Precios Justos: los productos cuestan hasta 167% más en almacenes y autoservicios

La brecha de precios entre las grandes cadenas y los autoservicios chinos o almacenes suele ser habitual, ya que las primeras tienen mayor poder de negociación con los proveedores.
La brecha de precios entre las grandes cadenas y los autoservicios chinos o almacenes suele ser habitual, ya que las primeras tienen mayor poder de negociación con los proveedores. - Créditos: @Shutterstock

Decidido a mostrar iniciativa para controlar la suba de precios, el Gobierno motivó al gremio Camioneros y a otras organizaciones sociales a que colaboren con el control del cumplimiento del programa Precios Justos. Sin embargo, la paradoja que esconde esta acción es que la iniciativa que fija los precios de consumo masivo solo está vigente en las grandes cadenas de supermercado, mientras que en los comercios de cercanía, los mismos productos pueden costar hasta 167% más caro. Estos últimos suelen ser los lugares donde compran las personas de menor poder adquisitivo.

La brecha de precios entre las grandes cadenas y los autoservicios chinos o almacenes suele ser habitual, ya que las primeras tienen mayor poder de negociación con los proveedores. Sin embargo, en los últimos meses, sobre todo desde la implementación de los programas que fijan los precios, esa diferencia de valores se fue agrandando.

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LA NACION fue a dos comercios de cercanía y comparó los precios con los de una canasta de productos que pertenecen al programa Precios Justos. En ambos lugares encontró que la canasta de 15 productos costaba entre 22% y 38% más que si se tomaban los precios acordados en el programa. Las grandes cadenas de supermercados representan menos del 40% del total de puntos de venta del país, según estimaciones del sector.

El Gobierno promociona Precios Justos como una manera de cuidar el bolsillo de la gente. Sin embargo, como advirtió el exviceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis, los consumidores de poder adquisitivo medio y alto son los que compran en las grandes cadenas de supermercados, mientras que aquellos con menor poder adquisitivo suelen hacerlo en los pequeños comercios de barrio, donde el programa Precios Justos no está vigente.

“Nos metemos en un plan para desinflar los precios y que suban los salarios de los que menos tienen, pero ellos son los que compran en las superficies chicas y en los negocios de proximidad, donde Precios Justos no está. Si ustedes van una vez por mes al supermercado, en términos estadísticos, son ricos. Si va nuestra empleada, somos súper ricos. La gente a la que le cuesta llegar a fin de mes va tres veces por semana al chino, al almacén o a la carnicería, y la va llevando. Este programa de precios, que tal vez puede ser consistente, en esos lugares de proximidad no está”, dijo Álvarez Agis hace unos meses, antes de que se implemente el programa.

Del relevamiento de precios realizado surge que hay productos que cuestan hasta 167% más caro en el mercado de cercanía, como es el caso de una botella de agua con gas, baja en sodio, de un litro y medio. En el programa Precios Justos, esa botella vale $100,96, pero en el comercio cuesta $270.

La diferencia de precios también se ve en la compra de una bolsa de arroz de 500 gramos, donde el programa fija el valor en $119 y el comercio la vende a $200 (68% más caro), o en los fideos coditos, que cuestan $250, cuando en Precios Justos está fijado en un valor de $189,29 (32%).

Prepararse el desayuno también puede salir hasta 52% más caro, si se compra el café instantáneo en el supermercado de cercanía, donde un frasco pequeño de 100 gramos cuesta $550, cuando el programa fija el mismo producto en $362,25.

Otras brechas grandes de precios se encuentran en las botellas de aceite de 900 ml (88% de diferencia, $255,05 vs. $480), lavandina común de un litro (73%, $92,56 vs. $160) o un acondicionador de pelo de 400 ml (82%, $439,72 vs. $800).

Las empresas proveedoras de consumo masivo admiten que pasan una lista de precios más cara a los comercios que no son parte del programa Precios Justos, donde no tienen obligación de cumplir con el acuerdo. Es que, con una inflación mensual mayor al 5%, dificultades para acceder a la importación de insumos y un tipo de cambio oficial que sigue devaluándose por arriba del 3% en el mes, las compañías buscan mantener la rentabilidad en aquellos canales de venta.

En teoría, los comercios de cercanía también iban a participar del programa Precios Justos, como se anunció cuando se presentó en noviembre pasado, en el Centro Cultural Kirchner, pero, en los hechos, los controles para verificar el cumplimiento solo rigen para los supermercados líderes (el llamado grupo de los seis: Carrefour, Coto, Changomás, Día, La Anónima y el grupo Cencosud, que incluye a Jumbo, Disco y VEA).

En las grandes cadenas, además, los supermercados suelen ofrecer medios de pago con tarjetas de crédito y, en algunos casos, en cuotas, que son formas de pago más favorables en épocas de alta inflación, a diferencia de los comercios chicos, donde solo aceptan tarjetas de débito.

El programa Precios Justos es el cuarto que lanza el Gobierno en los últimos años, pero con distinto nombre. Antes se destacaron los planes Precios Claros, Productos Esenciales y Precios Cuidados.

En este caso, el programa está vigente por 120 días, hasta fines de marzo, aunque el Ministerio de Economía busca extenderlo. El Gobierno les ofrece a las empresas acceso a dólares para importar, que actualmente está restringido, a cambio de participar del programa, aunque las compañías de consumo masivo señalan que esa parte del acuerdo “no fluye” como quisieran.

“Es un acuerdo que fija los precios de un conjunto de productos de consumo masivo. A su vez, establece un sendero de precios para que otros productos esenciales no superen el 4% de aumento mensual”, dice la página oficial del programa.