El polémico final de 'Sabrina' empaña la serie y lanza el mensaje equivocado

Pedro J. García
·13  min de lectura

Aviso: este artículo incluye SPOILERS del final de Las escalofriantes aventuras de Sabrina

Las escalofriantes aventuras de Sabrina han tocado a su fin y ya han pasado suficientes días desde su estreno -el pasado 31 de diciembre en Netflix- para comentar el final. Me gustaría no tener que hacerlo, y simplemente decir que fue un desenlace satisfactorio y la serie se despidió con buena nota a pesar de la cancelación, pero no va a ser posible.

Y es que para rematar los ocho episodios finales de la serie, Sabrina se ha despedido con una última escena que ha levantado una gran polvareda en redes sociales, un epílogo que manda un mensaje muy cuestionable al romantizar el suicidio, que no ha sido muy bien recibido entre los fans de la ficción sobrenatural. ¿Tan grave es lo que han hecho? Ese juicio corresponde a cada uno de nosotros. Analicemos el “pecado” final de Sabrina.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina (Cortesía de Netflix© 2020)
Las escalofriantes aventuras de Sabrina (Cortesía de Netflix© 2020)

Pero vayamos por pasos. Las escalofriantes aventuras de Sabrina llegó a Netflix en octubre de 2018, justo a tiempo para Halloween y rodeada de enorme expectación y fanfarria por parte del streamer. La serie, desarrollada por Roberto Aguirre-Sacasa y producida por Greg Berlanti, es una relectura oscura del icónico personaje de Archie Comics que se basa directamente en los cómics modernos Chilling Adventures of Sabrina, escritos por Aguirre-Sacasa. Oficialmente transcurre en el mismo universo que Riverdale, también basada en los tebeos de Archie y con el mismo showrunner en común, a pesar de pertenecer a cadenas distintas.

La serie, protagonizada por Kiernan Shipka (la pequeña Sally Draper de Mad Men) en el papel de Sabrina Spellman, se aleja radicalmente de la popular sitcom de los 90, Sabrina, cosas de brujas, que triunfó a la hora de comer en España, cambiando las risas enlatadas y la marioneta parlante de Salem por altas dosis de terror, suspense y picante, mostrando así una versión más adulta, moderna y atrevida de la propiedad. Sabrina se ganó pronto las comparaciones -salvando mucho las distancias- con Buffy, cazavampiros, serie mítica de Joss Whedon que, intencionadamente o no, ejerce mucha influencia en ella.

Aunque Netflix no suele desvelar sus cifras de audiencia, todo apuntaba a que Sabrina era un éxito, sobre todo entre el público joven. Su presencia en redes sociales era indudable y sus actores se convertían en estrellas para las nuevas generaciones, al igual que ocurrió con el reparto de Riverdale o Por trece razones. No obstante, Sabrina se desmarcaba bastante de su serie hermana en cuanto a calidad, situándose muy por encima de ella en su primera temporada.

Las aventuras de la bruja adolescente continuaron tres temporadas más, o “partes”, como se hacen en llamar. La calidad fue decayendo, especialmente en la tercera, con tramas cada vez más enrevesadas y confusas, y demasiados momentos musicales que desataban el cringe, como se suele decir ahora. Se dijo que la serie se había “riverdalizado”, aunque seguía contando con muchos fieles (yo incluido, tengo que reconocerlo). El anuncio de la cuarta parte el verano pasado llegó acompañado de un jarro de agua fría para los fans: esta iba a ser la última, ya que la serie había sido cancelada. Aguirre-Sacasa confirmaba la mala noticia en redes sociales y desvelaba los planes para la frustrada quinta temporada, que incluían el esperado crossover con Riverdale y una gran guerra entre brujas que tendremos que ver en las páginas del cómic.

Los motivos oficiales de la cancelación se desconocen, pero se especula que podría deberse a su alto presupuesto en relación a sus índices de audiencia, lo que llevó a Netflix a cerrar el chiringuito antes de tiempo, como ha hecho en los últimos dos años con tantas otras series que no han rendido como esperaban. También se cree que podría tener que ver con un tema de derechos. La serie está producida por Warner Bros., que está apostando fuerte por el streaming con HBO Max, y al igual que Disney, podría haber finalizado su acuerdo con Netflix por esta razón. ¿Resucitará Sabrina en HBO Max? Por ahora no se sabe nada, pero los fans no pierden la esperanza.

He de reconocer que la cancelación de Sabrina me dolió especialmente. Aunque admito que la serie perdió fuelle después de su estupenda primera temporada, nunca dejé de disfrutarla, incluso en sus peores momentos. Adoro a sus personajes (especialmente a las tías Zelda y Hilda, fantásticas Miranda Otto y Lucy Davis), me apasiona su estética (visualmente es brutal), su sentido del humor autoconsciente (hay muchos momentos en los que la serie no se toma demasiado en serio a sí misma, así que nosotros tampoco deberíamos), el talento de su reparto y sobre todo su contagiosa devoción por el terror, con numerosas influencias y homenajes a los clásicos del género (solo en la última temporada: Posesión infernal, Alien, el cine de Dario Argento, Carrie, La noche de los muertos vivientes y un largo etcétera). En resumen, a pesar de todo, siempre la consideraré uno de mis placeres (no tan) culpables favoritos.

Como decía, la tercera temporada experimentó un bajón importante. El argumento se retorció absurdamente y los números musicales (con los peores playbacks de la televisión) llegaron a saturarme -y lo dice un fan del género que nunca rechaza un buen momento musical porque sí. Simplemente fue demasiado. La cuarta parte, afortunadamente, marcó un regreso a los orígenes, con más énfasis en el horror, menos números musicales y un arco narrativo mucho más centrado, gracias a la introducción de los terrores arcanos, ocho entidades cósmicas basadas entre otras fuentes en los relatos de H.P. Lovecraft y Edgar Allan Poe. Uno a uno y a lo largo de los ocho ingeniosos episodios finales aterrorizan a los habitantes de Greendale hasta converger en la aparición del Vacío, la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la pandilla de Sabrina hasta ahora.

Sí, la parte final también cae por momentos en el absurdo, tiene muchos agujeros y riza demasiado el rizo en varias ocasiones (sus deus ex machina y planes rebuscados son marca de la casa), pero en general salta a la vista que se propusieron recuperar el rumbo de la historia y lo consiguieron. Por eso el episodio final ha resultado tan decepcionante. Porque la serie se había vuelto a encaminar y ahora se veía obligada a terminar abruptamente, antes de tiempo y con su potencial a medio explorar.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina (Cortesía de Netflix© 2020)
Las escalofriantes aventuras de Sabrina (Cortesía de Netflix© 2020)

El último capítulo, titulado Capítulo treinta y seis: En las Montañas de la Locura es como cuatro episodios en uno, casi como una temporada (mal) condensada en una hora. No estamos hablando de un desastre al nivel de Juego de Tronos, pero a juzgar por la encendida reacción de los fans y las malas críticas, podemos contar con ella en las próximas listas de peores finales de series. Aunque la temporada se salda con buena nota, el final baja la media drásticamente. Y no hay nada peor para una serie que un mal final. Por muchos buenos momentos que hayamos vivido con ella, es inevitable quedarse con mal sabor de boca.

En las Montañas de la Locura es precipitado, abarrotado de acontecimientos calzados a la fuerza, con giros muy importantes que no da tiempo a digerir… La serie daba para dos o tres temporadas más y en este final salta a la vista que había ideas de sobra para desarrollarlas, además de las que Aguirre-Sacasa ya había anunciado. Se puede aceptar que sea así porque sabemos que la cancelación obligó a apresurar las tramas, pero aun así no deja de resultar frustrante.

Una de las decisiones más disputadas de este desenlace es la muerte de Sabrina Spellman. Personalmente, creo que su sacrificio es coherente con su personalidad (Buffy Summers también se sacrificó por los suyos y murió siendo una heroína, aunque resucitara más adelante), pero otros fans no se lo han tomado tan bien. Otra queja frecuente sobre el final es que el único personaje que recibe verdadero cierre es Sabrina (y por extensión Nick), dejando a los demás sin su gran momento de gloria final, suspendidos en el tiempo sin clausura para ellos, ni para nosotros. Una despedida fría que, de nuevo, se puede achacar claramente a la cancelación. El hecho de que Aguirre-Sacasa no concibiera la cuarta temporada como la última es el motivo por el que la mayoría de personajes se quedan sin su final definitivo, a pesar de que el capítulo hace lo posible por ejercer como tal. Y es una pena no haber podido decir adiós en condiciones a Ambrose, Harvey, Theo, Prudence y sobre todo a las divinas tías Hilda y Zelda.

Pero sin duda, el momento más polémico es la última escena de la serie, un breve epílogo que tiene la intención de funcionar como final semi-feliz, pero que acaba revelándose como una decisión problemática y de mal gusto. En esta escena, vemos a Sabrina en el Cielo (una especie de versión low-cost de The Good Place, incluido un rótulo enorme que dice “El Dulce Más Allá”), sentada en paz en lo que parece la sala de un museo de arte. Es entonces cuando aparece Nick Scratch (Gavin Leatherwood), su gran amor. Y aquí es donde la cosa se pone fea.

Una Sabrina tan sorprendida como nosotros se pregunta qué hace Nick en el Cielo. ¿Cómo ha muerto el novio de la protagonista? Pues bien, Nick le cuenta que fue a nadar al Mar del Lamento, donde la contracorriente es muy peligrosa, y como resultado murió ahogado. Aunque no lo dice explícitamente, da a entender que se suicidó para estar junto a su amada. Ante el disgusto de Sabrina, Nick le dice que “lo importante es que estamos juntos aquí para siempre”. Ella lo acepta y se funden en un apasionado beso. Final ¿feliz?

¡No, final chapucero! En primer lugar, el epílogo parece insertado a última hora, como un postizo añadido sin pensar demasiado en sus consecuencias o implicaciones. En segundo lugar, la escena romantiza el suicidio adolescente, presentándolo como una alternativa aceptable al duelo. Aunque estamos acostumbrados a que la serie sea oscura y macabra, este giro a lo Romeo y Julieta es simplemente inaceptable ya que se presenta como algo idealizado, como un “vivieron felices y comieron perdices”. Que Nick se suicide para estar por siempre junto a Sabrina no es romántico, es un mensaje peligroso e irresponsable.

“Puedo perdonar muchas cosas del final de Sabrina, porque sé que tuvieron que acelerarlo. Sin embargo... (spoiler) que Nick se suicide fuera de cámara como si fuera un gesto romántico deja muy mal sabor de boca. Sé que es lo de Romeo y Julieta, pero estoy harto de que el suicidio se utilice tan casualmente”.

“Acabo de terminar la temporada 4 y tengo que comentar muchas cosas, pero por favor, ¿podemos centrarnos en cómo han romantizado completamente que Nick se suicide para estar con Sabrina? ¡Es asqueroso!”

Y no es la primera vez que una serie adolescente de Netflix cae en este error y la pifia con su mensaje final. Por trece razones fue duramente criticada a lo largo de sus cuatro temporadas, en primer lugar por su tratamiento del suicidio (la plataforma retiró a posteriori la escena en la que la protagonista se quitaba la vida) y en segundo lugar por un final que también provocó la ira de muchas personas al lanzar un mensaje rancio y obsoleto sobre el SIDA que parecía llevarnos de vuelta a los 80. Teniendo esto en cuenta, es extraño que el final de Sabrina recibiera el visto bueno.

Sabrina me encanta porque es una serie juvenil arriesgada y no suele tener miedo a impactar, pero aquí se han colado. Hasta ese momento, la temporada había transcurrido con muy buen pie, a pesar de las sabrinadas, y de la sensación agridulce de saber que era la última y la historia iba a ser interrumpida antes de lo planeado -como ya ocurrió con Sense8, The OA, GLOW y otras de mis series favoritas de la plataforma-. Al menos Sabrina aguantó durante cuatro temporadas, que es más de lo que se puede decir de muchas otras. Sin embargo, es inevitable que la decepción del último capítulo empañe mi relación con la serie. Solo me queda desear que HBO Max la resucite y lance un hechizo para que nos olvidemos de él.

El suicidio no es romántico, es un problema grave que afecta a muchas personas, con una tasa muy elevada en adolescentes, siendo la tercera causa de muerte para los jóvenes de entre 15 y 19 años según el estudio de la Organización Mundial de la Salud. Sabemos que se trata de ficción, y como tal, debemos separarla de la realidad, pero una serie con un importante seguimiento adolescente como Sabrina, y además tan progresista, liberal y concienciada como ella, no puede permitirse estos deslices irresponsables.

Esta serie la ven muchos adolescentes, y hasta ahora había conseguido navegar con éxito su condición de versión oscura y sexy de Sabrina con su labor social, ofreciendo representación y diversidad, mensajes de inclusión y empoderamiento femenino, y en general un discurso muy en sintonía con las nuevas generaciones. De ahí que esa puntada final resulte tan decepcionante y desconectada de la serie, que hasta ahora se había esforzado bastante en ese sentido, alzándose como un referente social positivo para los jóvenes dentro de su envoltorio perverso y endiablado.

Por esta razón, y porque he disfrutado mucho del viaje a pesar de los baches, seguiré defendiendo Las escalofriantes aventuras de Sabrina, solo que ahora cuando lo haga, siempre tendré que añadir “a pesar de su final”.

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