Si retiran 'Lo que el viento se llevó' del streaming, ¿significa que fuimos cómplices de racismo?

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Lo que el viento se llevó lleva décadas provocando críticas por su retrato de la esclavitud y hace años que el uso del blackface (llevar maquillaje para interpretar un personaje negro) está considerado un insulto racista en la industria del entretenimiento. Sin embargo, es ahora que pagan el precio por un mensaje del pasado tras el necesario despertar activista estadounidense a raíz de la muerte de George Floyd.

Pero uno podría preguntarse: si como espectadores contribuimos a su éxito en algún momento ¿debemos considerarnos cómplices de racismo?

Metro-Goldwyn-Mayer
Metro-Goldwyn-Mayer

En la mañana del miércoles nos despertábamos con la noticia: el romance épico de 1939 había sido retirado de la recién estrenada plataforma de HBO Max en EEUU por las mismas críticas que le persiguen desde hace más de 80 años. Según la compañía sería “irresponsable” mantenerla “sin una explicación y una denuncia" de sus "representaciones racistas" y por lo tanto la retiraban para volver a tenerla disponible más adelante acompañada de una advertencia. Una decisión que llegó un día después de que el guionista de 12 años de esclavitud, John Ridley, escribiera en Los Angeles Times que la cinta perpetúa "dolorosos estereotipos de personas de color" (BBC). A su vez, el programa humorístico Little Britain también pasaba a la historia en los servicios streaming británicos como BBC iPlayer, Netflix y BritBox, por culpa de sketches de hace entre 17 y 9 años donde sus actores recurrían al blackface. Una práctica que ya había recibido críticas en su momento, hasta el punto que su protagonista, Matt Lucas, se disculpó en 2007 en una entrevista a Big Issue. Y entre medias también cayó COPS, uno de los realities más longevos de la televisión estadounidense por glorificar el trabajo de la policía a lo largo de 33 temporadas. Aunque en este caso en particular, el motivo es otro. No olvidemos que en cuanto a la relación policía-sociedad se refiere en EEUU, el horno no está para bollos tras los disturbios y enfrentamientos en diferentes ciudades. Por eso, volvamos a los dos primeros.

Un mensaje de condena a prácticas como el blackface o la glorificación de la esclavitud que muestra el clásico épico resulta necesario en pleno movimiento Black Lives Matter, como símbolo de apoyo a la comunidad afroamericana para que sepan que, como sociedad global, reconocemos el terrible pasado que otras generaciones tuvieron que soportar en el país. Incluso hace unos días la polémica recaía en Jimmy Fallon por lo mismo, tras la reaparición de un sketch del año 2000 en donde aparecía maquillado de negro imitando a Chris Rock.

Pero también podríamos preguntarnos cuál es el sentido de condenarlos con la censura ahora, y aún más si les cuento que tras retirarla de HBO Max, el público corrió a buscar Lo que el viento se llevó a Amazon en EEUU. Según Variety, un día después de la decisión, la película lidera la lista de largometrajes más vendidos de la plataforma -en DVD y alquiler- mientras que en iTunes ha escalado hasta la posición 5. Es decir, por curiosidad o por ser historia del cine, el público ha querido verla o tenerla en casa.

Reconocer errores del pasado está bien, es lo correcto, pero al eliminarlos de nuestro alcance ¿estamos condenando también a los espectadores permisivos de otras décadas solo por ver el producto fruto de su tiempo? ¿A una sociedad más ignorante o menos consciente en cuanto a racismo sistémico se refiere? ¿O cómo criticamos un producto que es mera consecuencia de nuestra propia historia por mucha vergüenza que nos de reconocerla? ¿Qué aprendemos al esconderlos?

Little Britain (Crédito: BBC)
Little Britain (Crédito: BBC)

Si, el mundo era más permisivo y silencioso con el racismo sistémico que se vive en EEUU. Es verdad y debe cambiar a través de la educación de la historia y el recuerdo. ¿O no resulta más productivo reconocer los errores del pasado y ser conscientes para aprender de ellos y evitar que se repitan, en lugar de censurarlos o rechazar su existencia? ¿No es mejor recordar que como sociedad hubo generaciones que permitieron la glorificación de la esclavitud o el blackface -y en su mayoría sin siquiera darse cuenta- y solo por ser fruto de la era vivida, para así aprender y ser mejores?

A fin de cuentas, se trata de aprender de nuestros errores y no permitir que estas glorificaciones o prácticas se repitan. Por eso, me pregunto de nuevo: si nuestros padres o abuelos rieron en alguna ocasión con sketches recurriendo al blackface solo por ser producto de otra era -dudo mucho que mis propios abuelos inmigrantes españoles en Argentina huyendo de la pobreza consecuente de las guerras se dieran cuenta de la connotación racista de la práctica y reaccionaran con total inocencia si llegaron a ver a Shirley Temple llevando blackface en The littlest rebel (1935)-; o si nuestros ancestros o nosotros mismos contribuimos a que Lo que el viento se llevó sea recordada como una de las mejores películas de la historia, ¿debemos considerarnos todos cómplices de racismo?

Mi humilde opinión es que no, simplemente porque no éramos tan conscientes como ahora. Al menos a este lado del charco. Las películas, así como nosotros mismos como seres partícipes de una sociedad, son productos de nuestro tiempo y por eso no debemos olvidarlas, oprimirlas y esconderlas. Debemos reconocer que existieron así como debemos reconocer la ignoracia o el egoísmo global de la comunidad blanca en tender la mano a la sociedad afroamericana en busca del cambio. Y así seguiremos avanzando. Recordar que las vimos y que incluso en muchos casos ni nos dimos cuenta que escondían una opresión racista en su mensaje. Que simplemente éramos producto del consumo del momento.

El nacimiento del blackface en EEUU (ya que hay historiadores que creen que podría datar de la era de Shakespeare) tiene sus orígenes en los primeros años tras la Guerra Civil cuando artistas blancos se maquillaban para deshumanizar y burlar a los afroamericanos en obras de teatro. Su nacimiento ya era racista. Eso es lo que debemos recordar para poder condenar que se repita. El que un humorista haya recurrido a la práctica hace varios años, en otra era con otra realidad política -errónea, sí, pero otra realidad- ¿es como para pedir que se termine su carrera como pedían algunos ante la polémica de Jimmy Fallon? Creo que no, que mejor sería aprender a reconocer el pasado para mejorar el presente.

A fin de cuentas, es importante reconocer nuestros errores como individuos, pero también como sociedad, tanto en nuestra realidad social, como política y cultural. Lo que el viento se llevó está considerada como la película más taquillera de la historia cuando se ajustan sus ganancias a la inflación ($3.7 mil millones). Se reestrenó en varias ocasiones a lo largo de los años y su impacto cultural fue incluso mayor que el impacto político que debería haber tenido en su momento cuando podríamos tener en cuenta la glorificación de la esclavitud que representan las figuras de Mammy (Hattie McDaniel) o Prissy (Butterfly McQueen). Es decir, la industria, las salas de cine, cadenas de televisión y millones de espectadores participaron para que la película consiguiera hacer historia a lo largo de 81 años, mientras la comunidad afroamericana se sentía ofendida. Esa historia del egoísmo mundial es lo que debemos destacar para aprender de ello. Sin embargo, las consecuencias no llegaron nunca con la misma fuerza de ahora cuando el mundo, por fin, está escuchando y prestando atención tras la tragedia de George Floyd. Ni siquiera cuando el dramaturgo afroamericano Calton Moss escribió en una carta abierta después del estreno que la cinta “atacaba a la comunidad negra por detrás”, casi 25 años después “del ataque frontal de El nacimiento de una nación”. La película más racista de la historia americana del año 1915, que muchos opinan que fue en parte culpable del renacer del Ku Klux Klan. O cuando se la calificó de “insultar a los negros” o de ser “un arma de terror contra los negros americanos” durante los años de su lanzamiento. O cuando Malcolm X sentenció que cuando vio a Prissy, la doncella de Escarlata O’Hara, “quiso esconderse bajo la alfombra” (Wikipedia).

Lo que pretendo decir es que las críticas existen desde sus inicios, pero no se hizo nada al respecto. No como ahora. Y eso también es parte de nuestra historia para aprender a ser mejores y concienciarnos de la existencia del racismo sistémico. Es 81 años más tarde que HBO Max decide actuar en consecuencia, retirándola de su servicio para volver a reponerla “más adelante con una advertencia que explique el contexto histórico de la producción”. Lo mismo que hizo Disney+ con clásicos que contienen representaciones racistas recurriendo a advertencias, como la que aparece al pinchar en Dumbo, por ejemplo, avisando que “contiene representaciones culturales obsoletas”. Sin embargo, la película más polémica de Disney en cuanto a racismo se refiere, Canción del sur, sigue retirada del mercado desde hace décadas debido a la glorificación de la esclavitud -mucho peor- de la que hace Lo que el viento se llevó. Sin embargo, no debemos olvidar de lo que Hollywood veía como entretenimiento en una época y lo que el público consumía para seguir aprendiendo.

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