¿Se puede separar el arte del artista si éste es un pederasta?

El director, Roman Polanski, en 1994 (Photo by Peter Turnley/Corbis/VCG via Getty Images)
El director, Roman Polanski, en 1994 (Photo by Peter Turnley/Corbis/VCG via Getty Images)

El mundo de la artes cuenta con una dicotomía que trae de cabeza a los espectadores, curadores, intelectuales y colegas de profesión en general. ¿Se puede separar el arte del artista? ¿Es posible seguir admirando la obra de un genio, por magnífica que sea, dejando de lado sus turbulentas decisiones y acciones vitales?

La Muestra de Venecia ha despertado un debate adormilado pero no apagado. La presencia del director polaco, Roman Polanski, después de estrenar su nuevo filme, ‘El oficial y el espía’, ha dividido las opiniones entre los miembros del jurado del célebre festival. El cinematógrafo está acusado en Estados Unidos de drogar y violar a una niña de 13 años de edad en 1978, momento en el que abandonó el país para evitar la cárcel. Nunca más ha vuelto y tampoco podrá pisar suelo italiano ya que sería extraditado ipso facto.

El director del festival, Alberto Barbera, defendió la presencia de la película de Polanski como candidata a ganar el ‘León de Oro’ tras argumentar que su profesión no es la de juez de una corte, sino la de valorar si un filme es apto o no para entrar en el certamen que dirige. Por su parte, la argentina, Lucrecia Martel, presidenta del jurado, también defiende la entrada del largometraje, aunque señaló que no irá a verlo. Para ella, la obra y el artista son la misma cosa, es decir, separar al pederasta del genio es imposible.

Pablo Neruda en Nueva York (Photo by Sam Falk/New York Times Co./Getty Images)
Pablo Neruda en Nueva York (Photo by Sam Falk/New York Times Co./Getty Images)

Consciente o inconscientemente, generalmente nos solemos quedar con la maravilla, con la genialidad e incluso llegamos a usar la parte más gris del personaje para entender su obra. En general, somos compasivos con ellos, quizás porque su aportación a la Humanidad es brillante o porque nos importa un bledo, como a Barbera, lo que cada quien haga con su vida mientras nos muestre su sensibilidad pictórica, cinéfila, musical, interpretativa, de escritura o de lo que sea. En la gran mayoría de los casos no tenemos ni idea de quién está detrás de estos trabajos, o no nos interesa.

El célebre pintor del barroco, Caravaggio, asesinó a un hombre después de amputarle el pene en el siglo XVII. Sus pinturas forman parte de los grandes libros de Historia del Arte y cuelgan de las paredes de museos como el Louvre. Dicen de él que también era un pederasta. Su vida podría aparecer en alguno de los escritos de Charles Bukowski, alcohólico y maltratador, hasta el punto de pegar a su esposa durante una entrevista televisiva en su casa. Pero nadie como Pablo Neruda para describir en ‘Confieso que he vivido’ los detalles de una violación en Celián, antigua Sri Lanka.

“Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”, confesó.

Woody Allen junto a las actrices, Emma Stone y Parker Posey. (REUTERS/Regis Duvignau)
Woody Allen junto a las actrices, Emma Stone y Parker Posey. (REUTERS/Regis Duvignau)

¿Es esta estética independiente a la ética y a la moral? ¿Hay que defenestrar a Picasso por misógino y atizador de mujeres? A Baudelaire, ‘Las flores del mal’ no le hubieran germinado de no haber sido tan maldito. La admiración al pensamiento marxista de Louis Althusser, adorado por la izquierda más melancólica, se olvida de que este filósofo francés estranguló a su mujer. La música de Richard Wagner es gloria para los oídos, sin embargo, su sensibilidad acababa en el punto en el que comenzaba su exacerbado antisemitismo.

Si Alfred Hichcock viviera en esta época, el movimiento ‘MeToo’ ya se habría encargado de destrozarle por todas las actrices a las que acosó, tal y como detalló la estadounidense, Tippi Hedren, en su biografía. Y si nos ceñimos al presente, Woody Allen es quizás el exponente del mundo del cine que más veces ha sido exonerado por fans y compañeros de profesión. Ni la escabrosa situación de casarse con su hijastra ha frenado el retorno económico que hacen chiribitas los ojos de los productores y actores. ¿Es posible borrar el legado de Michael Jackson tras la versión de los dos hombres de los que presuntamente abusó cuando eran niños?

Cada cual tendrá su opinión sobre cómo valorar las obras de artistas de ética reprobable. Y dentro de su contexto particular, las víctimas, las que ya no están y las que día a día tienen que plegarse ante la grandeza del pincel simbolista sobre el lienzo después de la bofetada de turno, ante aquél que grita “¡acción!” tras robar una infancia, o frente a aquella pluma posada sobre una estatua que permaneció todo el tiempo con los ojos abiertos, impasible.

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