Así se gastó 25.000$ Robert de Niro en sus dientes para llevar su papel al límite en 'El cabo del miedo'

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Más allá de ser dueño de un enorme talento, si hay un detalle que ha convertido a los personajes de Robert De Niro en algunos de los más influyentes y legendarios del cine es el compromiso y preparación que dedica a cada uno. Bob comenzó su carrera estudiando arte dramático con la respetada Stella Adler y el legendario profesor de método Lee Strasberg, afianzando su estilo a este tipo de actuación que fomenta las interpretaciones sinceras y emocionalmente expresivas. Y fue gracias a convertirse en un actor “de método”, estudiando a sus personajes, viviéndolos a través de sus profesiones o recurriendo a su propia transformación física, que De Niro nos dejó papeles inolvidables como en Toro Salvaje, El Padrino II, Taxi Driver o, la película que nos ocupa, El cabo del miedo. Que justamente cumple nada menos que 30 años desde su estreno original.

La dedicación que ha tenido para meterse en cada personaje lo ha llevado a hacer cosas extremas. Verdaderamente extremas.

Robert De Niro fuma un cigarro en una escena de la película 'El cabo del miedo', 1991. (Photo by Universal/Getty Images)
Robert De Niro fuma un cigarro en una escena de la película 'El cabo del miedo', 1991. (Photo by Universal/Getty Images)

Este año El cabo del miedo nos hace sentir un poco más viejos al cumplir treinta años de su estreno original en noviembre de 1991 (en España recién llegó en marzo del año siguiente). Hace poco volví a verla de nuevo, reencontrándome con uno de los mejores thrillers de los 90 y el mejor homenaje a Alfred Hitchcock que he visto en toda mi vida. La experiencia de verla otra vez me impregnó de tanta pasión cinematográfica que no puedo más que recomendarles que también lo hagan. En España la pueden encontrar en Filmin (o en compra y alquiler en plataformas de pago). 

La cinta supuso la séptima colaboración entre Martin Scorsese y Robert De Niro, aunque en un principio el proyecto iba a ser dirigido por Steven Spielberg. Sin embargo, el director de E.T. decidió finalmente que la idea era demasiado violenta y optó por hacer cambiazo con su amigo intercambiándose proyectos: Scorsese le cedió La lista de Schindler y Spielberg le dio el libreto de El cabo del miedo.

Robert De Niro siempre fue la primera elección para el papel del violador, acosador y psicópata Max Cady (aunque en las primeras etapas con Spielberg al mando, el cineasta quería a Bill Murray), mientras Scorsese quería a Harrison Ford como el abogado Sam Bowden. En la historia conocemos que Bowden había sido el abogado de Cady en un juicio por violación y había suprimido en secreto un reporte que acusaba a la víctima adolescente de promiscua. Tras cumplir sentencia, Cady sale dispuesto a buscar venganza acosándolo a él, a su esposa y sobre todo, a su hija de 15 años (con dos maravillosas Jessica Lange y Juliette Lewis).

Pues Ford no quiso el papel, básicamente porque quería ser el psicópata (y lo siento por él, pero tras ver a De Niro resulta imposible imaginar a otro actor haciéndolo mejor). Scorsese se negó y le dio el papel del abogado a Nick Nolte, con quien ya había trabajado en Historias de New York.

Y si para interpretar a un joven Vito Corleone en El padrino II Robert De Niro aprendió italiano; si para Taxi Driver condujo un taxi por todo Nueva York para adentrarse en el universo del personaje, y si para Toro Salvaje subió 27 kilos, aprendió a boxear y pasó horas y días junto a Jake Lamotta, para El cabo del miedo no iba a ser menos.

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Entrenó con constancia y firmeza para desarrollar músculos que lo hicieran ver fuerte y amenazante en todas las escenas que aparece sin camiseta -la idea era que, de esta manera, se vería más fuerte que Nick Nolte que físicamente era más alto que él-. Y además de preparar el personaje con toda su agresividad, malicia y violencia, también optó por transformar su sonrisa para hacerlo todavía más amenazante.

Además de trabajar el acento y transmitir esa psicopatía aterradora del personaje (aterradora porque resulta más real que otros psicópatas del cine) De Niro visitó al dentista y le pidió que le limara los dientes. Pagó $5.000 para que parezcan más gastados, pequeños pero afilados, y al terminar la producción pagó $20.000 para que se los arreglaran.

Es cierto que otros actores también han jugado con sus dientes por amor al trabajo. Johnny Depp se puso coronas de oro para dar vida al capitán Sparrow, Brad Pitt se quito sus coronas de dientes perfectos para El club de la lucha y Shia LaBeouf se quitó un diente para Corazones de acero. Aunque si hubo otro que se pasó de extremo fue Nicolas Cage que para interpretar a un veterano de Vietnam en Birdy aprovechó dos extracciones que tenía planificadas con sus dentista para meterse en el dolor del personaje, pidiendo que se lo hagan sin anestesia.

Pero gastarte $25.000 dólares y pasar por el dolor de retocarse todos los dientes dos veces sin dudas coloca a Robert De Niro como el actor que ha llevado su boca lo más lejos posible. Curiosamente, tras conocer esta anécdota me pasé viendo la película de nuevo prestando más atención a su forma de hablar y sus dientes, descubriendo lo mucho que aquel tratamiento tuvo que ver en esa transformación tan efectiva.

Y así, sintiéndose más amenazante con sus dientes limados, De Niro nos dejó uno de los memes vivientes de la historia del cine. ¿O quién no ha jugado alguna vez repitiendo su "¿abogado.... abogado?"

El cabo del miedo fue un remake del thriller noir de 1962 dirigido por J. Lee Thompson -basada a su vez en la novela The Executioners de John D. MacDonald- en donde Robert Mitchum daba vida al psicópata Cady y Gregory Peck era el abogado. Sin embargo, y a diferencia de los remakes habituales que casi nunca hacen justicia a las obras originales, aquí De Niro llevó al personaje a niveles más violentes y amenazantes que Mitchum mientras la película en general resulta más aterradora y oscura gracias, sobre todo, a la experimentación que hace Scorsese jugando a ser Alfred Hitchcock.

La película no solo cuenta con la banda sonora del compositor habitual del director de Psicosis, Bernard Herrmann -retocada luego por Elmer Bernstein- sino que Martin se deja influenciar por el estilo visual del maestro del suspense recurriendo a ángulos de cámara típicos de él (como contraponer dos personajes en primer plano desde distancias diferentes), sombras en forma de siluetas, cambios bruscos de edición y una sensación constante que respira aires hitchcocknianos.

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