Saltan las alarmas con Bea en 'Pesadilla en el paraíso'

Bea Retamal en 'Pesadilla en el paraíso' (Twitter/@pesadillaparais)
Bea Retamal en 'Pesadilla en el paraíso' (Twitter/@pesadillaparais)

Nada mejor que un reality para entender eso de que las apariencias engañan. Bea Retamal es un ejemplo claro de ello. La chica escandalosa y todo terreno que tiene a los participantes de Pesadilla en paraíso desquiciados, en realidad se encuentra en su momento más bajo. Después de cinco semanas en el reality ha quedado al descubierto, incluso para su familia, que atraviesa una etapa muy delicada a nivel personal que este domingo quedó aún más evidenciada ante la visita de su abuela. Ahora mismo, el programa le hace más mal que bien.

Cuando Pesadilla en el paraíso decidió meter a una segunda horneada de participantes para darle vidilla al asunto, dio en el clavo. Sobre todo con Bea. Su relación con Dani iba a ser uno de los temas principales, y así mismo ha sido. Desafortunadamente, para mal. Ya hemos dicho en más de una ocasión que se trata de una relación tóxica que no le hace bien a ninguno. Las discusiones a grito pelado se repiten día sí y día también, también sus reconciliaciones. Por mucho que lo resuelvan el cabreo bajo las sábanas, el problema sigue latente con más fuerza que nunca.

Una situación que empieza a pasar factura a Bea. Esta semana su actitud ha sobrepasado muchos límites, principalmente para ella misma. Ya no habla, es un grito y una provocación constante a todos por cualquier cosa. Es una actitud fruto de su malestar personal que termina afectando su comportamiento y relaciones con el resto de compañeros. Ella se ha creado un muro contra todos donde su única tabla de salvación es Dani. Y cuando esta se hunde, que es la mayoría de las veces, Bea va detrás. Su bienestar depende absolutamente de su relación y eso está consumiéndola.

Este domingo recibía la visita de su abuela, quien no escondió sentirse preocupada al ver el estado físico y anímico de su nieta, a quien le expresó con mucho cariño lo que todos vemos desde fuera. "Tienes los ojos cargaditos de pena", le dijo la mujer. A lo que Bea no pudo más que asentir. "Es que es un poco difícil la situación con Dani y es lo que más me afecta. Estoy sacando lo peor de mí, y soy muy alegre pero aquí no lo estoy demostrando", reconoció.

Su dinámica con Dani les está machacando a ambos pero quizá ella lo vive con mayor intensidad y eso la está desestabilizando. Muchos creemos que en esa historia la que verdaderamente está enamorada es ella, de ahí su alteración constante al ver el pasotismo y falta de implicación de su pareja en muchos aspectos. Ella misma ha reconocido que tras su ruptura y con la ayuda psicológica este verano, estaba empezando a remontar de la profunda tristeza de la que venía. Su vida empezaba a tomar color y sentido, pero entonces llegó esta oferta y todo ha vuelto a ser como antes: un infierno.

El estado de nervios de Bea es constante y aunque sus gritos y escándalos por todo así de primeras te hace no aguantarla por mucho tiempo en la pantalla, como dijo Nagore Robles, en el fondo uno lo que siente es pena. Lo que hay detrás de esas escenas va más allá de un carácter fuerte, es una situación mucho más delicada de lo que parece.

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Este miércoles se enfrenta con Manuel a la expulsión y, sin decirlo explícitamente, se nota en las caras de quienes la conocen que preferirían que esto acabara aquí. Seguir más días en esa tensión y angustia constante no le hace bien en ningún sentido. Si bien es cierto que en la granja están bien atendidos y hay personal que les escucha y atiende, Bea ha tocado fondo.

Un reality no lo vale todo, mucho menos el bienestar de una persona. Bea ha llegado a una situación límite que se le escapa de las manos y la hace estar fuera de sí la mayoría del tiempo. En realidad ha dejado de ser ella para convertirse en un pequeño monstruo que a quien más daño hace es a ella misma. Vigila a sus compañeros en sus tareas, les canta en alto al oído, roba comida cuando le apetece y se salta todas las reglas del show. Ha creado su propio mundo y sus propias leyes, se cree por encima del bien y el mal y, lo que es peor, todo le da igual.

Por si esto fuera poco, tiene a su lado a una persona que no la frena sino que la potencia. Dani se calla cada vez que Bea hace el show. Y no solo eso, mete cizaña. Eso sí, él habla poco. Prefiere que sea ella la que se moje y quede mal. No la defiende cuando la atacan y su actitud es la de un témpano de hielo. Mientras Bea da la cara por él y su relación, Dani vive en la más absoluta frialdad con todo calculado al milímetro, de ahí los ataques de enfado de ella ante tanto pasotismo.

Bea ha demostrado vivir en una constante inseguridad. Cuando se llega a este punto hay que plantearse si este juego merece la pena. La salud está por delante de todo lo demás y el malestar de Bea tanto física como mentalmente empieza a verse afectado. Por su bien, este miércoles debería de ser la próxima expulsada. Y no porque no haya hecho un buen concurso, en realidad es la que más temas genera, pero su exposición le puede costar muy caro.

Su madre en plató no ha podido esconder su preocupación al ver así a su hija. Tampoco su abuela, quien intentaba abrirle los ojos durante su visita. Un momento tan entrañable como triste que dejó al descubierto el estado de desconsuelo en el que se encuentra Bea.

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Su interacción con los demás ya ni siquiera entretiene al espectador, más bien todo lo contrario. Uno se da cuenta de que sus peleas y ataques de nervios van más allá de una escena pasajera para entretener. Bea ha perdido el control y sus familiares fuera están sufriendo. Así que es hora de tomar cartas en el asunto, decir adiós al personaje y tender la mano a la persona. No todo vale por dar espectáculo.

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Imagen: Twitter/Pesadilla en el paraíso