El Real rescata la fascinante ópera enterrada por la URSS "El ángel de fuego"

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Madrid, 22 mar (EFE).- Los espectadores de "El ángel de fuego" en el Teatro Real han disfrutado hoy de un privilegio hurtado -primero por los nazis y después por la URSS- a Sergéi Prokófiev, autor de esta fascinante, desconocida y difícil ópera que Calixto Bieito sitúa en el cerebro de la protagonista, traumatizado por los abusos.

El público del Teatro Real, entre el que se encontraban invitados como el escritor Mario Vargas Llosa, el arquitecto Rafael Moneo, o los políticos Andrea Levy y Alberto Ruíz Gallardón, ha aplaudido con entusiasmo la representación de poco más de dos horas que finalizó el compositor en 1927.

El azar ha querido que las diez funciones programadas hasta el 5 de abril coincidan con la guerra entre Ucrania, territorio en el que nació Prokófiev (Donetsk 1891- Moscú 1953), y Rusia, que le adoptó como artista del régimen. Como homenaje al país invadido, el himno ucraniano precede el primer acto, hoy con el público en pie.

A continuación, la Orquesta Titular del Teatro Real se ha aplicado durante algo más de dos horas, sin descansos, en una música violenta, expresionista, compleja y "fascinante", según Gustavo Gimeno, habitualmente al frente de la Orchestre Philharmonique de Luxemburgo y de la Toronto Symphony Orchestra.

El esfuerzo y el virtuosismo que exige la partitura de Prokófiev, basada en el libro del simbolista ruso Valeri Briúsov de 1909 sobre una mujer con visiones demoníacas, ha presidido el trabajo de Gimeno, por primera vez al frente de una ópera en el Real.

Destacable ha sido también la interpretación musical -y actoral- de la pareja protagonista: la soprano lituana Ausrine Stundyte, que ya había encarnado a Renata en Viena, Aix-en-Provence y Varsovia, y el barítono inglés Leigh Melrose, consagrado intérprete de música contemporánea, como Ruprecht.

El segundo elenco lo encabezan la soprano rusa Elena Popovskaya y el barítono griego Dimitris Tiliakos.

ÓPERA RELEGADA

El "tour de force" de la protagonista, que apenas abandona el escenario, supera en complejidad y longitud papeles como Turandot, Salomé o Isolde, un reto gigantesco que constituye una de las razones que explican el ostracismo sufrido durante décadas por esta obra.

Pero el motivo fundamental es su temática: las apariciones y posesiones demoníacas que padece Renata desde que era niña y que la llevan a un convento donde es sometida a un exorcismo que acaba en histeria colectiva. Por el camino ha conocido a Ruprecht, que se enamora de ella e intenta salvarla.

Este argumento no se quería plantear bajo ningún concepto en aquel momento en la URSS, que no se atrevió a prohibir la obra de uno de sus compositores estrella, pero se ocupó de que no se estrenara en ningún teatro principal.

Los anteriores intentos en Berlín habían fracasado por el ascenso del nazismo, por lo que Prokófiev acabó reutilizando sus principales materiales musicales en la tercera sinfonía que compuso. "El ángel de fuego" no se estrenó hasta 1954 en La Fenice de Venecia, después de la muerte del autor.

ESTANCIAS DEL CEREBRO

El argumento, situado originalmente en la Alemania renacentista, resultaría "una mascarada" si se representara explícitamente con ángeles, magia y demonios en el escenario, según dejó escrito Prokófiev.

La actual puesta en escena de Calixto Bieito, conocido por sus radicales reinterpretaciones operísticas, ya se representó en Zurich en 2017. En un ambiente de los años 50, se mete en la mente de Renata y sugiere que el "ángel de fuego" que le provoca horror, dependencia y culpa es su propio padre, que abusó de ella en la niñez.

En el escenario hay un edificio vertical dividido en estancias en el que se representan imágenes y recuerdos de la protagonista: su habitación infantil -donde a menudo se encuentra Ernst Alisch, el actor que representa a su padre- una clínica abortiva o un salón en el que encuentra distintos personajes demoniacos que la atemorizan.

Los cubículos, nueva muestra del poderío técnico del Teatro Real, giran en el sentido de las agujas del reloj cuando la perturbada Renata parece encontrar cierta paz, y en sentido contrario al precipitarse sus crisis mentales.

Otro elemento recurrente es la bicicleta en la que la protagonista se traslada, posible metáfora del transcurrir de la existencia y lo difícil que es mantener un equilibrio, y que acabará entre llamas al final de la obra, en paralelo a la destrucción de la víctima demonizada.

ARTISTAS LLORANDO POR LA GUERRA

En total, en el reparto figuran una lituana, una georgiana, cinco rusos, un suizo-ruso-ucraniano, una polaca, un inglés, un griego, un alemán y cinco españoles para cantar un libreto en ruso, una mezcla habitual en las óperas que programa el Real.

"Hay que distinguir entre las instituciones culturales rusas (por ejemplo el Ballet Bolshoi ha sido cancelado en mayo) y los ciudadanos individuales" que en el caso de los cantantes participantes en esta ópera "lo están pasando muy mal", explica a Efe el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch.

Y para ejemplificarlo asegura que "en los ensayos hay momentos en que los artistas están literalmente llorando por las esquinas porque es gente que tiene nacionalidad rusa, pero sus padres están en Kiev, o tienen familia en Ucrania, o son medio ucranianos", relata.

"El ángel de fuego" es una de las apuestas arriesgadas de Matabosch, que la concibe como una obra a reivindicar y un acontecimiento artístico que el público podrá disfrutar hasta el 5 de abril, día en que la función será retransmitida en directo por el canal ARTE.

Marina Estévez Torreblanca

(c) Agencia EFE

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