El pecado de considerar Sombra y Hueso (Netflix) como sucesora de 'Juego de Tronos'

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Que a una serie se la compare con Juego de Tronos nunca ha dado buenos resultados. El legado de la serie épica de HBO es tan inmenso que cualquier comparativa solo puede desembocar en decepción. Le pasó a The Witcher y Britannia, series a las que no les hizo ningún favor la comparativa inicial que surgió a raíz de sus campañas promocionales, tráileres y expectativas consecuentes.

Dicen que las comparaciones son odiosas y en el caso de las series, diría que injustas. Ahora es Netflix la que acaba de estrenar Sombra y Hueso, una serie que muchos medios y usuarios ya señalan como la sucesora de Juego de Tronos

Sin embargo, si hay una serie que no merece ser comparada es precisamente esta.

Sombra y hueso (Cortesía de Netflix ©2021)
Sombra y hueso (Cortesía de Netflix ©2021)

Tras ver los primeros minutos de Sombra y Hueso, cualquier fan de Juego de Tronos comprenderá por qué se la está comparando con la serie de Poniente. Comparten muchos elementos similares y recordar la historia de los dragones resulta prácticamente inevitable, sin embargo, esa comparativa no es más que superficial. La verdad es que Sombra y Hueso merece que la veamos sin la contaminación que provoca la comparación con una serie tan grandiosa como Juego de Tronos, o podemos terminar decepcionados. Es más, hay otras historias a las que podemos recurrir para sugerir ciertos parecidos que permiten resumir mejor el tono de la serie.

Yo misma comencé a verla consciente de que muchos colegas de profesión la habían señalado como “la nueva Juego de Tronos”, “la sucesora” o “la Juego de Tronos de Netflix”. Y confieso que dicha comparativa contaminó mi experiencia inicial y me hizo verla con ojos escépticos. Tras ocho temporadas que hicieron historia en el mundo seriéfilo, provocando tsunamis de emociones por todo el mundo, despertando teorías y dejando más bocas abiertas que ninguna otra serie, digamos que ser la sucesora de Juego de Tronos pueden ser unos zapatos muy difíciles de calzar. Fue al terminar el primer capítulo que me di cuenta que la comparativa con Juego de Tronos era equivocada. Compararla con dicha serie son palabras mayores y, para estar a la misma altura, Sombra y Hueso necesitará de tiempo para calar hondo en los espectadores y continuar su trama con más temporadas.

Es cierto que las similitudes saltan a la vista enseguida: acentos británicos, una historia épica, un mapa dividido entre norte y sur, un muro que separa a los humanos de una oscuridad mortal, monstruos parecidos a los dragones, símbolos, magia, sociedades diferentes, y tantos nombres y palabras desconocidas que el primer episodio resulta tan confuso como fue aquel inicio de Juego de Tronos en 2011. Sin embargo, una vez que pasamos el capítulo de introducción y nos adentramos en su trama, descubrimos que estamos ante una serie más parecida a otras apuestas de tono juvenil que a la madre de las series modernas.

Debido a sus personajes juveniles, una historia de autodescubrimiento, romance en plena aventura y el entrenamiento de una heroína inesperada, Sombra y Hueso parece beber más de éxitos modernos como Los juegos del hambre, Divergente o El corredor de laberinto que Juego de Tronos. Al menos, en tono, trama e intenciones parece jugar en las mismas ligas de estos éxitos distópicos juveniles.

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Al igual que todos los títulos nombrados, Sombra y Huego también está basada en una saga de la literatura juvenil escrita por Leigh Bardugo conocida como “Grishaverse”, compuesta por la trilogía que da título a la serie y una bilogía titulada Seis de Cuervos. En esta ocasión, la autora se inspiró en la Rusia del 1800, tomando prestados elementos como el vestuario y la división política para contar la historia de una heroína inesperada. Si, como Divergente y Los juegos del hambre. Aquí también se descubre un poder inesperado como en la primera, y hay un entrenamiento de por medio, convirtiéndose en la salvación del mundo, como en la segunda.

Curiosamente, la historia estuvo a punto de ser llevada al cine de la mano de Dreamworks y el productor de Harry Potter, David Heyman, cuando adquirieron los derechos poco después de la primera publicación en 2012, pero finalmente el proyecto no se materializó. Fue siete años más tarde, en 2019, cuando Netflix anunció que se ponía manos a la obra.

La historia se centra en un mundo dividido por un muro o barrera oscura, donde habitan criaturas letales, hasta que una joven huérfana que siempre hicieron sentir insignificante, Alina Starkov, descubre un poder que podría ayudar a destruir la amenaza de una vez por todas. De esta manera, Alina se convierte de repente en el centro de atención del bien y el mal, con todo tipo de grupos intentando sumarla a su propia guerra, mientras entrena con un general seductor (¡bienvenido de vuelta Ben Barnes!) y su mejor amigo la busca en la distancia.

La serie cuenta con un reparto atractivo de jóvenes talentos hasta ahora desconocidos, a excepción del príncipe Caspian de Las crónicas de Narnia, Ben Barnes, en su retorno a un personaje aventurero y fantasioso tras varios años alejado de los papeles protagonistas. Es cierto que tuvo un papel secundario en Westworld, pero no llegó a hacerle justicia.

Ben Barnes en Sombra y Hueso (Attila Szvacsek/Netflix)
Ben Barnes en Sombra y Hueso (Attila Szvacsek/Netflix)

A diferencia de otras apuestas recientes, superficiales y vacías con protagonistas juveniles como fueron Destino: la saga Winx o Ginny y Georgia, Sombra y Hueso es una serie entretenida y con gran potencial para convertirse en el nuevo fenómeno de Netflix.

Tras haber visto media temporada (cuenta con ocho episodios), reconozco que compararla con Juego de Tronos me parece una osadía que no le hace justicia. Estar a la altura de la serie épica de HBO es casi imposible, pero no solo para esta serie sino para muchas más que lo han intentado. Dicha comparación puede convertirse más en un estigma que en un halago, provocando una ola de decepción generalizada que no sería justo para Sombra y Hueso. Comparte elementos y simbolismos, pero son más bien superficiales, y si la vamos a comparar con la intención de compartir su tono, intención o público al que va dirigida, entonces se antoja más acertado colocarla en el mismo grupo de Los juegos del hambre o Divergente.

Sombra y Hueso es una grata sorpresa para los amantes de las historias distópicas juveniles. Sin dudas, estamos ante una gran producción que no ha escatimado en crear su universo meticulosamente, con un reparto que eleva la diversidad a su máxima potencia, con decorados de infarto y un vestuario cuidado hasta el más mínimo detalle. Básicamente las comparativas con Juego de Tronos terminan en el tercer acto del primer episodio, para dar comienzo a una historia de aventuras que, si consigue calar hondo (y tiene todas las papeletas de conseguirlo), será por méritos propios.

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