dentro con villanos odiosos que provocan repelús. Como amante de este género de toda la vida, soy consciente que no suele ser a menudo que el cine nos sorprenda con un thriller efectivo. Más recientemente, la gran mayoría suele llevar ciertas dosis de terror pero Hogar pertenece a ese subgénero dentro del thriller que tantas joyas nos dejó en los 70s, 80s y 90s. Claramente bebe de grandes clásicos de la obsesión como Atracción fatal (1987), Mujer blanca soltera busca (1992) o La mano que mece la cuna (1992), y del acoso de cintas inolvidables como El cabo del miedo (1991) o La ventana indiscreta (1954). Incluso tiene claras referencias a El regalo (2015), esa joyita indie de Joel Edgerton (imposible no pensar en él cuando vemos a Javier llevando flores).

En esta historia dirigida por los hermanos David y Àlex Pastor (los mismos de las apocalípticas Carriers y Los últimos días), Javier Gutiérrez interpreta a un ejecutivo publicitario en paro experto en vender ilusiones en imágenes. Pero su larga experiencia y edad lo colocan en un punto dudoso para sus futuros empleadores que buscan jóvenes para puestos en prácticas o personas con ideas nuevas. Y este personaje, al que se le daba muy bien crear a la familia idílica en sus comerciales, comienza a ver su vida desquebrajarse.

(Quim Vives, Netflix)

Los apuros económicos llevan a que tenga que dejar el piso lujoso donde vive y mudar a su esposa e hijo a un apartamento pequeño que tiene en otro barrio. A poner en venta su preciado coche y ajustarse a la precariedad. Su esposa se adapta trabajando como limpiadora y oliendo a lejía cuando vuelve a casa; incluso su hijo lo intenta a pesar de sufrir abuso en el colegio por sus kilos de más. Sin embargo, para Javier, su vida está lejos de la perfección que disfrutaba antes.

Los hermanos Pastor consiguen que sintamos su desesperación, que tengamos cierta pena por su infortunio e incluso que comprendamos en cierta medida la curiosidad que siente cuando descubre que hay una pareja joven viviendo en el piso que tuvo que dejar. Pero todo cambia cuando vemos que encuentra una llave de aquel departamento. Porque así, tan fácil, su obsesión comienza.

Javier se obsesiona con esa vida familiar idílica que el personaje de Mario Casas vive con su esposa e hija pequeña en aquel piso de lujo. Ese que solía ser suyo. Comienza a envidiar, a sentir celos, formando una obsesión que va in crescendo. La gran imaginación que tenía para hacer negocios y manipular al público a través de las imágenes, le sirven a la perfección para crear a un ser despiadado, obsesivo y peligroso que quiere a toda costa la vida que el destino le ha arrebatado. Aunque no sea la suya.

(Quim Vives, Netflix)

Hogar bien podría repetir el furor de Contratiempo en 2017 -aquel thriller con Mario Casas que arrasó en China- porque logra captar nuestra atención a cada segundo que pasa, siendo una película que va directa al grano a la hora de cumplir su propósito. Es cierto que si somos quisquillosos podemos encontrar algunos cabos sueltos, pero no son lo suficientemente graves como para que Hogar no logre atraparnos.

Javier Gutiérrez hace un trabajo impecable como un ser despreciable. De esos villanos que terminas odiando y temiendo con todo tu ser. De esos que te provocan que quieras gritar a la pantalla (y por momentos lo hagas) ante la desesperación que solo una buena escena de suspense consigue provocar. Al igual que Javier, Mario Casas vuelve a demostrar que sigue siendo uno de los intérpretes más interesantes de su generación, capaz de transformarse en una misma película pasando por todo tipo de emociones con el cuerpo, los gestos o la voz. Y a pesar de tener menos escenas, lo transmite en cada una de ellas.

Es por eso que Hogar es una apuesta digna del éxito que seguro está por caerle. Una apuesta impecable, de esas para disfrutar a oscuras, en silencio y sin que nadie nos moleste.

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