'V' no iba a ser una serie sobre una invasión extraterrestre, sino un thriller político sobre el nazismo

Los 80 nos dejaron muchas series míticas para la posteridad. Sin duda, una de las más recordadas es V (1983-1985), fenómeno televisivo con el que los espectadores de medio mundo fueron testigos de una invasión extraterrestre que marcaría a toda una generación. Aunque no se mantuvo mucho tiempo en antena, logró dejar una huella indeleble en el espectador de la década, pasando a la historia como una de las series de ciencia ficción más populares de todos los tiempos.

Los platillos sobrevolando la ciudad, los alienígenas, conocidos como Visitantes, descubriendo su verdadera apariencia de lagarto bajo su piel humana artificial o la malvada Diana (Jane Badler) extendiendo monstruosamente su mandíbula para engullir una rata son imágenes que se quedaron grabadas en la retina del espectador de aquella época. Pero, aunque parezca mentira, V no siempre iba a ser una serie de ciencia ficción sobre una invasión extraterrestre, sino algo completamente distinto. A continuación explicamos la impactante idea original y por qué se cambió radicalmente.

'V' (Kenneth Johnson Productions/Warner Bros. Television)

V fue creada por Kenneth Johnson, director y guionista de televisión que trabajó en otras series icónicas de los 70 y 80 como El hombres de lo seis millones de dólares, La mujer biónica o El increíble Huk. Su estreno en la televisión estadounidense tuvo lugar en 1983 como una miniserie de dos partes que ascendía a una duración total de 200 minutos y atrapaba a la audiencia con la historia de una raza alienígena que decía llegar en son de paz pero escondía intenciones muy oscuras para la humanidad.

El éxito fue enorme. La primera parte de V fue el segundo programa más visto de la semana en Norteamérica con más de 8 millones de espectadores y el New York Times la declaró “un éxito para NBC”, cadena que normalmente salía perdiendo en los índices de audiencia. Poco después, el boom se extendió (como una invasión) por todo el mundo, causando furor en muchos países, entre ellos España, donde revistas como Teleindiscreta le dedicaban numerosas portadas, obsequios y colecciones de pegatinas que todo el mundo quería tener.

La gran acogida de V propició una continuación de tres episodios titulada V: La batalla final, que se emitió el año siguiente. En teoría y como indica su título, La batalla final iba a concluir la historia, pero la cadena quiso seguir aprovechando el impacto de la serie en la sociedad y decidió extenderla con una tercera parte, ahora sí en forma de serie de larga duración. V, la serie, se emitió entre 1984 y 1985 con un total de 19 episodios. Para entonces, Johnson había abandonado la producción por diferencias creativas con la cadena en cuanto a la dirección que debía tomar la historia, y V acabó siendo cancelada tras su primera temporada como serie de emisión continuada por no ser capaz de gestionar su éxito. La cancelación pilló a todos por sorpresa y dejó la trama inconclusa.

Lo cierto es que las desavenencias entre el creador y la cadena ya habían comenzado desde la gestación de la serie. Y aquí es donde descubrimos el dato más impactante. Originalmente, V no iba a ser una serie de ciencia ficción sobre una invasión extraterrestre, sino algo radicalmente distinto: un thriller político sobre el nazismo. Sí, yo también me he quedado con la boca abierta como Diana.

Fue el propio Johnson quien desveló esta información en el audiocomentario de la serie en DVD que salió al mercado en 2001. Inspirado por Eso no puede pasar aquí (It Can’t Happen Here), novela de 1935 escrita por Sinclair Lewis, de la que se dice que predijo el ascenso de Donald Trump, Johnson escribió un guion titulado Storm Warnings (Avisos de tormenta), una sátira política en la que un partido totalitario toma el poder y busca transformar la sociedad norteamericana a imagen de las europeas.

Johnson presentó el proyecto a NBC, pero los ejecutivos de la cadena lo rechazaron por considerarlo demasiado serio y sesudo para los espectadores estadounidenses. Fue entonces cuando el guionista decidió alterar la primera versión para acomodarla a los gustos de la cadena y así poder sacar su proyecto adelante. Para hacer la historia más comercial, los fascistas americanos se convirtieron en extraterrestres, aprovechando así la popularidad de la ciencia ficción entre el gran público gracias al fenómeno Star Wars, cuya primera trilogía se estrenó entre 1977 y 1983.

Johnson dio su brazo a torcer y abandonó sus planes de realizar una serie abiertamente política, pero aun así, V conservó muchos de los elementos del tratamiento original, lo que ha llevado a que la invasión extraterrestre se identifique como una alegoría del ascenso del nazismo. En la serie, los extraterrestres visten uniformes rojos que recuerdan a los de las SS (las escuadras militares al servicio de Hitler en la Alemania nazi) y utilizan un emblema muy parecido a la esvástica. Además, sus armas láser parecen inspiradas en las pistolas Luger (o Parabellum), que también se suelen asociar a las dos Guerras Mundiales y concretamente a la Alemania nazi. 

Pero eso no es todo, se han señalado otros detalles que conectan a los lagartos de V con los nazis. En la serie se desarrolla un movimiento de apoyo a los invasores llamado Amigos de los Visitantes, que estudiosos han conectado directamente con las Juventudes Hitlerianas. La historia también da importancia al intento de los Visitantes, sedientos de poder, de apropiarse de los medios, que puede ser una alusión al uso de la propaganda de Hitler a través del cine. Y finalmente, el movimiento de la Resistencia, liderado en la serie por la doctora Julie Parrish (Faye Grant) y Mike Donovan (Marc Singer), ilustra la división de la sociedad ante la invasión, con una parte colaborando con los Visitantes/nazis y otra organizándose clandestinamente para luchar contra ellos.

Aunque más de 30 años después, V es recordada sobre todo por sus llamativos efectos de maquillaje (nominados al Emmy en sus tres partes), sus platillos volantes y sus héroes y villanos, lo cierto es que bajo su superficie sci-fi late una inquietante parábola del resurgimiento del fascismo que ejerció una gran influencia en la televisión posterior. Después de la cancelación de la serie original, Johnson hizo muchos intentos de revivir la franquicia, llegando a escribir una novela, V: The Second Generation, ambientada 20 años después. Más adelante, Warner Bros. Television, la dueña de los derechos, decidió revivir V, pero en lugar de hacer la secuela que había propuesto Johnson, decidieron hacer un remake sin él.

La nueva V se estrenó en 2009 con Morena Baccarin (Firefly) y Elizabeth Mitchell (Perdidos) como protagonistas y Scott Peters (responsable de Los 4400, una serie que bebía mucho de V) como showrunner. Aunque contaba una nueva historia con nuevos personajes, el reboot hacía guiños a la original y en su segunda temporada llegó a contar con la participación de Marc Singer y Jane Badler retomando su icónico papel como Diana. Sin embargo, la serie fue cancelada tras esa segunda temporada debido a sus bajos índices de audiencia, con solo 21 episodios en total. Desde entonces, ha habido planes para realizar una nueva trilogía de películas con la que actualizar la franquicia, pero no han prosperado -debido a una disputa legal con CBS (Deadline).

Jane Badler en 'V' (Kenneth Johnson Productions / Warner Bros. Television)

Lo cierto es que una década después de aquel reboot fallido, un regreso de V tendría más sentido que entonces. Actualmente en televisión hemos asistido a varias alegorías del totalitarismo desde la ciencia ficción y la ucronía (reconstrucción histórica basada en hechos reales que no ha ocurrido realmente) como El hombre en el castillo, Hunters o La conjura contra América, series que probablemente se acerquen más a lo que Kenneth Johnson tenía en mente cuando presentó el borrador inicial de V a la NBC.

Aunque sus efectos visuales hayan quedado desfasados, la V original es más actual de lo que recordábamos. Saber que su creador la concibió como una serie política sobre el ascenso del fascismo en Estados Unidos nos obliga a echar la vista atrás y mirarla de otra manera para descubrir que sigue siendo pertinente en el siglo XXI como historia sobre el poder, la tiranía y la resistencia.

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