Repartidores de comida en Nueva York encaran precarias condiciones de trabajo

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Nueva York, 14 dic (EFE News).- Miles de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes latinos, recorren en bicicletas las calles de Nueva York para entregar comida a tiempo a hogares, un servicio que durante la pandemia de covid-19 ha sido indispensable para muchos. Pero, en una industria no regulada, enfrentan condiciones de abuso laboral a las que intentan poner un alto.

Con la crisis de salud causada por la pandemia los restaurantes se vieron obligados a preparar comida solo para llevar y muchos neoyorquinos han recurrido a las aplicaciones para pedir alimentos y abastos de otros establecimientos, distribuidos por miles de "deliveristas" como el guatemalteco Gustavo Ajche, que volvió a esta industria, donde inicialmente había trabajado tras llegar a Nueva York en 2004, luego de perder su trabajo en la construcción.

"La entrega de comida es esencial, pero no todo el mundo lo ve así; la ciudad no lo ha tomado así. Desde que empezó la pandemia se ha complicado más", dijo a Efe mientras aguardaba un mensaje de la aplicación para la que trabaja en un parque del Midtown Manhattan.

Allí pasa horas junto a un nutrido grupo de jóvenes, también repartidores, en su mayoría guatemaltecos de origen maya que muchas veces se comunican entre sí en quiché, que afrontan las inclemencias del tiempo sin tener donde protegerse -situación que empeoró con la pandemia-, esperando junto a sus bicicletas, sus bolsas para comida caliente y sus móviles a que les avisen de la próxima entrega, que les lleva a recorrer a veces largas distancias.

"Es algo frustrante porque a través de las aplicaciones no hay relación de nosotros con los restaurantes; estamos como en el aire. Cuando hay algún problema la aplicación dice 'Habla con el restaurante', o los dueños del restaurante dicen 'Habla con la aplicación'", señala Ajche, portavoz del grupo que busca una solución a los problemas en esta millonaria industria.

"Y con el cliente -agrega- si la comida no llega a tiempo, el culpable es el deliverista. Y cuando pasa un accidente, la prioridad es la comida. No se preocupan por tu seguridad. Es por eso que poco a poco nos estamos organizando para poder validar nuestro trabajo".

Antes de la pandemia "uno que otro" restaurante no les permitía usar el baño, pero ahora muchos les niegan el acceso, y también son discriminados por algunos "managers", expuso. "Hay gente muy ruda; nos ven como si fuéramos mendigos y no es verdad. Nosotros mantenemos a flote muchos negocios", añadió.

Comenta, como ejemplo, que la aplicación de reparto de comida DoorDash debutó hace una semana con éxito en la Bolsa de Nueva York, lo que es resultado "de la mano dura de miles de inmigrantes luchando para sobrevivir que han hecho que su valor aumente en el mercado".

De acuerdo con Ajche, los repartidores afrontan además otros problemas como que no se les permite dejar sus bicicletas frente al negocio mientras recogen su entrega, no recibir el dinero de sus propinas, así como multas de la policía.

Los inmigrantes, afirma, "enfrentan cualquier condición del clima para poder sufragar sus gastos".

"Desde que empezó la pandemia todo el mundo está encerrado, pero la mayoría de los deliveristas no", destaca Ajche, que junto con su esposa, que cuida niños, ha mantenido en Guatemala a sus dos hijos, a los que dejaron cuando tenían menos de cinco años y ya van a la universidad.

Luego de un largo día de trabajo, un trabajador de entrega de comida podía regresar a casa, si el día fue bueno, con 150 dólares. "Pero ya ha bajado y puede terminar con 20 o 30 dólares", indicó.

Los repartidores, que no tienen derecho a un salario mínimo, horas extra o seguro médico, y no son empleados de los restaurantes ni de las aplicaciones, lo que les hace blanco del abuso laboral, se cuidan entre ellos, se comunican a través de un grupo que han establecido en WhatsApp y evaden entregas en lugares que consideren peligrosos, señala Ajche.

Algunos han sufrido el robo de dinero y de sus bicicletas eléctricas, valoradas en unos 2.000 dólares que se han visto obligados a comprar por las largas distancias que recorren; y también han sido agredidos durante los atracos.

Negarse a una entrega también les acarrea problemas porque al final del día la aplicación les califica de forma negativa y reclamar les puede costar que les bloqueen, por lo que muchos tienen miedo de hablar.

Los repartidores luchan con la ayuda del Workers Justice Project por espacios públicos donde protegerse de las inclemencias del tiempo, acceso a baños y fin a la discriminación, "porque se sufre mucho" por ser latinos e inmigrantes, afirmó Ajche.

También luchan por equipo de protección personal, derecho a organizarse para poder reclamar cuando les roban sus propinas y sufren represalias por exigir sus derechos, un salario más digno porque muchos dependen solo de las propinas, y protección contra el robo de sus bicicletas y la violencia de que han sido blanco, indicó por su parte a Efe Ligia Gualpa, directora ejecutiva del Workers Justice Project (workersproject.com).

"Deberían ser las aplicaciones como DoorDash, que están construyendo un imperio de miles de millones de dólares, las que garanticen un pago mínimo de 15 dólares por repartición de comida o por el kilometraje de largas distancias" de los que usan sus coches para las entregas, indicó la activista.

Gualpa citó un estudio que señaló que en 2015 habían unos 50.000 repartidores de comida en bicicleta trabajando solo para plataformas en Nueva York.

"Creemos que eso ha aumentado significativamente a por lo menos 80.000 trabajadores, en su mayoría inmigrantes que antes trabajaban en restaurantes y al cerrar se vieron obligados a salir a las calles a buscar una manera para sobrevivir. Debido a la demanda de repartición de comida las aplicaciones han construido un imperio", argumentó.

Las aplicaciones existían antes de la pandemia pero han ido subiendo, comentó, y agregó que aunque los trabajadores se han enfermado nadie sabe si fue de covid-19 porque no tienen seguro médico.

Las denuncias de este "sector olvidado" han llamado la atención de algunos políticos que se han comprometido a legislar para poner fin a los abusos, y algunos se han reunido con los trabajadores para desarrollar el proyecto.

"Queremos la legislación para regular la industria pero en este momento de crisis hay cosas de emergencia que se pueden hacer, como asegurar un salario más allá de la propina, los baños y protección contra el mal tiempo, el robo y la violencia, porque algunos deliveristas han muerto", indicó Gualpa.

"Los que dan de comer a los neoyorquinos son trabajadores inmigrantes que no tienen acceso a derechos básicos, que están en la calle exponiéndose a morir", puntualizó.

(c) Agencia EFE

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