'Regreso al futuro II' cumple 30 años: ¿es la mejor de la trilogía?

“-¡Marty, tienes que regresar conmigo!

-¿A dónde?

-¡Regresar al futuro!”

Con este diálogo entre Doc Brown y Marty McFly, y el DeLorean emprendiendo el vuelo, concluía Regreso al futuro, una de las películas más queridas e influyentes de la historia del cine. Producida por Steven Spielberg a través de su mítica Amblin Entertainment y dirigida por el visionario Robert Zemeckis, la cinta de aventuras y ciencia ficción se convirtió en el mayor éxito de taquilla de 1985, desatando todo un fenómeno alrededor de ella y de su joven protagonista, Michael J. Fox. Una recaudación de 351 millones de euros ($389 millones) en todo el mundo y la demanda de un público que necesitaba saber qué pasaba después de ese sorprendente cliffhanger resultaron en la inevitable producción de dos secuelas. El problema es que Zemeckis había concebido Regreso al futuro como una sola película y continuarla le iba a dar más de un quebradero de cabeza. Este 22 de noviembre se cumplen 30 años de aquella continuación.

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Peo antes, refresquemos la memoria -aunque no os haga falta porque os la sabéis de principio a fin. La primera entrega de Regreso al futuro cuenta la historia de un adolescente de 17 años llamado Marty McFly que viaja al pasado en una máquina del tiempo construida por su amigo, el científico loco Doc Brown (Christopher Lloyd). En 1955, Marty se encuentra con sus padres cuando todavía eran estudiantes de secundaria, y tras interceder en sus vidas y frustrar el encuentro que les llevaría a convertirse en pareja, debe intentar reparar el daño causado haciendo que se enamoren antes de desaparecer de la existencia junto a sus hermanos. Completada con éxito su misión, Marty vuelve a 1985, donde se encuentra con Doc, que le pide a él y a su novia, Jennifer, que vuelvan con él al futuro, explicándoles que sus hijos están en peligro.

En un principio, este final abierto iba a ser la conclusión definitiva, ya que no estaba planeado hacer más. Pero como adelantaba, el enorme éxito de la película llevó a Zemeckis a comprometerse a hacer una segunda y una tercera parte (que se filmaron a la vez), extendiendo la historia a partir de esa última escena. Regreso al futuro II se estrenó cuatro años después, en 1989, cosechando de nuevo un gran éxito entre el público. Pero el camino para llevarla a la gran pantalla no fue fácil. El propio director desveló en los comentarios de la película en su edición en DVD que el final de la primera parte fue ideado simplemente como un gag y que, de saber que iba a tener que continuar la historia, no lo habría hecho de esa manera.

Regreso al futuro II no está por lo general tan bien considerada como la primera, aunque es recordada con cariño y algunos la defienden como una de las mejores secuelas que se han hecho. ¿Es cierto eso de que segundas partes nunca fueron buenas? ¿La hemos idealizado con el tiempo o, por el contrario, la hemos infravalorado? ¿Es la mejor o la peor de la trilogía? Para responder estas preguntas he vuelto a ver la película en 2019 y, aunque aguanta bien el tiempo como clásico de culto que es, está claro que tiene sus problemas narrativos, sobre todo en el primer acto, donde Zemeckis y el guionista Bob Gale sudan la gota gorda para crear la continuidad y las situaciones de humor bajan el listón con respecto a la primera.

La película comienza con una recreación plano a plano del final de Regreso al futuro, salvo dos pequeñas pero significativas diferencias: el lapso de cuatro años salta a la vista en el físico de Michael J. Fox y la actriz que dio vida a su novia en la primera parte, Claudia Wells, ha sido sustituida por otra intérprete más popular en aquella época, Elisabeth Shue, conocida por películas míticas de los 80 como Aventuras en la gran ciudad o Cocktail. Tras este prólogo, el guion se libra de Jennifer a la primera de cambio, haciendo que Doc la duerma con uno de sus artilugios para quitarse el engorro de tener que incluirla en la historia (más adelante la involucran en la trama, pero su presencia nunca llega a ser importante).

A continuación, Marty y Doc buscan a los hijos del primero para llevar a cabo su misión. En 2015, Marty descubre un almanaque con resultados deportivos de los últimos 50 años y se plantea usarlo para ganar dinero, pero Doc se lo impide. Es entonces cuando el villano oficial de la saga, Biff Tannen (Thomas F. Wilson), se hace con el almanaque y lo utiliza para hacerse rico, lo que cambia por completo el futuro y la vida de Marty, que deberá volver de nuevo al pasado para restaurar el futuro original. Tras su accidentado arranque, el tramo que se desarrolla en 2015 destaca por su carácter alocado, pero también por descansar demasiado en los efectos y echar mano del humor facilón (Fox interpreta a su familia futura casi al completo, incluso disfrazándose de mujer para dar vida a la hija de Marty, lo que nos deja escenas de dudoso gusto). Afortunadamente, la película va mejorando conforme avanza, desarrollando un argumento bastante lioso pero muy entretenido y ocurrente. A partir del regreso de Marty a 1985 y su nuevo viaje a 1955 para salvar el futuro, la película remonta el vuelo y ya no baja el ritmo en ningún momento.

Regreso al futuro II recupera muchos de los elementos que convirtieron a la primera película en un taquillazo y los multiplica. Hay más acción, más efectos especiales (muy punteros para la época) y sobre todo, más saltos en el tiempo, paradojas y giros de guion. Pero sin duda, lo más llamativo del film es cómo imaginó nuestro futuro. El 2015 al que viajan Marty y Doc al principio de la película ya es pasado para nosotros, por lo que la experiencia de ver Regreso al futuro II en 2019 es especialmente curiosa y divertida, ya que nos permite comparar cómo imaginaban el futuro en 1989 y cómo ha resultado ser.

Empecemos con los aciertos. Regreso al futuro II dio en la diana retratando un futuro en el que nuestros hogares se convertirían en casas inteligentes, conectadas electrónicamente y activadas por voz. La película también predijo las Smart TV, mostrándonos una pantalla enorme que funcionaba tanto para ver miles de canales como para recibir videollamadas, y que contaba con imágenes de obras de arte como salvapantallas. Ahora bien, la televisión estaba conectada a un fax que funcionaba con normalidad, por lo que se equivocaron al pensar que en 2015 seguiríamos usando ese aparato de forma cotidiana.

La predicción más acertada del film es ese bar temático de los 80 que vaticinaba un siglo XXI en el que estaríamos atrapados por la nostalgia y obsesionados con esta década. Zemeckis también adivinó que el 3D seguiría existiendo, que las secuelas nos invadirían (inolvidable el plano en el que un tiburón tridimensional ataca a Marty en plena calle como parte de la promoción de Tiburón 19) y que habría mayor diversidad en profesiones tradicionalmente masculinas (dos agentes de policía que aparecen en la película son mujeres, y además una de ellas afroamericana). Por último, pero (por desgracia) no por ello menos importante, Regreso al futuro II predijo el ascenso al poder de Donald Trump. El guionista de la trilogía confirmó en una entrevista a The Daily Beast que nuestras sospechas eran ciertas: el personaje de Biff está basado en el actual presidente de los Estados Unidos.

Eso sí, mientras estas predicciones se acabaron haciendo realidad, Regreso al futuro II se equivocó en varias cosas importantes: en 2015 no existirían los coches voladores (en 2019 seguimos sin tenerlos, ¿a qué están esperando?), todavía no se ha inventado la Hoverboard flotante (la que funciona con ruedas y electrónicamente sí, y fue todo un fenómeno hace un par de años, así que ahí hay un acierto a medias) y tampoco tenemos pizzas liofilizadas que se hacen en dos segundos. Claro que eso no impidió que las numerosas marcas que se promocionan en la trilogía, como Pepsi, Nike, Lexus o Pizza Hut, aprovecharan para lanzar productos limitados en 2015 para conmemorar nuestra llegada a la fecha en la que transcurre la secuela (el 21 de octubre de 2015). Finalmente, la moda de los 2010 ha resultado ser muy distinta a la que imaginó la película. Si bien es cierto que los 80 volvieron, nadie va por la calle con bodysuits de colores chillones, accesorios de cyborg, cascos de metal en la cabeza o chaquetas que ajustan su talla pulsando un botón.

Todos estos elementos hacen de Regreso al futuro II una película rebosante de creatividad e imaginación que logró superar sus obstáculos iniciales para lograr su objetivo. En su día, la crítica no la recibió con tanto entusiasmo como a la anterior, pero con el tiempo se ha convertido en una de las secuelas mejor valoradas del cine. Pese a sus fallos, el público la guarda en un lugar muy especial de su corazón nostálgico, sobre todo porque forma parte, junto a la primera y la tercera parte (ambientada en el viejo Oeste y estrenada solo un año después), de un conjunto muy sólido y unificado. Y ahí está la clave. No miramos Regreso al futuro II tanto como una película independiente, sino como parte de un todo. Aunque no logra reproducir la magia de la primera, es una de las películas más entretenidas de los 80 y una secuela muy digna que forma parte de una saga redonda. La idea de una cuarta parte resurge cada cierto tiempo, pero Zemeckis tiene claro que no se va a hacer nunca, y los fans sabemos que así debe ser. Hay películas que es mejor dejarlas en el pasado, para regresar a ellas cada vez que necesitemos revivirlo.

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