¡El show de Cuphead!: gran serie animada, con una sensibilidad que combina a Bob Esponja con los hermanos Marx

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Cuphead y Mugman, enfrentarán todo tipo de peligros.
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¡El show de Cuphead! (The Cuphead Show!, Estados Unidos-Canadá/2022). Creada por: David Wasson (basada en el video juego de Chad Moldenhauer y Jared Moldenhauer). Dirección: Clay Morrow, Adam Paloian. Elenco: Tru Valentino, Frank Todaro. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: muy buena.

La catarata de nuevos títulos que mes a mes estrena Netflix dejó en un inmerecido limbo a ¡El show de Cuphead!, una original ficción que, de manera genuina, consigue el complejo equilibrio de entretener a chicos y grandes por igual. Y en su búsqueda por homenajear la estética de la animación de los años treinta y cuarenta, ¡El show de Cuphead! se confirma como una serie que no se debe dejar pasar.

La propuesta es muy sencilla. Cuphead y Mugman son dos hermanos que viven junto a su padre, en la maravillosa isla Tintero. Ambos de carácter despreocupado, los personajes terminan por desobedecer la orden paterna, y se escapan a un colorido carnaval, en el que las cosas no resultarán tan inocentes como parecían. Los protagonistas dedican su tiempo a jugar en todos los puestos de la kermesse, hasta que llegan a uno muy particular. El “Succiona almas” es un juego en el que deben embocar varias pelotitas dentro de distintos agujeros sin saber que, en caso de errar, eso les significará perder el alma. Por ese motivo, cuando Cuphead prueba suerte y falla en el último tiro, el mismísimo diablo se presenta a reclamar su premio. Pero Mugman salva a su hermano, ganándose así la enemistad del villano, que junto a varios aliados trazará todo tipo de planes para derrotar a los héroes improvisados.

Como salta a simple vista, el disparador de ¡El show de Cuphead! es extremadamente sencillo, y obedece al planteo básico de cualquier dibujado animado infantil, con dos torpes héroes que se enfrentan a unos rivales que los superan en fuerza pero que, sin embargo, no pueden evitar perder ante las improvisadas (y azarosas) ideas de los protagonistas, quienes triunfan una y otra vez. Pero detrás de esa mirada tan sencilla, la serie esconde un mundo de enorme atractivo.

¡El show de Cuphead!
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¡El show de Cuphead! (Captura/)

Al igual que sucede con el video juego en el que se basa, la estética de ¡El show de Cuphead! se alimenta de la animación clásica de los años treinta y cuarenta, una época marcada por los cortos de Superman y Betty Boop de los estudios Fleischer, o de esos primeros trabajos de Disney que tanto entusiasmaban a los más pequeños. La música jazz, los colores chillones, algo de espíritu bluegrass e incluso la duración de cada episodio (que ronda los doce minutos), son algunas de las pautas propias de la animación de ese período, que esta ficción respeta a rajatabla. Y a esa fórmula, el showrunner Dave Wasson, le agrega aspectos mucho más actuales: una velocidad en la evolución de la historia que no da tregua, y dos personajes que hacen gala de un humor físico y anarquista, que parece una combinación entre Harpo Marx y Bob Esponja. Y sin lugar a dudas, ese maridaje es el que hace de este título una verdadera gema.

¡El show de Cuphead! combina dos sensibilidades muy distintas, pero que se unen de forma equilibrada. A los más pequeños, la seguidilla de gags visuales, el humor a base de golpes y los personajes chillones, les resultarán fascinantes; mientras que los guiños a la animación clásica, una conciencia sobre revertir los lugares comunes de las fábulas tradicionales, y un desenfrenado sentido de la comedia, serán condimentos de mayor atractivo para el público adulto. De esa manera, y con una premisa engañosamente sencilla, ¡El show de Cuphead! se revela como una de las series originales de Netflix, con mayor personalidad.

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