El patinazo de Movistar al tratar de copiar Stranger Things

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Aunque el apego hacia al pasado y hacía míticas películas y series de nuestra infancia nunca ha dejado de estar presente en el audiovisual, Stranger Things de Netflix supo sacar partido como pocas veces al sentimiento nostálgico con su infinidad de guiños a legendarios y recurrentes títulos de los 80 como Los Goonies, Los cazafantasmas, Cuenta conmigo o E.T. el extraterrestre, entre muchos otros. La fórmula fue un éxito, convirtiéndose en uno de los productos más valorados y exitosos del gigante streaming, por lo que no resultó extraño que otras compañías quisieran subirse al carro de la nostalgia y emular lo que había hecho esta serie creada por los hermanos Duffer.

Cuando Movistar+ anunció en 2019 una serie como Paraíso, una historia de corte fantástico ambientada en los 90 con elementos de ciencia ficción, misterio y referencias culturales de la década, sus intenciones parecían claras. Sin embargo, en vez de pensar que desde Movistar trataban de hacer el Stranger Things español, lo primero que me vino a la mente fue que se abría una gran oportunidad de tratar en España un tipo de producción hasta ahora inédita en nuestro país, una historia que se atreviera a jugar con nuestra rica cultura y ambientación a la vez que bebía de todos esos míticos títulos de aventuras, misterio, ciencia-ficción y terror que a día de hoy siguen conquistando a nuevas generaciones. Y aunque todos los avances remitían claramente a la serie de Netflix, me acerqué a ver Paraíso con la mente abierta y la mera intención de disfrutar de un buen producto de entretenimiento. Pero me ha dejado una sensación muy agria.

Movistar+
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Primero, porque la sombra de Stranger Things sí se cierne demasiado sobre ella, puesto que su punto de partida es básicamente el mismo y se nutre de sus mismos elementos sin saber encontrar un punto de diferenciación que le lleve a otro terreno. Y es algo que choca al estar situada una década después y en una localización tan diferente a la de la serie de Netflix como es la de una localidad costera española.

Paraíso nos traslada a 1992, cuando tres chicas desaparecen misteriosamente en una discoteca de un pueblo de Valencia, lo que lleva a un grupo de jóvenes a investigar los misteriosos acontecimientos que ocurren en el lugar. La serie, creada por Fernando González Molina (Tres metros sobre el cielo), Ruth García (El internado) y David Oliva (Los protegidos), nos traslada a una época pasada, habla de una desaparición en un pueblo rural, cuenta con mundos paralelos, extrañas criaturas, una pandilla de preadolescentes y está plagada de referencias a los mismos títulos que tan frecuentemente vemos en la serie de Netflix.

Además, toda su ambientación, decorados y vestuario se nutre de claras reminiscencias al cine norteamericano de los 80, lo que trasladado al terreno de la España de los 90 luce bastante incongruente e impostado. Y creo que aquí es donde está el verdadero problema de la serie, en no saber abrazar el terreno local y beber tanto de una idealizada ambientación foránea. Ver a los chicos protagonistas con trajes y peinados tan propios de la cultura ochentera estadounidense en el litoral mediterráneo te saca de la narración, al igual que escenarios como una feria o un salón de recreativos que se dejan llevar más por las referencias de la cultura popular estadounidense que por mostrar una imagen fidedigna a cómo estos lucían en nuestro país por aquellos años.

Me vienen a la mente películas como Verónica de Paco Plaza, cinta que reutilizaba los trillados esquemas del terror made in Hollywood pero que sobresalía gracias a su recreación del Vallecas de los 90, por la fidelidad en los detalles y por su tono tan marcadamente costumbrista. Lo que me parece un perfecto ejemplo para explicar por qué Paraíso no acaba por funcionar al renunciar a este sello de identidad español. Precisamente Paco Plaza también experimentó los errores de emular el cine estadounidense sin enraizarlo en España en películas como Romasanta, la caza de la bestia, cinta que adaptaba una leyenda gallega sobre un hombre lobo que asolaba los bosques de la región que, en su insistencia de ser tan puramente hollywoodiense, quedó desentendida de su esencia patria y se limitó a ser un mero producto genérico de serie B.

Sí, en Paraíso hay referencias a la España de los 90, sobre todo en el terreno musical. A lo largo de sus siete episodios no paran escucharse temas de OBK, Chimo Bayo y, sobre todo, Mecano, cuyo fenómeno fan en vísperas de los últimos coletazos del grupo en aquel 1992 continuaba siendo inmenso. Pero hay poco más que aferrarse en este terreno. Y resulta chocante, puesto que hablamos de un año en el que el país vivía uno de sus puntos álgidos con la celebración de la Expo de Sevilla o de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Aprovecharse de estos acontecimientos y ligarlos a la trama para hablar de la sociedad del momento y complementar su historia de misterio y ciencia-ficción le hubiera dado el punto perfecto para desligarse de la serie de Netflix, pero no ha sido el caso.

©Michael Oats / Movistar+
©Michael Oats / Movistar+

Otro buen ejemplo es el de El día de la bestia de Álex de la Iglesia, comedia de terror que usó los códigos del cine de género de Hollywood para hablar del Madrid de los 90, ligando su trama a la actualidad que se vivía en la capital y en la España de finales de aquella década que empezaba a estar marcada por el pelotazo inmobiliario, tan bien representado en ese surrealista nacimiento del anticristo en medio de las Torres Kio de Plaza de Castilla. Y es que esta ha sido la fórmula con la que el fantástico ha triunfado en España, llevándonoslo a nuestro terreno. Emular y usar referentes estadounidenses sin un punto de diferenciación no funciona, básicamente porque recaemos en la reiteración de productos ya hechos en infinidad de veces abordándolos con muchos menos recursos.

A pesar de todo, Paraíso consigue mantenerte pegado al sofá durante sus siete episodios de 50 minutos de duración. Además, en el terreno argumental logra seguir otro rumbo diferente al de Stranger Things, pero no quita que sea un producto basado en beber de los mismos referentes y que pretende beneficiarse de esta explosión por la nostalgia ochentera que tan de moda volvió a poner esta serie de Netflix. Y es una pena, porque al no saber mirar más allá y hacia todas las posibilidades que podría dar de sí en el terreno español, nos tenemos que conformar con un producto meramente aceptable que fácilmente puede echar para atrás por lo impostada que luce su propuesta en el contexto de España.

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