RESEÑA | Sonríe: un gesto de horrorosa satisfacción

RESEÑA | Sonríe: un gesto de horrorosa satisfacción
RESEÑA | Sonríe: un gesto de horrorosa satisfacción

Pervertir símbolos aparentemente inocentes ha sido una de las mejores apuestas del cine de horror. Esa es la tarea que se propuso Parker Finn, director de Sonríe (82%), un filme que busca cambiar el sentido y las emociones que provoca el conocido gesto facial, por algo insospechado que deviene en temor, escalofríos y da la sensación de ser perseguido por una entidad más siniestra.

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Sonríe es la historia de Rose (Sosie Bacon), una psiquiatra que se ve perturbada por el suicidio que atestigua de una nueva paciente. Extrañada por el abrupto deceso y por el hecho de que le pareció ver a esa mujer sonreír mientras se quitaba la vida, pronto la protagonista va a descubrir que ha sido la más reciente en una larga cadena de personas acechadas por una perversa entidad que amenaza su vida.

El filme es una mezcla de El Aro (72%) y Está Detrás de Ti (97%), y toma lo mejor de ambas al darle cierta profundidad temática a los jumpscares más tradicionales del cine hollywoodense. Evita irse por el lado más fácil de ese efectismo, y sí ofrece una de las mejores películas de horror de este verano, si bien no podríamos considerarla en la lista de la más reciente ola del llamado “art-house horror” de películas como Midsommar: El Terror No Espera La Noche (98%) o La Bruja (91%).

El equilibrio entre fórmulas más convencionales y un genuino interés por usar imágenes que consiguen perturbar al respetable, además de poner de cabeza el significado de las sonrisas, son los elementos que hacen de esta cinta, una apuesta interesante. Si en un momento Finn detiene la cámara en un personaje cuya sonrisa provoca malestar, en la siguiente toma irrumpe una llamada o un vaso que cae al suelo, que sacuden al espectador de su asiento. Es el ritmo entre estas diferentes técnicas que evita que una u otra pierda impacto o se vuelva repetitiva.

Hay contadas secuencias de tensión en las que, muy al estilo de James Wan, Sonríe (82%) nos hace sospechar de algún punto en el plano y luego subvierte las expectativas causando miedo desde otro ángulo. Sin arruinar la anticipación, no confíen en el director durante una escena en la que Rose investiga una grabación de audio. Otra agradable sorpresa fue su uso de efectos prácticos. La criatura final, y ya sabrán a cuál nos referimos, los hará sentir náuseas de inmediato al ver, o siquiera pensar en una boca abriéndose y mostrando los dientes.

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Bacon merece reconocimiento gracias al retrato que hace de la decadencia del estado mental de su personaje. Escena tras escena, su deterioro hubiera sido fácil de exagerar, pero la actriz cuida de no volverse una caricatura y, de manera más interesante, va revelando lo que Rose oculta.

Temáticamente, hay un uso de las maldiciones, si se le puede llamar así, como metáfora del ciclo del trauma y la violencia. Sonríe apenas toca la superficie de ese estigma hacia las personas con trastornos mentales. La película muestra las repercusiones de ignorar a quienes sufren de estas enfermedades, lo hace para matizar la relación entre la protagonista y los personajes secundarios.

Sonríe (82%) será un gesto de regocijo para quienes gustan de este género, pero también es un guiño a quienes disfrutan de un tipo de misterio perturbador y más psicológico. La película ya se encuentra en cartelera.

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