La película española que Eli Roth quiere que veas este Halloween

Cine 54
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Podemos cuestionar su talento como director de Hostel o sus dotes interpretativas en Malditos bastardos, pero si hay algo que nadie le puede negar a Eli Roth es ser un verdadero experto en cine de terror. Algo que no solo ha demostrado como creador de la serie documental History of Horror (AMC), sino rivalizando en erudición con su amigo y colaborador Quentin Tarantino cada vez que se mencionan las más oscuras y minoritarias cintas del género.

Y la última ocasión para compartir este vasto conocimiento ha sido una mesa redonda del PaleyFest NY a la que acudieron ambos directores, y en la que preguntaron a Roth por su recomendación cinéfila para este Halloween.

¿La respuesta del maestro del torture porn? Nada menos que una película española de los ochenta.

El director de Hostel recomienda la absurda Mil gritos tiene la noche (1982), de Juan Piquer Simón, para temblar y reír el próximo 31 de octubre. (Imagen: Almena Films / Film Ventures International)
El director de Hostel recomienda la absurda e hilarante Mil gritos tiene la noche (1982), de Juan Piquer Simón, para temblar y reír el próximo 31 de octubre. (Imagen: Almena Films / Film Ventures International)

Pues sí, Roth nos recomienda que el próximo 31 de octubre veamos Mil gritos tiene la noche, la cinta del valenciano Juan Piquer Simón estrenada en 1982 –que fuera de nuestras fronteras se estrenó bajo el título de Pieces (piezas o trozos).

Vale, se trata de una coproducción entre España y Estados Unidos, rodada en Boston y con diálogos en inglés… ¡pero todo el mundo la conoce como una cinta española!

Piensas que no puede ser más alocada, y entonces pasa a otro nivel de locura”, explica Roth sobre esta especie de cruce hiperviolento entre La matanza de Texas (1974) y Halloween (1978) –con un niño psicópata que de adulto comete sangrientos asesinatos con una motosierra.

Las muertes son espectaculares, la banda sonora es fantástica y los créditos son perfectos; creo que es una reluciente obra de arte”.

Pero quizá este alocado slasher o película de asesino en serie requiera cierta explicación para los no iniciados en el subgénero. Sobre todo para aquellos que esperen encontrar una cinta de psicópatas al uso o con algunos componentes de cine de explotación… y se encuentren la mayor tasa de ridiculez y absurdo por escena que recordamos haber visto nunca.

Y eso que la película está lejos de ser una parodia –por más que a veces parezca la versión terrorífica de la saga de Atrápalo como puedas. De hecho, Piquer Simón (también conocido por las hilarantes Misterio en la isla de los monstruos o Slugs, muerte viscosa), habría aspirado hacer una película de gran valor artístico a partir del guion firmado por los también infames Dick Randall y Joe D´Amato.

Como lo lees: Piquer Simón pretendía hacer arte a partir de una historia en la que una estudiante en monopatín se estrella contra un espejo que está siendo transportado por dos trabajadores de mudanzas –y encima en una escena que simplemente debería presentar la ambientación del campus universitario. Esto nos da una idea de la falta de vergüenza y de autoconsciencia que hace de Mil gritos tiene la noche una delicia para los amantes de lo bizarro.

Porque estamos lejos de un simple “giallo a la española”. En ocasiones, Mil gritos tiene la noche parece un episodio de Scooby Doo en versión gore –pero con algunas neuronas menos. Sabemos quién es el asesino desde el grotesco avance anterior a los créditos iniciales –un hombre infantilidad y sexualmente confundido, que troceó a su madre con un hacha cuando ella le regañó con un puzzle que representaba a una mujer desnuda (sí, a nosotros también nos recuerda a Ensayo de un crimen… ¡si Buñuel levantara la cabeza!).

La acción principal se ambienta décadas después en una “Universidad de Nueva Inglaterra” sin especificar, en la que el asesino busca las piezas (o más bien los trozos de cuerpo) que le faltan para completar el puzzle de su infancia. Eso sí, al haberse hecho mayor, ha cambiado su primitivo hacha por una moderna y práctica motosierra.

Con esta premisa, el reparto hace lo que puede. El matrimonio de actores conformado por Christopher y Lynda Day George aceptan con dignidad y resignación todo lo que el guion les obliga a hacer y decir en serio, lo cual no hace más que acentuar el fascinante y ridículo efecto de extrañamiento que tiene la película (atentos al mítico grito de “¡Bestiaaaaa!” que profiere ella).

A diferencia de ellos dos, el resto del reparto parece desconcertado por despropósito de la película: en su confusión, actores como Edmund Purdom y Paul L. Smith protagonizan escenas completamente fuera de tono y lugar.

Pero Mil gritos tiene la noche no sería una cinta de culto si solo fuera por su historia absurda y sus “peculiares” interpretaciones: hay que mencionar las cantidades ingentes de gore gratuito que han hecho conocida a la película de Piquer Simón.

Y es que cuando el asesino ataca, miembros y torsos salen volando como si de una picadura industrial se tratara. En una escena, un apuntalamiento en una cama de agua (casi) se convierte en vanguardia cinematográfica a medida que el mobiliario se transforma en una mar de sangre a cámara lenta.

En este sentido, la película cumple sobradamente con la frase de su cartel en inglés: “No hace falta ir a Texas para ver una matanza”.

Dicho todo esto, cualquiera que haya visto Mil gritos tiene la noche en una sala y rodeado de espectadores sabe que estamos ante una de las experiencias cinematográficas colectivas más potentes y divertidas que se puedan vivir.

Por eso mismo, y en tiempos tan aciagos como los que atravesamos, no podemos despreciar la recomendación de Eli Roth. Si quieres pasar una noche de Halloween llena de pura evasión hilarante y sangrienta, Mil gritos tiene la noche es la opción perfecta.

Y lo mejor de todo es que puedes verla gratis, completa y en buena calidad en la web de RTVE. ¡Y apenas dura hora y media!

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