Larga vida al cine de terror español: 'El segundo nombre' triunfa en Netflix 18 años después

El mundo de las sectas y la religión siempre fue un nicho perfecto para contar una buena historia de terror. Lo vimos en La semilla del diablo, El hombre de mimbre, Midsommar y tantas otras. Por eso no me extraña que un clásico español de este subgénero esté calando hondo entre los clientes de Netflix. Y no se trata de un estreno. Para nada. Si echas un vistazo al ranking de lo más visto de la plataforma verás que aparece un título estrenado hace 18 años. Hablo de El segundo nombre, la ópera prima de Paco Plaza que a la hora de escribir este artículo está en el puesto 7 del Top10 general de lo más visto de Netflix (el 2 en el ranking de películas).

'El segundo nombre' (Filmax)

La película llegó la semana pasada al servicio streaming como parte de un paquete de largometrajes de Paco Plaza y Jaume Balagueró que incluye las cuatro entregas de [REC], así como Frágiles; Darkness; Romasanta, la caza de la bestia; Los sin nombre y Mientras duermes. Un paquete para darse un verdadero atracón de cine de terror español de esos que nos dábamos en la era del videoclub. Y que, además, nos permite ser testigos de la evolución de los dos cineastas si las vemos en orden cronológico. El segundo nombre fue la primera del director de Verónica, y la madurez de su ojo cinematográfico es evidente al compararlas.

Con el cine de terror en pleno apogeo en cartelera -al menos hasta antes de la pandemia- y con éxitos constantes cada vez que Netflix estrena otra de sus apuestas, parece que la nostalgia hizo lo suyo y una de esas producciones está entre lo más visto de la plataforma. Y es curioso que el público haya elegido que sea El segundo nombre y no una de las secuelas de [REC], o clásicos como Los sin nombre o propuestas más recientes como Mientras duermes. En mi opinión, es probable que hayan jugado tres elementos para llegar al éxito: su trama relacionada al mundo sectario que siempre llama la atención, el que muchos espectadores probablemente no la conocían tanto como el resto de producciones nombradas y la sed que existe por ver películas de género.

Si hacemos memoria recordaremos que El segundo nombre forma parte de ese puñado de películas de terror españolas que saciaron la sed de los amantes del género cuando Hollywood exprimía la moda del terror adolescente con copias constantes del cine de Wes Craven. Aquel romance idílico entre los espectadores y las películas de terror españolas vivió la transición entre el auge y el ocaso de los videoclubs, dando sus primeros pasos a inicios de los 90s con la llegada de Acción mutante (1993) y El día de la bestia (1995) de Alex de la Iglesia, para lograr cruzar fronteras con Tesis (1996) y Abre los ojos (1997) de Alejandro Amenábar, El espinazo del diablo (2001) de Guillermo del Toro y, por supuesto, Los sin nombre (1999) de Jaume Balagueró. Y a continuación llegó El segundo nombre, una película que cuenta la historia de una científica que descubre un terrible secreto familiar tras el suicidio de su padre, mientras la seguimos a través de su intento de jugar al detective e hilar los cabos sueltos que pueden darle respuestas. Es por eso que el drama está más presente que el terror, al menos hasta el tercer acto donde se hace presente la tensión producto de la cercanía a una resolución.

Pazo Plaza debutaba con esta producción tras haber realizado varios cortometrajes y estrenar ese mismo año OT: la película junto a Jaume Balagueró, y lo hacía siguiendo la estela del éxito de Los sin nombre. Aquella cinta de 1999 estaba basada en la novela The nameless de Ramsey Campbell y tras obtener buenos resultados, los productores Julio Fernández y Joan Ginard se pusieron manos a la obra para adaptar otra de las novelas del autor dándosela a Paco Plaza.

El segundo nombre partía entonces de la novela The pact of the fathers y repetía una fórmula similar a Los sin nombre y otros thrillers de terror de Filmax, manteniendo una ambientación que roza lo paranoico y claustrofóbico y contando una trama acechada por la sombra de una secta religiosa pero centrada en la interpretación de sus actores. La película ha sabido envejecer con el paso del tiempo, sobre todo porque recurre a homenajes evidentes como La semilla del diablo (1968), un clásico que sigue, y seguirá, vigente, así como algunos momentos de autopsia que recuerdan a El silencio de los corderos (1991) o Inseparables (1989). Sin embargo, las actuaciones cojean casi dos décadas más tarde. Erica Prior y el resto de actores no logran transmitir el terror de la historia debido a la carga melodramática que aportan a sus internaciones, con expresiones y miradas exageradas que denotan el paso del tiempo.

Lo que vemos en pantalla ahora, 18 años después, es lo mismo que vimos en su estreno: una película de ambiente frío pero alta carga dramática, un buen debut para un cineasta novel pero que todavía no había terminado de desarrollar su voz en el género. Más tarde llegaría ese Paco Plaza más demoledoramente terrorífico que sabe jugar con la oscuridad de las historias para removernos por dentro del miedo.

Es por eso que El segundo nombre pertenece más a esa ola de cine de terror dramático, de dosis argumentales más recargadas que de secuencias de suspense, que inundó el género de terror español desde finales de los 90s. Y también a un Paco Plaza que quizás todavía no se encontraba como cineasta de terror, sino que recién comenzaba su camino pasando de una película formal y sin riesgos a convertirse en un cineasta de terror versátil, que se atreve a ser más bestial en sus momentos de impacto o más meticulosamente elegante como lo fue en su obra maestra en el género, Verónica. Y es por eso que, si todavía no la viste o no te habías percatado de su éxito en Netflix, te recomiendo que le des una oportunidad. Encontrarás el primer capítulo de un director “in the making” que hoy es uno de los referentes del género en la producción de terror española, pero también una película sólida, con una trama retorcidamente interesante. En el caso del cine de Jaume Balagueró, él recomienda empezar por Mientras duermes.

El poder contar con esta película y otras de las filmografías de Paco y Jaume de los 90s y 2000s en Netflix nos permite revivir esa pasión por el género que tantas tardes nos acompañó paseándonos por los pasillos del videoclub. Pero sobre todo nos permite disfrutar de producciones que quizás habíamos pasado por alto o revivir con nostalgia clásicos de otro capítulo en nuestra vida como cinéfilos. Y a juzgar por el auge de la película en Netflix, parece que la nostalgia ha logrado captar a unos cuantos.

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