Paco Cabezas, el director sevillano que se ha metido a Hollywood en el bolsillo

Lo de que ‘si puedes soñarlo, puedes lograrlo’ no sólo es una famosa frase de Walt Disney, es un hecho del que tenemos evidencias y a un protagonista que lo ha vivido en primera persona. A sus 41 años el director sevillano Paco Cabezas puede presumir (aunque no lo hace) de haberse metido a Hollywood en el bolsillo gracias a su ingenio, esfuerzo y, sobre todo, ilusión. Ha cumplido el tan ansiado sueño americano con creces y en mayúsculas pero a él le tiran sus raíces y su tierra, no siempre tan generosa con él. Después de casi cinco años recorriendo el mundo con sus películas y dirigiendo series de éxito en Estados Unidos, el director de Carne de Neón vuelve a casa. Lo hace un poquito antes de Navidad, y con un proyecto que le ha llenado alma y la esperanza de ser profeta en su tierra: Adiós, con estreno el 22 de noviembre.

Cortesía de Sony Pictures

Me di cuenta de que me faltaba algo en mi corazón y me apetecía hacer algo de lo que soy y siento”, nos dijo el cineasta en una entrevista que mantuvimos en exclusiva. Dicho y hecho. Como por arte de magia a sus manos llegó el guion de Adiós, un thriller y drama familiar que nos acerca a la cruda realidad de los habitantes de las 3000 mil viviendas de Sevilla y barrios aledaños, marcados por la pobreza, la delincuencia y los enfrentamientos de sus clanes. Un tema que él se sabe al dedillo y que le toca de lleno. Allí nació y creció, sufrió y se divirtió, rió y lloró. Así que nadie mejor que él para contar esta historia. “Habla de la muerte, de la redención, de cosas que me pillan muy de cerca. Mi infancia y mi adolescencia están marcadas por estos barrios. En muchas de las escenas de acción podía ver a mis padres desde el balcón mirándome, era muy curioso, te vas al otro lado del océano y vuelves a tu rodar a tu barrio”, expresa emocionado.

Precisamente en la Candelaria, en los Pajaritos y, por supuesto, las 3000 mil es donde se desarrolla la historia de Juan, el personaje de Mario Casas, un preso en tercer grado y padre de familia que sale en un permiso de la cárcel para asistir a la comunión de su niña. Su salida, que comienza siendo toda una fiesta llena de algarabía y alboroto, termina en tragedia cuando la pequeña muere accidentalmente. El resto es sangre, dolor, ojo por ojo de una familia con sed de venganza y un entramado de corrupción policial que debía ser contado con mucha entraña. Y para que eso fuera posible necesitaba actores pasionales que se dejaran la piel y se entregaran en cuerpo y alma al personaje. Por eso recurrió a Natalia de Molina, a Carlos Bardem y, especialmente, a Casas porque después de trabajar con él en Carne de Neón sabía que daría la talla. “Mario es eso, es pura pasión, yo no puedo trabajar con un actor que no se entrega. Mario adelgazó, practicó el acento con sus amigos de Sevilla saliendo con ellos, echándole horas, lo dio todo porque es un tío entregadísimo”, explica. Contar con el actor le ha valido alguna que otra crítica, pues hay quienes le siguen viendo como la eterna cara bonita del cine español, pero al ver el resultado final Paco sabe que hizo lo correcto.

Su instinto como director siempre le ha guiado. Nunca se ha rendido ante las adversidades y los resultados saltan a la vista. Su romance con Hollywood llegó casi por casualidad. Tras la presentación de Carne de Neón en el festival de cine de Tribeca, un mánager se le acercó y le propuso representarle, así sin más. Una oferta muy jugosa que Paco no dejó escapar. Todavía recuerda las aventuras de esas primeras reuniones en Los Ángeles, esos comienzos duros pero bonitos que dan valor a los logros posteriores. Porque si hay algo que no se puede negar es que nadie le ha regalado nada, todo se lo ha ganado a pulso, con su talento, con sus ganas y con su par de narices. “No tenía carné de conducir así que me compré un patinete de estos que se pliegan y despliegan, me movía así porque no tenía mucho dinero. Acudía a reuniones todo el rato, las primeras son increíbles porque todos te aman, y luego te das cuenta que sólo un cinco por ciento es real. Pero como soy cabezón y era una época complicada en España, dije, voy a seguir dándome cabezazos contra la pared de Hollywood hasta que la pared se rompa”, recuerda con la ilusión todavía en el tono de su voz.

Cortesía de Sony Pictures

Desde luego hizo honor a su apellido, hasta que no lo logró, no paró. Su constancia tuvo frutos y en apenas unos meses estaba dirigiendo a la creme de la creme de la meca del cine. Desde el mismísimo Nicolas Cage en la cinta Tokarev, hasta Sam Rockwell en Mr. Right. Las series tampoco se le resisten y ya es uno de los cerebritos de este fenómeno en títulos tan destacados como American Gods, El alienista, Fear the Walking dead y nada menos que Penny Dreadful con la que continúa en su nueva temporada City of Angels, de la que también es productor. ¿Qué es lo que le ha cautivado del otro lado del charco? Lo tiene claro. “La revolución real con las series es la figura que ellos llaman el show runner que aunque es una palabra muy rimbombante en realidad es un guionista, es el que corta el bacalao, el que está al mando. Darle el poder a la persona creativa es lo que hace que haya calidad detrás de una serie, una película. Si el poder lo tiene el productor y el dinero al final podría terminar tomando las decisiones equivocadas”.

Entre sus experiencias más bonitas se encuentra la de trabajar con John Logan, el guionista de grandiosas películas como Gladiator, Star Trek: némesis o El Aviador por la que estuvo nominado al Oscar. Para él es una especie de mentor con quien ha formado el equipo perfecto desde que coincidieran en la serie Penny Dreadful. “Tenemos un gusto estético y cinematográfico muy parecido que hace que nos complementemos muy bien. Él es más la poesía, el teatro, la belleza, la estética, los diálogos y yo adoro todo eso pero también tengo el sentido visual, en la serie nos lo estamos pasando de maravilla porque estamos como si nos hubieran regalado un enorme tren eléctrico”, dice entusiasmado. ¿Y cómo se las ha apañado con el inglés? Se preguntarán muchos pues se trata de una asignatura donde, por lo general los españoles llegan al aprobado por los pelos, salvo sus excepciones, claro. Hasta en eso Paco es un crack. Pocos saben que sus comienzos fueron trabajando en un videoclub y cantando en el metro. Pero no cualquier tema no, sino el de grandes glorias de la música. “Cantar en inglés temas de Lou Reed o Bowie todo eso sin darme cuenta me ayudó con el idioma”, dice. También ver las películas de Martin Scorsese. “Una cosa muy graciosa cuando empecé a trabajar con mi manager es que me decía que aunque mi inglés estaba muy bien decía Fuck todo el rato. Yo lo he aprendido con el cine de Scorsese, con Casino y Uno de los nuestros, y esos actores como Joe Pesci, lo dicen todo el rato”, asegura entre risas.

Unas anécdotas que sumadas a su carácter campechano y sus ganas de comerse el mundo le abrieron las puertas del paraíso terrenal cinematográfico por aquellos lares. Está encantadísimo de la vida pero todavía tiene una cuenta pendiente en su país. “Mi objetivo vital sería dirigir cine independiente en España y seguir dirigiendo series americanas, me encanta la combinación, sigue con la ilusión intacta de aquel niño que atravesaba las 3000 viviendas para ir al cole con una mochila cargada de libros y, sobre todo, un buen puñado de sueños. “Lucho por mantener eso vivo, mantener esa llama encendida, si algún día siento que estoy haciendo algo por pereza o mecánica, lo dejaré y volveré a cantar al metro. Pero de momento sigo manteniendo ilusión infantil lo más viva posible”. Sólo hay que ver Adiós, que se estrena el próximo 22 de diciembre, para darse cuenta de que la llama está más encendida que nunca.

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