Adoro a Ridley Scott, pero esta vez se ha pasado

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Por Alberto Cano.- La pandemia del COVID-19 ha conllevado a que este 2021 tengamos a Ridley Scott por partida doble. El director de Gladiator o Blade Runner estrena este viernes 26 de noviembre La casa Gucci con un reparto estelar conformado por Lady Gaga, Adam Driver o Jared Leto, pero en octubre ya nos deleitó con la épica medieval de enfoque feminista que fue El último duelo que muy pocos se acercaron a ver a las salas. A raíz de este fracaso, durante la promoción de La Casa Gucci el director no ha dudado en pronunciarse sobre el descalabro en taquilla, aunque sus palabras cargando contra los espectadores han sido muy desmedidas.

Ridley Scott en la premiere de 'El último duelo' en París (Foto: Dominique Charriau/Getty Images For Disney)
Ridley Scott en la premiere de 'El último duelo' en París (Foto: Dominique Charriau/Getty Images For Disney)

“Lo que tenemos hoy se reduce al público que se crio con esos malditos teléfonos móviles. Los millenials, que nunca quieren que se les enseñe nada a menos que se lo digas en su teléfono”, declaraba Scott para el podcast “WTF” de Marc Maron. "Estamos en una dirección equivocada, es algo que pasa cuando se le ha dado el tipo de confianza equivocado a esta última generación, creo", continuaba el director sobre los hábitos de consumo de los espectadores actuales.

Echando un vistazo a las cifras de El último duelo recogidas por webs como Box Office Mojo, puede comprobarse que, con un presupuesto elevado de 100 millones de dólares, tan solo lleva recaudados poco más de 27,4 millones en todo el mundo. Se trata de uno de los mayores fracasos de la carrera de Scott, cuyas grandes producciones pocas veces han fallado en taquilla. El director sostiene que Disney hizo “un trabajo de promoción fantástico”, que a los jefes del estudio “les encantó la película” y que desde el principio “todos pensaron que era un guion espectacular”, de ahí que prefiera culpar del fracaso a los espectadores.

Sin embargo, este análisis es simplista y muy injusto hacia el público. En primer lugar, porque Scott, director al que adoro, se olvida de que aún estamos saliendo de una pandemia y que los datos de taquilla siguen sin ser los idóneos para cualquier película. Bien es cierto que en el último año ha habido grades éxitos como Fast & Furious 9 o Sin tiempo para morir pero aún así, hablamos de cintas que con un estreno anterior al COVID-19 hubieran podido sobrepasar sin problema los 1.000 millones de dólares y no quedarse alrededor de los 700 como ha sido el caso.

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Además, por mucho que El último duelo se trate de una superproducción épica, lo cierto es que no deja de ser un drama adulto para un público muy concreto. Y precisamente, este target al que va dirigido la película sea el que menos tenga que ver con esa generación millenial pegada a los móviles y al consumo rápido a la que hace referencia el director. Y no solo eso, sino que estas nuevas formas de ver contenidos, el apego a las redes y a los dispositivos electrónicos no es culpa de los espectadores, sino de la propia industria que ha decidido apostar de lleno por este rumbo en el consumo cultural.

Scott está en lo cierto en que El último duelo es una de las películas del año. Su relato sobre un caso real de violación en la Edad Media narrado desde tres perspectivas diferentes sobrecoge a la vez que impresiona, pero por mucho que se trata de una de sus mejores obras recientes, que disponga de un reparto de grandes nombres como Matt Damon, Adam Driver, Ben Affleck o Jodie Comer, esté repleta de épica y disponga de temáticas muy relevantes, no deja de ser un drama adulto de 158 minutos de duración estrenado en un momento donde los espectadores solo tienen ojos para los grandes blockbusters y franquicias. Y como digo no es culpa suya, sino de los hábitos que la industria ha creado en los últimos años.

Por suerte, Scott podrá reconciliarse con el público el estreno de La casa Gucci este viernes 26 de noviembre, pero debería evitar caer en análisis tan simplistas y no culpar tan a la ligera a las nuevas generaciones. Se entiende que es un director de 83 años curtido en un Hollywood muy diferente al actual con una visión distinta del cine que la de generaciones como los millenials, pero debería poder entender que todo evoluciona, que los hábitos de consumo cambian y que las razones van mucho más allá de las decisiones de los propios espectadores.

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