Spider-Man deja en evidencia la cruda realidad del cine

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Por Alberto Cano.- El fenómeno de Spider-Man: No Way Home sigue imparable. La tercera entrega del personaje dentro del Universo Cinematográfico Marvel se posiciona ya como la sexta película más taquillera de la historia (sin ajustar por inflación), habiendo superado a títulos como Jurassic World, El rey leon, Los Vengadores o Fast & Furious 7 y teniendo solo por delante a grandes titanes como Avatar, Titanic, Vengadores: Endgame o Star Wars: El despertar de la fuerza.

El hecho sorprende valorando que seguimos inmersos en la pandemia del COVID-19, situación que ha propiciado que la vida en cines de la gran mayoría de películas se quede lejos de alcanzar resultados idóneos. Y no hace falta irse muy lejos para poner un ejemplo.

Póster de Spider-Man: No Way Home (Sony Pictures)
Póster de Spider-Man: No Way Home (Sony Pictures)

Tras estrenarse la pasada semana con un buen dato de 33,3 millones de dólares, estos últimos días hemos visto como la quinta entrega de Scream sufría una caída acusada del 57,8%. Su recaudación en su segundo fin de semana pasaba a ser de unos ya bajos $12,4 millones, anticipando que su carrera comercial irá poco más allá del total $51,3 millones que lleva en Estados Unidos y los $84,9 millones que lleva en todo el mundo. En cambio, mientras estrenos como Scream caen en picado fenómenos como el de Spider-Man se mantienen intocables y continúan atrayendo al público en masa a las salas, como bien demuestra su regreso al Nº1 de la taquilla de Estados Unidos una semana después de ser desbancado por la cinta protagonizada por Neve Campbell.

Los datos auguran que la realidad del cine en salas parece haber cambiado radicalmente. Solo títulos capaces de crear un fenómeno a su alrededor son los únicos que consiguen despegar a los espectadores de la comodidad del streaming, donde no necesariamente entran grandes sagas o directores de renombre. No hay más que remitirnos a fracasos recientes como Matrix Resurrections, que tras su estreno en diciembre tan solo ha recaudado 148,3 millones de dólares en todo el mundo ante un presupuesto que se estima en casi 200. Y hablamos de una saga muy presente en la cultura popular cuyas tres primeras entregas fueron auténticos taquillazos entre finales de los 90 y principios de los 2000.

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Si revisamos todas las taquillas de 2021 es fácil encontrar datos similares, como puede ser el caso de El escuadrón suicida. Mientras que la película dirigida por David Ayer en 2016 recaudó 746,8 millones de dólares a nivel global, esta secuela dirigida por James Gunn solamente recaudó 167,4 millones, que se quedó lejos de cubrir su presupuesto de también 200 millones. Ni siquiera estrenos de Marvel han conseguido despuntar. Aunque películas como Eternals (401,9 millones), Shang-Chi (432,2 millones), Venom (501,8 millones) o Viuda Negra (379,6) obtuvieran resultados óptimos en taquilla, se quedaron muy lejos de lo que este tipo de producciones solía recaudar antes de la pandemia superando los mil millones por película.

Y ya no es óptimo pensar que el miedo al COVID-19 aleja a los espectadores de las salas, porque el caso de Spider-Man: No Way Home tira por la borda esta posibilidad. Que este título protagonizado por Tom Holland lleve recaudados $1.691,1 millones tras estrenarse en medio del avance imparable de la variante Omicron, deja a entender que el coronavirus no es impedimento para que alguien se acerque al cine si tiene muchas ganas de ver una película, sino que la reducción de la exclusividad de un título en salas y los estrenos simultáneos en streaming llevan al espectador a no ver la visita a un local de exhibición necesaria.

No hay más que ver que la mayoría de títulos que han fracasado o se han quedado lejos de sus resultados idóneos se han estrenado a la vez en cine y plataformas, como es el caso de las películas de Warner, o han llegado a los servicios de streaming en plazos tan cortos de entre 30 o 45 días, como ocurre con los títulos de Disney desde el pasado mes de septiembre. Y la pandemia, ante el cierre de cines, restricciones y la explosión de los contenidos en plataformas, más que crear miedo al contagio en las salas lo que ha hecho es propiciar un nuevo modelo de exhibición donde el espectador no vería el disfrutar de una película en pantalla grande como algo primordial.

Ha habido excepciones, como fue el caso de Fast & Furious 9, que recaudó 726,2 millones de dólares el pasado verano, o Sin tiempo para morir, que volvió a llevar a James Bond a lo más alto en octubre con 774 millones. Pero en este caso hablamos de sagas muy asentadas, con un público fan acérrimo y que suponen un auténtico evento cinematográfico por el que el público sí llega a ver necesario salir de la comodidad de sus hogares. Se podría pensar que Marvel, cuyas películas también suponen un evento importante para sus numerosos seguidores, rompe esta norma ante los resultados tan irregulares que obtuvo en 2021 en taquilla. Pero no es el mismo caso. Con Marvel el año pasado tuvimos cuatro películas y otras cinco series de televisión, una saturación de contenido que hizo que el ansia por disfrutar de nuevas producciones no fuera muy grande. Solo Spider-Man -película fuera de las manos de Disney, con una ventana tradicional de exclusividad extensa en cines y vendida como un evento que uniría a las tres generaciones del personaje- consiguió ser la excepción.

Parece claro es que en los próximos años va a haber un cambio de paradigma importante respecto al cine que producirán los grandes estudios: Solo las producciones capaces de generar un fenómeno tras de sí podrían contar con altos presupuestos y serán estrenadas en cines, mientras que el resto sería condenado al mercado doméstico en las plataformas. Ni siquiera el cine de bajo presupuesto rentable en salas, como bien ocurrió el año pasado con cintas de terror como Un lugar tranquilo 2 o Expediente Warren: Obligado por el demonio, tiene su hueco asegurado en salas, puesto que ya vimos que en octubre Paramount llevó una saga tan potente en taquilla como Paranormal Activity a Paramount+ o cómo Universal se decantó por estrenar Halloween Kills también en Peacock.

Aunque al final, quienes salimos perdiendo somos los espectadores. Por muchas opciones de accesibilidad que otorgue el streaming, nunca va a ser comparable a la experiencia de ver una película en una gran sala de exhibición con pantalla de gran tamaño, alta tecnología de imagen y grandes equipos de sonido. Y me remito a mi experiencia personal: volver a ver El señor de los anillos: El retorno del rey el año pasado en una sala enorme, con más de 800 butacas, pantalla gigante y con proyección láser, fue un millón de veces mejor que las infinitas veces que la habré visto en mi casa. E igual cuando vi el reestreno de Apocalypse Now en 2020 con sonido Dolby Atmos y la saga Harry Potter en formato 4DX. O cada vez que me acerco a ver un estreno en IMAX o simplemente en cualquier sala con grandes equipos de proyección, que poco o nada tiene que ver con hacerlo en la televisión de 50 pulgadas del salón de mi casa. Y con este cambio de paradigma, estas opciones se nos podrían estar cerrando.

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