Renovarse o morir: cómo el cine se reinventa a través de su comida

Paloma García Castillejos
·6  min de lectura

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Ante un inminente cierre de establecimientos por la pandemia, la industria cinematográfica está en el proceso de adaptar nuevos modelos de negocio para ofrecer experiencias integrales y seguras. La comida juega un papel clave en el cine pues se convirtió en el vínculo entre clientes y vendedores. Además, ¿quién perdona una función sin palomitas?

Muchas son las ideas que se han emprendido para reactivar las empresas que se dedican a la proyección de películas. Dulcería a domicilio, el regreso a los cines al aire libre y la renta de salas para eventos privados han sido tan solo algunas de ellas.

La comida siempre ha sido fundamental a la hora hablar de cine y la nueva normalidad no es ajena a esto. Con palomitas en mano, las películas salen de las salas para llegar a los cineastas y en muchos casos son el canal de comunicación más eficiente entre las empresas y sus consumidores.

Cerraron las salas de cine pero su comida nos regresa a ellas

A casi un año de confinamiento en México, los cines han registrado pérdidas de aproximadamente 18 mil 407 millones de pesos en boletos según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine).

Esto equivale -tomando en cuenta un precio promedio de 55 pesos por entrada- a 334 millones de personas que dejaron de asistir y por supuesto, también de consumir palomitas, refrescos y comida en general.

Según datos de Cinépolis, el boletaje no es lo único que mantiene la empresa ya que la dulcería juega una parte importante en el negocio. En temporada alta, vender comida representaba hasta el 60% de las ganancias totales de un cine.

Ante esto, una reapertura con límite de aforo y restricción para consumir alimentos y bebidas se volvió inviable.

comida cine
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Las mentes creativas

Pero ante la crisis surgieron ideas para fidelizar a los clientes. Una de ellas vino precisamente Cinépolis que desde abril de 2020 tiene varias de las dulcerías de sus salas de cine funcionando en servicio de comida a domicilio mediante la plataforma UberEats.

La intención, nos platican, era mantenerse en la mente de sus clientes y complementar su plataforma de streaming Cinépolis Klic durante el confinamiento; sin embargo, sucedió algo que nadie esperaba: las palomitas y los hot dogs a domicilio fueron todo un éxito.

Se volvió muy popular, la gente ahora arma su tarde de cine en casa con estos productos y los pedidos más recurrentes son los sábados y los domingos en la tarde.

Mar Medrano, vocera de UberEats.

Esta idea la replicó Cinemex y también otras empresas que no tienen nada que ver con el cine pero tuvieron la visión de ofrecer comida para el Netflix and Chill. Una de ellas, cuenta Mar, es Chilim Balam con más de 10 sucursales tan solo en la Ciudad de México.

Más ideas para no morir en la raya

Las grandes cadenas de proyección de películas en el mundo tenían un problema común cuando se reactivaron las actividades: miles de salas vacías que pocos se atrevían a visitar por miedo a contagiarse.

Un paliativo surgió en Estados Unidos, donde Cinépolis USA comenzó a rentar sus espacios para toda clase de eventos privados, desde actividades eclesiásticas hasta celebraciones de cumpleaños. Bajo este esquema, la empresa brinda alimentos y bebidas para complementar.

Esto lo replicó su homónimo en México y también Cinemex cuando las medidas sanitarias lo permitieron. A pesar de que el consumo de comida en el cine estaba limitado por el color del semáforo, ante rentas privadas la dulcería podía operar normalmente aunque extremó las medidas sanitarias.

No todas son grandes cadenas… pero sí tienen grandes ideas

El cine de arte no escapa al vínculo gastronómico. En la Cineteca Nacional, la comida es también una forma de prolongar la estancia de los clientes y captar mayores ingresos.

En tiempos recientes, las funciones se dan al aire libre y la dulcería es un factor clave para mantener a flote el negocio. De acuerdo con su equipo operativo, 7 de cada 10 personas que pagan por un boleto de cine compran comida y eso los ha orillado a diversificarse y prestar más atención a esta área.

Asimismo, centros culturales como el Cine Tonalá encuentran también una ventaja competitiva en el sector de alimentos y bebidas aunque ese no sea el negocio principal. Marcela Lugo Mora, cabeza del área de restaurante, nos cuenta que durante los meses de pandemia en los que el centro cultural estuvo cerrado, sobrevivieron mediante diferentes alianzas, campañas en DONADORA, entregas a domicilio y servicio para llevar.

Hoy, el espacio se mantiene vivo con la terraza, donde, si bien el atractivo principal es la comida, también hay actividades culturales que antes se realizaban dentro del foro. Es el restaurante el que le da vida al centro cultural cuando antes eran espacios complementarios y en igualdad de condiciones.

Un clásico que está de vuelta

comida cine
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En julio de 2020, la revista Vanity en el Reino Unido reportó que la cantidad de autocinemas en todo su territorio había crecido de 4 a 40 tan solo en el periodo del confinamiento. Este fenómeno creció en el interés mundial y hoy es una tendencia que llegó para quedarse.

La Ciudad de México no se quedó atrás. Hasta hoy hay más de 10 establecimientos que proyectan películas a cinéfilos que llegan en sus coches y algunas ya van por el décimo año de operación como el Autocinema Coyote.

Aquí la comida no se queda fuera y se vuelve uno de los principales canales de comunicación con los clientes; la seguridad en los alimentos, la oferta gastronómica y la calidad en el servicio son la forma más cálida de llegar a aquellos que van a disfrutar de una buena película.

En la mayoría de los casos, los consumidores ya no pueden bajar de sus vehículos sino que un mesero se acerca a ellos, toma la orden y entrega toda la comida antes de la función de cine. Porque la compra de boletos sucede en línea, este es el único momento en el que hay una relación humana en toda la experiencia.

De todos los colores y sabores

Autocinema Platino Cinemex abrió en septiembre como una alternativa premium de este tipo de servicios. Además de ser el único que proyecta películas bajo techo, tiene la promesa de venta de proveer un servicio como en casa y por supuesto, las palomitas y los nachos no faltan para que la función pueda continuar.

El servicio de comida en este modelo de negocio funciona con los estándares de higiene establecidos por el gobierno de la Ciudad de México para restaurantes. Todos los que tienen contacto con los alimentos deben usar cubrebocas, lavar sus manos frecuentemente, tomarse la temperatura y manipular la materia prima lo menos posible.

Por su parte, la empresa Auto Drive Cinema también desarrolló proyectos gastronómicos específicos para sus diversos mercados. La sede en el Campo Marte -que próximamente reabrirá- tiene una oferta más variada que incluye bebidas alcohólicas mientras que la sucursal de Reforma se enfoca en la comida de confort y en Santa Fe reinan las hamburguesas.

A pesar de que son dos industrias distintas, la gastronomía y el cine han crecido juntos y hoy ven la crisis de frente, con la posibilidad de aprovecharse una de la otra para poder resurgir también en conjunto. La historia ha demostrado que la venta de comida sí puede mejorar la industria cinematográfica y el secreto está en tener la capacidad de adaptarse.