Piernas pesadas: la sensación inquietante amplificada por el calor que puede derivar en un serio problema

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Si al final del día tenemos una sensación de pesadez en las piernas, picor, dolor, ardor, hinchazón o calambres, o incluso percibimos un empeoramiento de esa pesadez o dolor después de haber pasado mucho tiempo sentados, estos son signos que nos pueden poner en alerta. (Foto: Getty)
Si al final del día tenemos una sensación de pesadez en las piernas, picor, dolor, ardor, hinchazón o calambres, o incluso percibimos un empeoramiento de esa pesadez o dolor después de haber pasado mucho tiempo sentados, estos son signos que nos pueden poner en alerta. (Foto: Getty)

Las épocas de mucho calor como la que estamos experimentando ahora (y que es probable que experimentemos cada vez con más frecuencia en el futuro) pueden acrecentar los problemas en las piernas. El calor provoca que las venas se dilaten, con lo que, por efecto de la gravedad, la sangre se acumula en las piernas, intensificando la sensación de pesadez y cansancio y agudizando los problemas de circulación.

Mucha gente no identifica los síntomas de la mala circulación, también llamada 'insuficiencia venosa crónica' (IVC), una condición que afecta más a las mujeres que los hombres debido a las hormonas estrogénicas y progestágenos, y a la herencia. Consiste en la incapacidad de las venas para realizar el adecuado retorno de la sangre al corazón, lo que provoca la acumulación de ésta en las piernas, dando lugar a diferentes síntomas y problemas.

La sensación de piernas pesadas se caracteriza por la “pesadez” en las piernas al intentar moverlas, caminar, o simplemente al permanecer de pie, lo cual reduce la calidad de vida de las personas. Los síntomas más frecuentes suelen ser un dolor la sensación de pesadez o calambres en las extremidades inferiores, un dolor inespecífico poco localizado y no excesivamente intenso en las piernas, hormigueos y picor. En algunos casos también se puede observar una hinchazón alrededor de los tobillos y pantorrillas, generando un aumento del diámetro y volumen en la parte inferior de la pierna.

Los expertos insisten en la importancia de detectar y tratar cuanto antes esta patología, que puede manifestarse de forma moderada a través de varices y venitas rojas o telangiectasias, pero que también puede llegar a provocar trombosis, varicorragias o úlceras. (Foto: Getty)
Los expertos insisten en la importancia de detectar y tratar cuanto antes esta patología, que puede manifestarse de forma moderada a través de varices y venitas rojas o telangiectasias, pero que también puede llegar a provocar trombosis, varicorragias o úlceras. (Foto: Getty)

Aunque se agrava con el calor, los estudios apuntan a los factores ambientales y de estilo de vida como una parte importante en los problemas de circulación, tal y como recoge TopSanté. Además, los síntomas aumentan con la edad, ya que las venas van perdiendo elasticidad y no se contraen tan fácilmente cuando nos hacemos mayores. Por lo que ya no parece ser una enfermedad únicamente hereditaria.

Los síntomas de la IVC afectan al 30 por ciento de los adultos españoles, según datos del Capítulo Español de Flebología y Linfología (SEACV). Así pues, en nuestro país la padecen cerca de 15 millones de personas, de las cuales se estima que un 60 por ciento de los casos no está diagnosticado.

En muchas ocasiones, el propio paciente infravalora esta enfermedad, pero si bien es cierto que habitualmente no representa un problema grave para la salud, merma severamente la calidad de vida. Además, la insuficiencia venosa es un problema que no desaparece con el tiempo, por lo que cuanto antes se diagnostique y se trate, mayores son las posibilidades de prevenir las complicaciones asociadas y el progreso de la enfermedad.

Entre los principales factores de riesgo venoso destacan la edad, los cambios hormonales, tener antecedentes familiares de esta afección y de trombosis venosa profunda en las piernas. Estar embarazada, padecer obesidad, tener una estatura alta o permanecer sentado o de pie por mucho tiempo también aumenta el riesgo.

En una persona predispuesta, la enfermedad evolucionará en brotes, desencadenados o agravados por alguno de estos factores de riesgo.

“Por ejemplo, el primer embarazo conlleva un 23 por ciento de riesgo de aparición de varices, el segundo y tercer embarazo elevan este riesgo al 27 por ciento y el cuarto embarazo da un 30 por ciento de riesgo. En cambio, la obesidad con un IMC mayor mayor o igual a 27 conlleva un 39 por ciento de riesgo de desarrollar varices, por lo que tiene sentido anteponer el exceso de peso al número de embarazos en la clasificación de factores de riesgo”, explica a Yahoo! News el doctor Philippe Blanchemaison, especialista en flebólogía.

Los malos hábitos de vida pueden provocar una mala circulación de la sangre y, por consiguiente, la hinchazón y sensación de cansancio de las piernas. Por ejemplo, cuando inhalamos humo procedente del tabaco, existen distintas sustancias que actúan nocivamente también sobre las paredes de las venas, lesionando y predisponiéndolas a una afectación de las válvulas venosas a medio o largo plazo. Si fumar es muy perjudicial en general par la salud, también lo es para las piernas y su buen riego sanguíneo.

La alimentación también juega un papel importante en la salud de las piernas. Sobrepeso y obesidad son dos de las causas más comunes de las piernas cansadas, por el hecho de soportar más peso del que se puede aguantar.

El primer paso para diagnosticar la insuficiencia venosa crónica es la exploración física de ambas piernas, mediante la observación y la palpación por parte de un especialista. Así mismo, el profesional médico realizará lo que se conoce como 'anamnesis', que consiste en la recopilación de información proporcionada por el propio paciente acerca de aspectos que puedan influir en la patología, como su edad, antecedentes personales y familiares, signos y síntomas que experimenta, etc.

Algunos especialistas, como el Dr. Blanchemaison, realizan un test para ver si tienes una mala circulación y ponderar tu riesgo de padecer insuficiencia venosa o trombosis en el futuro. En este artículo médico puedes ver el cuestionario completo. Pero te dejo algunas de las preguntas principales para que te hagas una idea:

1.- ¿Llevas una vida sedentaria? Si has contestado que sí, ¿desde hace cuanto?

2.- Te sobran kilos o tienes sobrepeso, ¿de cuánto? ¿5, 10 o más de 10 kilos?

3.- ¿Has estado embarazada? ¿Cuántos embarazos llegaron a término?

4.- ¿Cuál es tu posición más frecuente al trabajar?

5.- ¿Tienes antecedentes familiares de varices o te han salido ya arañas vasculares o telangiectasias?

6.- ¿Haces algún tipo de ejercicio: caminar, montar en bici, nadar...?

7.- ¿Tienes sensación de piernas pesadas o se te hinchan los tobillos a menudo?

A partir de estos datos, se establece la gravedad de la patología (de acuerdo a la clasificación clínica conocida como CEAP), que será fundamental para confirmar el pronóstico y el tratamiento más adecuados. Dicho de otro modo, si has respondido que sí a la mayoría (excepto a la 4, 6) tienes muchas posibilidades de padecer insuficiencia venosa, que será más leve o grave en función de las respuestas concretas.

El diagnóstico se completa con una prueba denominada 'eco-doppler', que es parecida a una ecografía y constituye la prueba de referencia para el diagnóstico. Esta técnica permite visualizar el flujo, dirección y velocidad de la sangre en los vasos sanguíneos mediante el empleo de ultrasonidos.

Confirmado el diagnóstico, es importante llevar un buen control de los signos y la evolución de la IVC, sobre todo para evitar que derive en patologías graves como la 'tromboflebitis' o en 'trombosis venosa profunda'. Esta última afecta al sistema venoso profundo y consiste en la presencia de un trombo (coágulo) en el interior de una vena. El sitio más frecuente de esta patología es en los miembros inferiores. Y en última instancia, puede dar lugar a complicaciones importantes como un embolismo pulmonar con consecuencias muy graves.

Para evitar el riesgo, lo más recomendable en estos casos es practicar ejercicio moderado, como caminar o correr, de forma que trabajen los músculos de las piernas, aliviando la sensación de pesadez. En el caso de la sal, es recomendable reducir su consumo, ya que se asocia al incremento de la presión arterial, a la hipertensión y a las patologías asociadas a ésta como infarto de miocardio, y alteraciones renales y cerebrovasculares, entre otros.

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