James Bond está frente al mayor problema de su historia (fuera de la ficción)

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En tan solo unos días, Daniel Craig colgará para siempre el traje de James Bond. Su última película, y la vigesimoquinta de la franquicia, aterriza en cines el viernes 1 de octubre para dar por terminada la etapa bondiana que más cambios fue adoptando a lo largo de cinco entregas. Y es que la historia ha pasado del ejemplo de masculinidad tóxica que representó Sean Connery con aquel espía que utilizaba mujeres a su antojo con escenas que hoy cruzan límites inexcusables, a uno más sufrido y dramático, rodeado de mujeres pensantes e inteligentes que han dado vida a jefes, colegas astutas y compañeras igual de valientes. Sin embargo, ya se respira en el ambiente un aire cargado de presión por parte de la generación woke.

Sin tiempo para morir es el gran estreno de la semana, e incluso de la temporada tras un año y medio esperándola, pero el huracán de la cancelación podría convertirse en la gran pesadilla de la saga ahora que se acerca el momento de pasar página.

Daniel Craig es James Bond en Sin tiempo para morir (EON Productions and Metro-Goldwyn-Mayer Studios film. Crédito: Nicola Dove.© 2021 DANJAQ, LLC AND MGM. ALL RIGHTS RESERVED.)
Daniel Craig es James Bond en Sin tiempo para morir (EON Productions and Metro-Goldwyn-Mayer Studios film. Crédito: Nicola Dove.© 2021 DANJAQ, LLC AND MGM. ALL RIGHTS RESERVED.)

Cada vez que Daniel Craig ha dicho que la próxima entrega sería su última película como 007 (sucedió varias veces en los últimos años), fuimos testigos de un sinfín de rumores que señalaban a los candidatos que podrían tomar su lugar. Es más, es una de las apuestas más habituales en las casas de apuestas británicas. Adivinar quién puede ser el próximo espía se ha convertido en una costumbre cinéfila, sin embargo, desde hace un tiempo también es una polémica constante dividida entre tradicionalistas que quieren mantener la creación de Ian Fleming intacta y progresistas bañados de influencia woke que quieren que 007 sirva de ejemplo, ya sea con un actor negro que aporte representación racial o con una mujer

Y a las pruebas me remito. No hace falta remontarse mucho en el tiempo para encontrar ejemplos de la tormenta sociocultural que se le viene a la saga. Digamos que cada vez que Daniel Craig abre la boca para hablar del futuro de la saga, sube el pan. Sus palabras terminan sacándose de contexto y los ánimos se caldean más de la cuenta en redes sociales. Sucedió cuando dijo que prefería cortarse las venas antes que hacer otra entrega de la saga -una frase que ha explicado decena de veces recordando al mundo lo agotado que estaba tras un rodaje extenso y difícil para él-. Y pasó de nuevo hace unos días cuando se pronunció sobre el rumor que señala la posibilidad de que su reemplazo sea una mujer. Un rumor que, por cierto, se incrementó cuando se supo que Lashana Lynch es la nueva 007 en Sin tiempo para morir dado que James Bond tira la toalla al final de Spectre (2015) para vivir una vida tranquila junto a su nuevo amor, Madeleine Swann (Léa Seydoux).

“Simplemente debería haber mejores personajes para mujeres y actores de color” dijo a Radio Times. “¿Por qué debería una mujer interpretar a James Bond cuando debería haber un personaje tan bueno como James Bond, pero para una mujer?” cuestionó con toda la razón del mundo. Sin embargo, sus palabras derivaron en titulares que tiñeron de sensacionalismo la intención de sus declaraciones, diciendo que “Daniel Craig no considera que una mujer deba interpretar a James Bond”, que “Daniel Craig no quiere que James Bond sea una mujer”, “se opone”, “rechaza”, “se niega”, “en contra”, etc., mientras las redes se inundaban de tuits a favor o en contra. 

Lo mismo sucedió cuando el director de Training Day, Antoine Fuqua dijo en agosto de 2018 que había entablado una conversación con la productora de la saga, Barbara Broccoli, donde se había mencionado la posibilidad de Idris Elba como la primera versión negra de 007. En tan solo un par de días, el actor respondía con un tuit haciendo referencia al personaje y abriendo la veda a las especulaciones. El frenesí cobró vida propia y el actor de Luther tuvo que desmentir el rumor en varias ocasiones, mientras otros actores aprovecharon la moda para subirse al carro de la noticia, como sucedió con Regé-Jean Page de Los Bridgerton. No tuvo más que subir una imagen a Instagram haciendo referencia a otra frase icónica de Bond y su nombre enseguida se coló en las quinielas. 

Desde entonces el movimiento woke acecha a la saga con cada declaración, rumor o polémica, cuestionando por qué no se adapta un personaje con un pasado machista y representación tradicionalmente blanca como ejemplo del cambio definitivo. Un acecho a ritmo de gacela que tiene la capacidad de hacer el ruido suficiente como para convertirse en el mayor dolor de cabeza de Barbara Broccoli y Michael G. Wilson en cuestión de pocos días.

Porque una vez que Sin tiempo para morir haya cumplido su propósito en taquilla, o incluso el día siguiente de su estreno, comenzarán nuevos rumores y preguntas sobre su futuro. Será inevitable que las redes se llenen de comentarios y opiniones sobre los pasos que debería dar la saga, y viendo las críticas y peticiones que desde hace tres años piden que Idris Elba tome el relevo o los comentarios negativos contra las palabras de Daniel Craig ante la pregunta de cambiar de género al personaje, no cabe duda que dará lugar a la cultura woke como exponente principal del grito de cambio. Para muchos, después de todo, si Doctor Who lo hizo cambiando de género a su protagonista con el fichaje de Jodie Whittaker, si Ocean’s Eleven tuvo su versión femenina, si se está trabajando en un Superman negro, ¿por qué no darle el cambio a James Bond?

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Y será entonces cuando los responsables de la saga podrían verse con el mayor problema de su historia. Para empezar, estemos de acuerdo o no, el movimiento woke forma parte de la cultura moderna. Y si bien a veces puede llevar sus exigencias a extremos, forma parte del despertar de la conciencia social ante la urgencia de igualdad de género, racial y otras injusticias. Y, sobre todo, vive entre nuevas generaciones de cinéfilos que son los que el día de mañana consumirán nuevas entregas de James Bond. Después de todo, y por ley de vida, los más tradicionalistas tampoco serán eternos.

¿Qué hará Barbara Broccoli y cía. cuando el futuro de 007 quede en el aire y el público se divida entre el tradicionalismo y el cambio radical? Hasta ahora habían logrado salir airosos añadiendo cambios una película a la vez, redibujando el personaje con toques más emocionales y humanos, cambiando la representación femenina, pero sin olvidar que se trata de una obra de representación británica por sobre todas las cosas. Pero cuando esta etapa llegue a su fin tras el 1 de octubre, y comiencen las dudas de futuro, es posible que las exigencias que vienen acechando a la saga adquieran un volumen tan alto que será difícil no hacerle caso.

A los responsables de la saga se les podría venir una hecatombe monumental cuando se queden desamparados sin el escudo de Daniel Craig protegiendo el negocio como rol asentado, y se vean en el centro de la petición de cambio de futuros cinéfilos consumidores y la tradición de una saga que lleva más de 60 años siendo representación británica caucásica. Es como si hubiera un sector del público que cree adecuado aprovechar el tirón de James Bond para alzar la voz de la igualdad, sin embargo me pregunto, ¿por qué querríamos a una mujer espía dando el pego como James Bond? ¿Qué problema hay con crear otro personaje, con otra historia y legado a futuro que no tenga relación con 007?

Y es aquí cuando todos deberíamos tener en cuenta las palabras de Daniel Craig, esas que han provocado tantos dimes y diretes. Y es que las mujeres o actores de color no necesitan de una versión cambiada de James Bond para hacerse notar. Ahí están Wonder Woman o Black Panther como ejemplos evidentes. En cambio, debería apoyarse la creación de un personaje icónico femenino, negro, asiático, LGTBQ+, como parte de la labor de la industria para elevar la presencia de igualdad. ¿Para qué querríamos que se adaptara un personaje anticuado en los libros de Ian Fleming a la representación negra o femenina en el cine? ¿Acaso no se puede crear algo nuevo, original y actualizado para el público moderno que no tenga que estar basado en un rol del pasado tan repleto de clichés arcaicos y que ya cuenta con una presencia de peso en la historia del cine?

Después de todo, y aunque el auge woke lleve un tiempo detrás de James Bond pidiendo cambios extremos, el 007 de Daniel Craig ha ido evolucionando. Lento, quizás no tanto como debería, pero intentándolo. Y parece que aquellos aferrados a la idea del cambio radical como medio para lanzar un mensaje sociocultural, se olvidan que James Bond es un personaje de su época. Un espía que se quedó en el tiempo y que sus responsables modernos han intentado adaptar a su manera. Desde hace un par de entregas ya no hay ‘chicas Bond’, sino mujeres que están a la par o incluso saben separar mejor que él la parte profesional del bagaje emocional. Como fue el caso de la M de Judi Dench, la Moneypenny de Naomie Harris y lo que promete representar Lyshana Lynch como nueva compañera de acción. Es más, ahora 007 llora y consuela a una mujer bajo la ducha vestido de etiqueta. 

Han corrido ríos de tinta desde aquel James Bond que prácticamente forzaba a una mujer en Thunderbolt (1965) al espía emocional de Daniel Craig. Y sus responsables lo saben. Lo dijo el director de la nueva entrega, Cary Fukunaga, a The Hollywood Reporter, asegurando que “no se puede cambiar a Bond de la noche a la mañana en una persona diferente pero definitivamente se puede cambiar el mundo a su alrededor y la forma en que funciona en ese mundo. Es la historia de un hombre blanco como espía, pero debes estar dispuesto a inclinarte y hacer el trabajo para que los personajes femeninos sean más que solo artilugios”.

De momento parece que la táctica será tomar algo de distancia y darse un tiempo, como aseguró Barbara Broccoli a Daily Mail, confesando que Sin tiempo para morir supone una despedida pero insistiendo que no debería haber una mujer dando vida a un personaje masculino y que no comenzarán a plantearse reemplazos hasta 2022. Pero ¿cómo afrontarán las peticiones de cambio cuando la generación woke comience a hacer ruido tras el fin de la era Craig? ¿Cómo harán frente a las críticas pidiendo un actor negro o una mujer Bond cuando manejan una saga tan tradicionalista? No escucharlos puede derivar en la pérdida de futuros espectadores, seguir haciendo retoques llevaría a repetirse demasiado y cambiar de género o color un personaje tradicional probablemente desate la ira entre los fans de siempre. Sea como fuere se viene un grave dolor de cabeza para quienes están detrás de 007.

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