El pequeño pueblo del interior de Asturias que tiene un monasterio y un palacio renacentista
Lo que hace de esa comarca singular en el occidente asturiano que son los Oscos es su belleza natural y su rica historia, sus embravecidos ríos y su arquitectura tradicional, sus artesanos, su tranquilidad y, sobre todo, ese entorno montañoso de intenso color verde cargado de magia, soledad y misterio del que es imposible escapar. Tan cierto es y tan especial que los tres municipios que la conforman fueron designados Pueblo Ejemplar de Asturias: Villanueva de Oscos, San Martín de Oscos y Santa Eulalia de Oscos.
Dejando atrás Morlongo, con sus característicos teitos (hórreos) y su vistosa cascada, aparece Villanueva, la capital del concejo, dispuesta en torno al soberbio conjunto monástico de Santa María, un lugar fundado por el rey Alfonso VII y su esposa Berenguela en época medieval como cenobio de monjes benedictinos, luego ocupado por el Císter, que fue antiguo centro de poder de la zona. Lo comenzaron a construir dos monjes procedentes de otro monasterio, el de Santa María de Carracedo, en El Bierzo, en el mismo terreno pantanoso donde está ahora. Y, aunque su estructura original ha sido modificada, todavía conserva elementos de su pasado, como la iglesia románica, que se puede visitar contactando con la oficina de turismo.
No es la única construcción que sorprende en este municipio, también el palacio de Villanueva. Y te preguntarás: ¿Qué hace un palacio renacentista en un pueblo que no llega a los 300 habitantes? Pues ser testimonio de la riqueza histórica y arquitectónica de los Oscos. Lo construyó una familia, los López de Villanueva, como residencia señorial, en una época en la que la nobleza española se dedicó a construir palacetes y mansiones con influencias del Renacimiento europeo. Si nos fijamos bien, se trata de una austera y sólida construcción con elementos decorativos propios de ese estilo, amplios ventanales, escudo de armas y patio central, que se mantuvo en las manos de la misma familia durante generaciones. En la actualidad sigue siendo propiedad privada y no está abierto al público, con la única excepción de alguna actividad relacionada con la cultura local.
Cuatro preciosas rutas de senderismo parten de Villanueva de Oscos y discurren entre árboles centenarios y vistas a los paisajes de la Reserva de la Biosfera
Tiene también Villanueva otro lugar de interés, que no es monumental, pero sí un lugar donde conocer oficios de antaño: el Ecomuseo del Pan. Para verlo hay que llegar a la pequeña aldea de Santa Eufemia, y después de solicitar la visita, descubrir todo el proceso completo de la elaboración de este producto básico de nuestra alimentación, desde la siembra del cereal a la cocción.
Si de algo anda sobrado este rincón escondido en el interior de Asturias, entre las montañas y la ría del Eo, que es Reserva de la Biosfera, es de naturaleza, por eso, para conocer la diversidad paisajística de la zona lo mejor será elegir una de las cuatro preciosas rutas de senderismo y echarse a andar. Si la de la Bobia ofrece impresionantes vistas de la sierra, la de los Bosques discurre entre robles, castaños y abedules. En la del Carbayal de Salgueiras se descubren árboles centenarios y la Ruta del Silencio, como dice su nombre, es especialmente popular entre quienes buscan una experiencia de senderismo más introspectiva y tranquila.
Sin moverse de Villanueva, el núcleo de turismo rural Santa Eufemia reúne casas rurales, apartamentos y las cálidas habitaciones del hotel Oscos (hoteloscos.es) para quedarse a dormir y continuar al día siguiente descubriendo todo lo que tiene reservada esta comarca asturiana.
OTROS PALACIOS PARA DESCUBRIR
Conduciendo 10 minutos más llegaremos a San Martín de Oscos, el segundo de estos pequeños pueblos de calles pavimentadas con losas de piedra y hórreos de cubierta vegetal, como el que se levanta en la plaza de la Villa, junto al Palacio de los Guzmán y la iglesia. Desde San Martín, una carretera local conduce al pueblo de Mon, donde se alza, casi en ruinas y envuelto en las brumas de la leyenda, el que fue palacio de Mon, con espectaculares escudos nobiliarios. En Villarquille, la Casa del Marco acoge el Museo de la Casa Campesina.
OFICIOS TRADICIONALES DE AYER Y HOY
Molinos y colmiales (construcciones donde se colocan las colmenas para protegerlas de los animales) vemos en la sinuosa carretera hacia Santa Eulalia de Oscos, que apenas supera los 400 vecinos. Además de la casa natal del Marqués de Sargadelos, fundador de la famosa factoría de cerámica gallega que lleva su nombre, en la pequeña aldea de Ferreirela de Baxo, el paseo por el caserío tiene reservado todo un muestrario de labores tradicionales recuperadas. Aquí encontraremos el telar artesanal de Irene Villas, el taller de cuchillería y forja de Hiottoko (hyottokoartesania.com), donde Jorge y Keiko mantienen este oficio con una técnica nipona, y, a 5 kilómetros, el conjunto etnográfico de Mazonovo, con uno de los múltiples mazos hidráulicos donde se trabajaba el hierro en la comarca, hoy muestra de esta industria de tiempo inmemorial. Hay varias demostraciones del funcionamiento de la ferrería a lo largo del día.
CASCADA DE LA SEIMEIRA
Muy recomendable en el entorno de Santa Eulalia es hacer la ruta de la cascada de la Seimeira. Una sencilla senda de unos 4 kilómetros (entre la ida y la vuelta) lleva hasta este precioso salto donde las aguas del río Agüeira y su afluente el Murias se fusionan y caen por un cortado rocoso desde más de 30 metros de altura a una poza de aguas cristalinas. El camino arranca en la aldea de Pumares y discurre por un paraje de frondosa vegetación, entre bosques de ribera, castaños y robles, y las ruinosas casonas de la aldea de Ancadeira, que se tragaron las espesuras herbáceas.
Cerca queda, a 4 kilómetros de Taramundi, el conjunto etnográfico de Os Teixois (osteixois.es), una pequeña aldea en la que descubrir un valioso conjunto de ingenios hidráulicos del siglo XVIII en su estado natural: mazo, molino, batán, rueda de afilar e incluso una pequeña central eléctrica, ejemplo de recuperación histórica.